Título: Como Bestias
Autor: Violaine Bérot
Editorial: Las Afueras
Año de publicación: 2023
Como bestias es una de esas novelas que te atrapan menos por lo que cuenta que por cómo decide contarlo, y ahí es donde reside buena parte de su fuerza. Violaine Bérot construye el relato a partir de una estructura poco convencional: una sucesión de declaraciones policiales en las que solo tenemos acceso a las voces de los testigos. El interrogador, figura clave en cualquier reconstrucción de los hechos, permanece siempre fuera de plano. No habla, no aparece, no guía explícitamente. Y sin embargo, está presente en cada silencio.
Este recurso convierte la lectura en una experiencia activa. El lector deja de ser un espectador pasivo para convertirse casi en investigador, obligado a reconstruir los huecos, interpretar contradicciones y detectar aquello que no se dice. Porque lo importante aquí no es solo lo que cada personaje cuenta, sino cómo lo cuenta, qué omite y desde qué prejuicios habla. La verdad no se presenta nunca de forma directa; se filtra, se deforma y se fragmenta en un mosaico de perspectivas incompletas.
A esta estructura se suma otro elemento que refuerza el carácter casi hipnótico del libro: la aparición de un coro que irrumpe como en una tragedia griega. Estas voces colectivas aportan una dimensión casi mítica al relato, conectando lo cotidiano con lo legendario, lo real con lo simbólico. El resultado es una narración polifónica donde cada pieza suma, pero ninguna posee la verdad absoluta.
El error de la diferencia
En el centro de esta red de testimonios está la figura del joven señalado como “la bestia”. Un personaje que, paradójicamente, apenas tiene voz propia en la novela. Lo conocemos a través de lo que otros dicen de él: un chico diferente, con una fuerza fuera de lo común y un don para sanar animales. Pero en un entorno aislado, marcado por la tradición, el miedo y las supersticiones, esa diferencia no se percibe como un milagro, sino como una amenaza.
Aquí es donde el formato vuelve a jugar un papel crucial. Al no tener acceso directo a los hechos, el lector experimenta en primera persona el proceso de construcción del prejuicio. Las versiones se contaminan entre sí, los rumores crecen, y lo que empieza como sospecha acaba convirtiéndose en certeza colectiva. No importa que no haya pruebas. No importa que no haya delito. Lo que pesa es la narrativa compartida, esa que se construye entre todos hasta volverse incuestionable.
La novela termina funcionando como un espejo incómodo. Porque, poco a poco, se hace evidente que la supuesta “bestia” no es quien parece. El joven no ha hecho daño a nadie; su único “error” ha sido ser distinto. En cambio, quienes lo juzgan, lo detienen y finalmente lo condenan son los que encarnan la verdadera violencia: la de una comunidad que impone su miedo como verdad y su ignorancia como justicia.
Así, Como bestias no solo es una historia sobre un crimen, sino sobre algo mucho más inquietante: la facilidad con la que una sociedad puede convertir la diferencia en culpabilidad. Y la conclusión es tan dura como necesaria: a veces, las verdaderas bestias no son aquellas a las que señalamos, sino quienes necesitan señalar para sentirse seguros.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
