Holy Grail
15 de junio de 2011
Warner Music Japan
Cuando el power metal de la escuela Stratovarius llegó a Japón, el visual kei ya estaba allí. Y al conocerse, se desearon con lujuria.
El visual kei (literalmente: «estilo visual») no es un género musical en sentido estricto, aunque la paternidad del movimiento se atribuya a bandas de rock. La clave está en la estética. ¿Teatralidad, maquillaje excesivo, músicos de aspecto andrógino y peinados salidos de un anime? Si todo eso concurre, entonces estamos ante una banda «de visual kei», siendo irrelevante que toque metal extremo o pop electrónico.
Estaba claro que algo bizarro iba a surgir de esa amalgama entre power metal europeo y visual kei japonés, y lo mejor que sucedió fue Versailles. Su nombre proviene del manga «La Rosa de Versailles» (1972), de Riyoko Ikeda, una reinterpretación de la Revolución Francesa a la japonesa. En su estética hay más rosas y máscaras que en una pesadilla de Crimson Glory. En cuanto a su música, le brindaré el mayor cumplido que puede recibir un buen grupo: Versailles suena a Versailles. Para centrar algo más el tiro, podría decirse que estamos ante un peculiar power metal sinfónico que se asienta en dos pilares.
El primero es el virtuosismo de sus músicos. Sin desmerecer a sus sucesivos bajistas, a su batería Yuki o a su guitarrista Teru, destaca entre ellos esa bestia del shredding neoclásico que es Hizaki. A diferencia de otras bandas de metal sinfónico, jamás ha olvidado Versailles que el protagonismo en el metal siempre debe pertenecer a la guitarra eléctrica.
El segundo elemento clave de su sonido es su cantante, quien ya había alcanzado notoriedad al frente del grupo de J-rock (y visual kei) Lareine cuando decidió fundar Versailles. No encontraremos en esta banda de power metal ni uno solo de los agudos tan propios del género. Kamijo tiene una voz seductora propia de los galanes de la balada romántica sesentera. Más Raphael que Michael Kiske, para entendernos. Sorprendentemente, funciona. Aunque puede ser necesario darle tiempo, porque es un gusto adquirido.
En el año 2009, la situación de Versailles parecía envidiable. El éxito de Noble (2008) le había abierto las puertas del mundo. Consecuencia de lo anterior, la potente discográfica Warner Music fichó a la banda, que se encontraba en pleno proceso de grabación del que sería el álbum Jubilee (2010). Fue entonces cuando, por causas nunca confirmadas, falleció con apenas treinta años su bajista Jasmine You. Se hicieron múltiples homenajes, incluyendo vigilias de los seguidores del grupo en lugares como Nueva York, California, Washington o Texas.
La banda se recompuso tras la tragedia con la entrada de Masashi a las cuatro cuerdas y publicó el disco que nos ocupa hoy. Fue el álbum de Versailles que alcanzó un puesto más alto en el ranking Oricon (el equivalente japonés del Billboard) y se embarcaron en una nueva gira mundial, con parada en Madrid el 4 de octubre de 2011. Existe cierto consenso al considerar Holy Grail su opera magna.
Luego vinieron otro disco, el homónimo Versailles (2012), y un anuncio de disolución. Kamijo se centró en su carrera en solitario y los restantes miembros fundaron la banda de power metal Jupiter, además de dedicarse Teru hasta el día de hoy a apoyar a Impelliteri en directo. La separación duró poco, porque se reunieron tres años después. Así han seguido desde entonces, separándose y reuniéndose, llegando a publicar el EP Lineage (2017) o el single «Vogue» hace tres años. Y no han dejado de girar.
Coincidiendo con el 15 aniversario de Holy Grail, nos encontramos ante un nuevo tour mundial de Versailles. En Latinoamérica podrán celebrar la efeméride como se merece. Tocará Versailles en Santiago de Chile el 3 de diciembre (Teatro Coliseo) y en Ciudad de México el 5 de diciembre de 2026 (en el festival Knotfest, acompañando a Bad Omens y Lamb of God).
Aquí nos tendremos que conformar con un sucedáneo. Entre la parada europea de Versailles como cabeza de cartel de un festival en París (11 y 12 de julio de 2026, Arena Grand Paris) y el tour americano, su cantante girará con su banda (KAMIJO) por el resto de Europa. La de Madrid es una de las fechas anunciadas, el 26 de septiembre de 2026. Es de suponer que alguna canción de Holy Grail caerá.
El disco
La crítica más habitual que recibe Holy Grail tiene que ver con su excesiva duración: una hora y once minutos. Pudiera parecer que lo que le sobra es el mastodóntico tema de más de dieciséis minutos que contiene, pero a ese no le recortaría yo ni uno solo. No puedo decir lo mismo de otras canciones.
Para empezar, la outro «The Theme of Holy Grail» es absolutamente prescindible. Otro tanto de lo mismo puede aplicarse al interludio «Threshold». Viene este tema a ser un pariente de «Techno Syndrome» (The Immortals, 1994; «la canción de Mortal Kombat»), pasado por un filtro de metal sinfónico.
Y luego está el superávit de baladas. Una de ellas debe estar: «Destiny -The Lovers-», primer single de Holy Grail. Transita entre bellas partes en piano y furibundos guitarreos revienta-metrónomos, en la línea de Galneryus (los reyes del power metal japonés) o de los mejores Sonata Arctica. No había ninguna necesidad de empeorar el ritmo de Holy Grail, que cuenta además con algún que otro mid-tempo, con dos baladas adicionales. Unas baladas claramente inferiores a ese single.
La existencia de «Remember Forever» tiene como excusa que es un homenaje a Jasmine You. La de «Love will be born again», de tener alguna, sería demostrar que el nivel de inglés de Kamijo es superior al de la media japonesa. Desde los tiempos de Anthem, es habitual que las bandas japonesas de heavy metal se expresen en japonés intercalando alguna frase en inglés, siendo esa también la costumbre de Versailles. Pero aquí, tenemos una balada pop íntegramente en la lengua de Shakespeare. Poco más puedo decir de estas dos canciones.
Ahora bien, tras pasar la podadora, lo que nos queda es uno de los mejores álbumes de power metal del siglo XXI.
Arranca Holy Grail con uno de los grandes hits de Versailles. «Masquerade» da muestra de la teatralidad y virtuosismo habituales del grupo. La canción comienza en modo épico y sinfónico, dando paso a una melodía muy similar a la de «Crimson Bow and Arrow», opening de Attack on Titan (2013), que versionarían los neerlandeses Epica (2018) en su álbum dedicado a esa conocida serie de anime. A continuación, Masashi, quien tenía que demostrar estar a la altura de su difunto predecesor, desata una auténtica tormenta. Espectacular el bajo en esta canción, como en el resto del álbum.
El galardón de canción más exitosa de Holy Grail se lo disputa a la anterior «Vampire». Hubo un tiempo en el que el power metal no hablaba mucho de vampiros porque ya tenía sus dragones. Vino entonces Kamelot, con sus tres «Elizabeth» (Karma, 2001), y contribuyó decididamente a crear una corriente de power metal sinfónico-vampírico, a la que «Vampire» se adscribe. Sus acordes iniciales me recuerdan, no obstante, a los de la también vampírica pero nada sinfónica «Stranger», de Easy Rider (Perfecta creación, 1997). El grito desgarrado («Jesus Christ!») durante el estribillo siempre me ha resultado muy perturbador.
Comprendo que «Masquerade» y «Vampire» sean las canciones favoritas de quienes prefieren la vertiente más goth de Versailles, pero no me parecen lo mejor que ofrece este álbum. Lo bueno de Holy Grail es que en su variedad encontrará acomodo el gusto de cada oyente. Hay europower prototípico (el single «Philia» o «Judicial Noir»), un mid-tempo power/prog («Thanatos»), happy metal («Flowery») o una interesante experimentación con trazas de metalcore («Dry Ice Scream!! [Remove Silence]»). Siempre con ese toque marca Versailles que hace de esos temas algo muy original.
Mi gran debilidad es el behemot con el que finaliza el álbum (excluida la outro), donde confluyen las esencias de las que bebe Versailles. «Faith & Decision» es un híbrido entre «Art of Life» de X Japan y esas épicas y largas canciones de cierre que componía Rhapsody desde antes de ser of Fire. Cuando, tras los siete primeros minutos de escucha, uno piensa que va a finalizar un sublime tema instrumental, entra la voz. De ahí al final (que todavía queda lejos), Versailles nos arrastra a un viaje lleno de matices. Preciosa. Para escuchar con calma y un buen sake.
Veredicto
Versailles es una horterada. No es una crítica: es una constatación. Pero su pomposidad forma parte de una propuesta inmersiva que sus músicos se toman muy en serio. Y así debe ser el elemento fantasioso del power metal: escapismo, sí; autoparodia, no. He ahí la grandeza de Versailles, que distingue a estos japoneses de tantos grupos de power metal burlesco (o dumb power metal, como directamente se los llama en foros anglófonos) que han proliferado desde que se publicó Holy Grail.
Abrazando lo kitsch, Versailles creó una obra que sigue vigente quince años después, abriendo camino para que el power metal, siempre aquejado de estancamiento, pueda seguir avanzando. Celebremos pues, sin complejos, este 15 aniversario bebiendo de su Santo Grial.

Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
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