La familia juglar de Saurom volvió a reunirse en Girona

Saurom

Sala La Mirona, Girona

5 de junio de 2026

 

Por Irene Kilmister.

 

Hay conciertos que se recuerdan por la cantidad de gente que congregan. Otros, por una producción descomunal o por una puesta en escena imposible de olvidar. Y luego están esas noches especiales en las que todo parece alinearse para recordarte por qué te enamoraste de una banda hace tantos años.

 

Lo vivido anoche con Saurom en la Sala La Mirona de Girona perteneció claramente a esta última categoría.

 

Es cierto que el aforo estuvo lejos de las grandes citas que la banda gaditana acostumbra a protagonizar. La sala presentaba una entrada modesta, pero lo que faltó en cantidad se multiplicó en cercanía, complicidad y entrega. Porque si algo ha caracterizado siempre a Saurom es su capacidad para convertir cualquier escenario, independientemente de su tamaño, en un lugar donde la realidad queda suspendida durante unas horas.

 

 

La velada comenzó con el prólogo de El Principito, una introducción perfecta para sumergirse en el universo de fantasía, literatura y emoción que define a la banda. Los primeros compases de «El Principito» y «Nostradamus» sirvieron para romper cualquier barrera entre escenario y público. Desde ese momento, la comunión fue absoluta.

 

Uno de los aspectos más destacados de la noche fue, sin duda, la situación de Narciso «Narci» Campos. El músico afronta actualmente la gira con un brazo roto, una circunstancia que obligó a realizar ajustes en la formación sobre las tablas. En su lugar, Juan, técnico de monitores habitual de la banda, asumió las labores de guitarra con una solvencia admirable.

 

Sin embargo, lejos de convertirse en una limitación, la situación terminó reforzando algo que muchos seguidores llevan años observando. Narci continuó alternando violín, gaita, flautas y buena parte del arsenal instrumental habitual de Saurom, además de encargarse de las voces graves y ejercer como uno de los grandes motores de animación de la noche.

 

 

Y es imposible no detenerse un momento en ello.

 

Quienes llevamos siguiendo a Saurom desde hace años hemos sido testigos de una evolución extraordinaria por su parte. Recuerdo a aquel Narci más reservado, casi tímido en algunos momentos sobre el escenario, centrado principalmente en su papel musical. Hoy vemos a un artista que disfruta cada segundo, que conecta con el público de manera natural y que se ha convertido en una figura imprescindible dentro del espectáculo que ofrece la banda.

 

Canciones como «La Hija de las Estrellas», «Músico de Calle», «La Batalla con los Cueros de Vino» o «La Leyenda de Gambrinus» fueron cayendo una tras otra mientras la banda demostraba una vez más la enorme riqueza de su repertorio. No importa cuántas veces hayas escuchado estos temas; siguen conservando esa capacidad de transportarte a otros lugares.

 

La sección central del concierto permitió alternar momentos más emotivos con otros de celebración colectiva. «No Seré Yo», «Baobabs», «El Farolero», «Reina de Mis Sueños» o «Soñando Contigo» fueron recibidas con entusiasmo por una audiencia que no dejó de cantar prácticamente en ningún momento. Pudimos disfrutar también de su particular versión de «La Llorona», con miles de matices y cambios de ritmo.

 

 

Pero si hubo un instante especialmente conmovedor, fue el protagonizado por los más pequeños.

 

Y es que los protagonistas de la noche fueron ellos, subiendo al escenario a compartir con la banda un momento tan único y especial, tras el que Narci quiso dedicar unas palabras de agradecimiento a los padres presentes por seguir llevando a sus hijos a los conciertos y transmitiendo la pasión por la música en directo a nuevas generaciones. Fue imposible no sonreír.

 

Mientras sonaban los acordes de la canción, la imagen de aquellos pequeños compartiendo escenario con sus ídolos resumía perfectamente lo que Saurom representa desde hace años: una comunidad, una familia y una forma de entender la música donde la fantasía y la emoción siguen teniendo espacio.

 

 

La recta final del concierto fue una auténtica celebración. «El Lazarillo de Tormes», «Todo en Mi Vida», «El Mordisco de la Serpiente», «El Rey que No Sabía Mandar» y «El Carnaval del Diablo» elevaron la intensidad antes de uno de los momentos más divertidos de toda la noche.

 

Porque cuando llegan los primeros compases de «El Círculo Juglar», ocurre algo especial. Da igual el tamaño de la sala o el número de asistentes. La magia aparece. Lo que anoche se formó en La Mirona fue exactamente eso: un círculo juglar convertido en celebración colectiva, sonrisas, abrazos y pura felicidad compartida.

 

A partir de ahí, «Fuego», «Noche de Halloween» y una siempre imprescindible «La Taberna» terminaron de poner patas arriba la sala antes del epílogo que cerró una noche cargada de emoción.

 

Quizá no fue el concierto más multitudinario de Saurom. Quizá tampoco el más espectacular visualmente. Pero sí fue uno de esos conciertos que recuerdan por qué esta banda ocupa un lugar tan especial en la vida de miles de personas.

 

Porque Saurom nunca ha sido solamente música.

 

Saurom es memoria, imaginación, amistad y refugio.

 

Y anoche, en Girona, volvió a demostrarlo.

 

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