Roots
20 de febrero de 1996
Roadrunner Records
Hay discos que no solo pertenecen a una banda, sino a una época. Álbumes que funcionan como bisagra: antes y después de ellos, nada vuelve a ser exactamente igual. En la historia del metal, pocos trabajos encarnan esa condición con tanta intensidad como el Roots de Sepultura, ya que éste no es un álbum cómodo. No lo fue en su momento y no lo es hoy. Su grandeza está precisamente en esa incomodidad: en su voluntad de romper fronteras, de ensuciar el metal con tierra, con percusión tribal, con identidad cultural brasileña. Es un disco que suena como una revolución, pero también como un final.
Para entender Roots hay que situarse en el contexto de mediados de los noventa. Y, lo siento, parece que me repita como un disco rayado. Pero la década de los noventa fue crucial para nuestro género, por la transformación que representó el grunge y el cambio de mentalidad que nos llevó al nuevo milenio. Así pues, el thrash metal clásico ya no ocupaba el centro del mapa como en los ochenta. Bandas como Metallica, Megadeth, Anthrax, si se me permite, se habían descafeinado y habían tomado otros caminos en el mercado que gracias al grunge se habían abierto.
Por otro lado, el death metal se había extremado, el black noruego ardía en controversias, y el groove metal estadounidense dominaba con Pantera como estandarte. En este contexto, Sepultura venían de una evolución meteórica, de unos orígenes salvajes con Morbid Visions (1986) al refinamiento brutal de Beneath the Remains (1989), a la expansión técnica de Arise (1991) y el salto experimental de Chaos A.D. (1993). Cada disco había sido un paso adelante. Pero con Roots, el salto no fue un paso, fue un abismo. Publicado en Europa el 20 de febrero de 1996, fue el sexto trabajo de estudio de la banda y el último con Cavalera como vocalista y guitarrista principal.
El disco
La recepción contemporánea captó inmediatamente la violencia sensorial del disco. En marzo de 1996, Jon Wiederhorn escribió en Rolling Stone una de las descripciones más contundentes del álbum:
“Sepultura play a violent game of sonic overload… the band uses its catharsis as a creative force, funneling torrents of noise into a tunnel of hate.” [“Sepultura juega un violento juego de sobrecarga sónica… la banda usa su catarsis como fuerza creativa, canalizando torrentes de ruido en un túnel de odio.”] (Rolling Stone, 21 de marzo de 1996).
Esto no es solo una frase llamativa que incluimos para darnos el pego, pienso, realmente, que resume el carácter físico de Roots. Es un disco que no se limita a sonar: golpea, arrastra, aplasta. La producción de Ross Robinson —figura clave en el nacimiento del nü metal— aporta una densidad opresiva, casi industrial, que alejaba a Sepultura del thrash técnico para acercarlos a un sonido más primario y tribal.
Del mismo modo, y es algo súper importante en este disco, Roots no fue revolucionario únicamente por su contundencia sonora, sino por la carga cultural. Sepultura decidieron mirar hacia dentro, hacia su propia tierra, incorporando ritmos e instrumentos tradicionales brasileños y colaborando con la tribu indígena Xavante. Ese gesto transformó el álbum en algo más que metal, fue un manifiesto de identidad. La música extrema, tradicionalmente asociada a Europa o Estados Unidos, se impregnaba aquí de raíces sudamericanas. La percusión, los cantos, la sensación ritual, todo contribuye a un clima casi chamánico. El Los Angeles Times destacó precisamente ese efecto hipnótico de la mezcla:
“The mixture of the dense metal of Sepultura and the Brazilian music has an intoxicating effect.” [“La mezcla del denso metal de Sepultura y la música brasileña tiene un efecto embriagador.”] (Los Angeles Times, 1996).
A mi modo de ver las cosas, por lo que recuerdo del momento en que salió este disco (me pilló en plena adolescencia) y comparándolo con el presente (un momento más adulto), ese “efecto embriagador” es la clave. ¡Roots no es solo agresión, es trance! Entre tú y yo, es como estar en medio de la selva amazónica disfrutando de un concierto de Sepultura. En este sentido, los que más fliparon con el concepto, por cómo son y por cómo eran por aquel entonces, fue la prensa yankee. The Daily News subrayaba la dimensión innovadora del disco:
“Sepultura reinvented the wheel. By mixing metal with native instruments, the band resuscitates the tired genre…” [“Sepultura reinventó la rueda. Al mezclar metal con instrumentos nativos, la banda resucita un género cansado…”] (The Daily News, 1996).
La frase puede parecer hiperbólica, o una sobrada, si quieres; pero captura algo real: Roots abrió puertas a la idea de fusionar metal con elementos étnicos o tribales, cosa que dejó de ser una rareza. Fijémonos que hoy en día, si no fusionas, no estás en la onda… ¡Ni tanto, ni tan calvo!
Al hilo de este contexto, si hay una canción que se convirtió en emblema del álbum, esa es “Roots Bloody Roots”. Su riff principal es casi un mantra, su groove es un martillo, su coro es una declaración identitaria. La canción, que se lanzó como sencillo en febrero de 1996, resume el álbum entero: brutalidad moderna, percusión tribal, pero, sobre todo, orgullo de origen. Con y por ello, treinta años después, Roots es considerado un clásico, aunque no siempre fue aceptado de forma unánime. Para algunos fans del Sepultura más thrash, el álbum supuso una traición: demasiado groove, demasiado experimental, demasiado “nuevo”. Pero, como suele pasar, el tiempo pone las cosas en su sitio y en 2001, la revista británica Q lo incluyó entre los “50 Heaviest Albums Of All Time”.
Siguiendo esta línea, Kerrang! situó Roots en el segundo puesto de su lista de “100 discos que tienes que escuchar antes de morir”. Esto último no es solo un ranking, sino un símbolo de cómo el álbum trascendió su contexto para convertirse en referencia universal del metal pesado. Además, Decibel Magazine lo incluyó en su prestigioso Hall of Fame en abril de 2005. Estos reconocimientos confirman algo esencial: Roots no fue una moda, sino un punto de inflexión. ¡Y ahora viene la guinda del pastel! Martin Popoff fue aún más rotundo en su valoración retrospectiva:
“This is a spectacular metal and futurist hardcore LP… a masterpiece, accomplished by a band with an enormous heart and an even larger intellect.” [“Este es un espectacular LP de metal y hardcore futurista… una obra maestra, lograda por una banda con un enorme corazón y un intelecto aún mayor.”] (Martin Popoff, Collector’s Guide to Heavy Metal)
Popoff pone el acento en algo fundamental: Roots es visceral, sí, pero también inteligente. Hay ARTE detrás del CAOS.
Veredicto
Para finalizar, no podemos olvidar la dimensión trágica de este disco, puesto que es el último con Max Cavalera. Poco después de la gira, las tensiones internas estallarían y el vocalista abandonaría Sepultura, dando inicio a una separación que nunca se cerró del todo. De ahí que escuchar Roots hoy es escuchar también un final, el momento en donde la banda se partió en dos.
Hoy, en febrero de 2026, Roots sigue sonando brutal, moderno, primitivo. Sigue siendo un álbum que incomoda y fascina. Su mezcla de metal extremo y cultura brasileña no ha perdido fuerza, al contrario, se siente más relevante en un mundo donde la identidad y la fusión cultural son debates centrales, que, pese al multiculturalismo, siguen causando controversia.


Jordy Stanley. Profesor de Lengua y Literatura, historiador y freaky en general, posee diferentes obras de ámbito académico y divulgativo. Su último libro, Conan a lo largo de los filmes (PanoArtBooks, 2022) ha agotado sus dos ediciones. Entre lo destacado de su discografía, podemos hallar Henry Dark (2009), de su anterior banda, HENRY DARK y el flamante LP, KISS my Covers (2024), donde tributa a KISS, la banda de su vida, de una manera muy particular. Guitarrista y cantante, otra de sus múltiples facetas es la de youtuber y redactor musical.
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