Metallica convence en su primera noche en Frankfurt

Metallica

Sábado 22 de mayo de 2026

Deutsche Bank Stadium, Frankfurt

Texto: Álvaro Isava

Fotos: Guillermo Berincua

Ya desde hace unos cuantos años, Metallica ha adoptado la modalidad del “no repeat show”, con bastante éxito en los festivales norteamericanos, y su posterior traslado a tierras europeas. Para los fans más conocedores supone una idea bastante atractiva, sobre todo por la oportunidad de poder disfrutar en vivo de temas olvidados, “deep cuts” y rarezas que la banda aprovecha de desempolvar, aunque asumiendo el nada despreciable detrimento al bolsillo que implica desembolsar casi 300€ por asistir a los dos conciertos.

 

Nuestra cita esta vez nos traslada a Frankfurt para la primera de las dos noches en el Deutsche Bank Stadium, hogar del conocido club Eintracht de la Bundesliga; un moderno estadio con capacidad para casi 60.000 espectadores. Como es habitual en los espectáculos de la banda californiana, el cartel de “sold out” estaba colgado hacía varios meses, y aunque cabe destacar que los mejores años de Metallica ya pasaron, sus directos siguen manteniendo una energía sobresaliente.

 

Esta gira en representación de su álbum más reciente, 72 Seasons tiene la particularidad de un escenario central 360 en forma de donut bastante inusual, conformado por una pasarela circular, en cuyo centro se localiza el famoso “Snake Pit” (o zona VIP, vamos), que da la oportunidad de ver el show en el corazón del escenario. Enormes pantallas cilíndricas en las alturas encargadas del apoyo visual, completaban el atrezzo del recinto.

 

 

Tras la espera de siempre, sube el volumen de los altavoces y empiezan los compases de “It’s a long way to the top” de AC/DC, que junto con la habitual “The Ecstasy of gold” hacen ambas en tándem las veces de heraldo en los shows de Metallica; la adrenalina sube de inmediato. Tras breves segundos de silencio y la aparición de la banda al completo en el escenario, se abre formalmente el show con el primer gancho al hígado: “Creeping Death”. Como “opener” resulta especialmente efectiva, enchufando al público en cuestión de segundos. Su estribillo inconfundible, (y en especial su sección media que obliga a todos los presentes a forzar las cuerdas vocales al límite con el grito de “Die! Die! Die”), siguen siendo un momento que jamás me cansaré de vivir.

 

Tras el inicio aplastante, la banda continúa su ataque con una vieja conocida poco habitual en los últimos años, “Harvester of Sorrow”; con su medio tiempo machacón supuso una bajada en velocidad, la intensidad se mantuvo intacta, y el público reaccionaba en consonancia. Seguidamente, la banda siguió tirando de archivo, sorprendiéndonos con “Holier Than Thou”, sacada de su famoso Black Album. Y me detendré en este punto para resaltar un par de puntos negativos del show. En primer lugar, aunque el escenario circular es bastante atractivo visualmente, en la práctica es bastante incómodo para los fans, particularmente para los que presencian el concierto desde la pista. La banda debe distribuirse a lo largo de todo el pasillo circular que hace las veces de pasarela, y eso implica que en gran parte del concierto el espectador estará viendo un escenario vacío.

 

En segundo lugar, el sonido en este tipo de tarimas pierde calidad al tener que distribuirse en 360 grados, lo que hace que no sea tan uniforme. Desde el sitio donde este servidor se encontraba, la guitarra de Kirk Hammett estaba prácticamente ausente, y eso por supuesto, no supone un problema menor. Pero a pesar de estos aspectos nada despreciables, Metallica nivela la balanza con su dilatada habilidad sobre las tablas, y nos sigue brindando un show memorable.

 

 

El concierto continúa con “King Nothing”, una de las mejores piezas de su época más polémica de mediados de los 90; y a pesar de las opiniones divididas que esos discos generan, lo cierto es que sus temas son generalmente bien recibidos por el público. La base rítmica entre Lars Ulrich y Robert Trujillo sonó bastante sólida y el ambiente no decae. Seguidamente, tras un intro de pocos minutos en las pantallas, cae el primer y único guiño de la noche a su obra más reciente: 72 Seasons. Aunque no es una canción especialmente mala, lo cierto es que la intensidad bajó varios enteros, con un público mirando estático al escenario.

 

Posteriormente le llega el turno a “Ride The Lightning”, que para todos los presentes supuso un momento agridulce. Se trata por supuesto de un clásico indiscutible y especialmente querido por los fans en el amplio repertorio de Metallica; pero ésta sonó un poco descafeinada, afectada especialmente por la bajada en velocidad en comparación con su contraparte en estudio y por las fallas en el sonido que impedía apreciar el solo de Kirk en su medio tiempo. A pesar de esto, el pedigrí del tema tiene un peso específico altísimo, y por sí solo nos hizo disfrutar el momento.

 

Inmediatamente después, James Hetfield y Lars Ulrich se retiran del escenario y la escena queda servida para el ya habitual jam entre Kirk Hammet y Robert Trujillo, que cada noche rinden tributo a temas autóctonos de la localidad. Esta noche nos ofrecen “Schwarz-Weiß wie Schnee”, un tema de los veteranos Tankard, que según nos contaron nuestros amigos alemanes en la pista, es un clásico muy asociado al equipo de futbol local (Eintracht de Frankfurt), que fue coreado a todo pulmón por el público germano.

 

 

Tras la reincorporación a la tarima de James y Lars, el show concluye su primera mitad con otro corte de gran calibre: “The Day That Never Comes”. Su similitud con “One” es innegable; sin embargo, se trata de un tema con personalidad propia que funciona increíblemente bien en vivo. Su primera parte suena preciosa, con un James Hetfield especialmente inspirado, poniendo la carne de gallina a todos los presentes al desgarrar las letras de la canción, llenas de desesperanza; y no se quedó atrás su conclusión a toda velocidad, que nos lleva de la mano a una montaña rusa de emociones.

 

Le sigue otro tema exhumado de su álbum Death Magetic, “Cyanide”, que fue recibido con cierta indiferencia. He tenido la oportunidad de escucharla varias veces en directo, y aunque hoy en día no es muy frecuente su inclusión en el set-list, considero que no es una canción efectiva para animar al público, a pesar de que los visuales en las pantallas intentan maquillar el resultado, sin demasiado éxito.

 

Pero las cosas mejorarían inmediatamente con otra obra maestra: “Orion”, la legendaria canción instrumental en la que el tristemente extinto Cliff Burton nos regaló lo mejor de su singular talento. Robert Trujillo realizó una ejecución impecable que nos hizo alucinar a todos los presentes, sin necesidad de sustancias ilegales. Una verdadera lástima que los problemas de sonido que lastraron el concierto, nos hayan impedido disfrutar de los solos de Kirk y de las melodías dobladas que todos conocemos de memoria.

 

Tras una breve pausa, llega el turno de la archiconocida “Nothing Else Matters”, un tema ya de dimensiones universales. La comunión entre el público y la banda fue total, coreando cada palabra de la letra, y con una grada totalmente iluminada por miles de luces de teléfonos móviles. Por fortuna, el sonido mejoró un poco a partir de este punto, con lo que nos fue posible apreciar toda la balada con un poco mas de nitidez. Momentos después, cae otro clásico del Black Album, muy presente durante toda la noche; “Sad But True”, otra infaltable repetida hasta la saciedad en los bolos del cuarteto americano, pero no por eso menos querida por los fans.

 

 

Para el último tramo del show, Metallica se reservó su arsenal más incendiario; posterior a su preciosista intro acústico, “Battery” cae como una bomba sobre el Deutsche Bank Stadium y la pista se convirtió instantáneamente en un verdadero pandemonium. Se imponen nuevamente las increíbles dotes de guitarra rítmico del bueno de James, que ejecuta el riff rasgado y violento de la canción con su maestría de siempre. El asedio continúa con “Fuel” aderezada con la pirotecnia habitual, y que nos llevó del frenesí irrefrenable de “Battery” a su toque más festivo y “buenrollero”.  Previo al final, Metallica puso nuevamente a prueba nuestras gargantas con otro tema inmenso de su época más thrash. “Seek & Destroy” es otra de esas apuestas seguras que garantizan momentos memorables. Tras mas de 40 años, sigue sonando fresca y feroz, y la banda la sigue interpretando francamente bien.

 

Y finalmente nos llega el colofón del concierto con el que es probablemente su Magnus Opus: “Master Of Puppets”. Hablar de ella, es ya innecesario; su trascendencia en el metal es innegable, y por más que pasen los lustros, sigue siendo el verdadero pináculo de cualquier show de Metallica. Esta ocasión no es la excepción y cada alma presente en el estadio regala con gusto las últimas onzas energías que les quedan, terminando la presentación de forma superlativa.

 

En resumen, a pesar de los problemas expuestos, Metallica nos brindó otra actuación que, si bien contó con varios altibajos, quedó indudablemente para el recuerdo del respetable, dejándonos con ganas de más para la siguiente noche.

 


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