Europe – The Final Countdown: 40 años del himno que conquistó el planeta

The Final Countdown

26 de mayo de 1986

Epic Records

En la primavera de 1986, cinco músicos suecos pasaron de ser una prometedora banda europea de hard rock a convertirse en un fenómeno global prácticamente de la noche a la mañana. El vehículo de aquella explosión fue The Final Countdown, un disco que transformó para siempre la carrera de Europe y que todavía hoy permanece como uno de los álbumes más reconocibles de toda la historia del hard rock melódico. Cuarenta años después de su publicación, podríamos olvidar el impacto gigantesco que produjo aquel sintetizador inicial, pero en los ochenta bastaron unos pocos segundos para convertir la canción que daba título al álbum en un fenómeno planetario.

 

Sonó (y sigue sonando) en radios, estadios, programas de televisión, eventos deportivos y discotecas de medio mundo. Pero no nos engañemos. Detrás de aquel éxito descomunal existía también una banda que llevaba años intentando abrirse camino fuera de Suecia y que estaba a punto de descubrir tanto las ventajas como el peso de tener un himno del que les ha resultado imposible escapar.

 

Si hacemos un poco de historia, la aventura de Europe comenzó a finales de los setenta en Estocolmo bajo el nombre de Force, cuando Joey Tempest y John Norum todavía eran unos adolescentes obsesionados con Thin Lizzy, UFO, Deep Purple y Rainbow y empezaron a construir el sonido del grupo. Con todo, el gran punto de inflexión llegó en 1982, cuando ganaron el concurso televisivo sueco Rock-SM. Aquella victoria permitió a la banda conseguir contrato discográfico y cambiar definitivamente su nombre a Europe.

 

Durante sus primeros años, la formación desarrolló un hard rock claramente influenciado por la NWOBHM y por el heavy metal melódico británico. Discos como Wings of Tomorrow ya mostraban una enorme capacidad para construir melodías pegadizas y estribillos masivos, pero todavía estaban lejos de imaginar el terremoto comercial que estaba a punto de llegar.

 

Sin embargo, la génesis de The Final Countdown tiene algo casi irónico. Joey Tempest jamás imaginó que aquella composición terminaría convirtiéndose en una de las canciones más famosas de los años ochenta. En una entrevista concedida a NPR el 12 de septiembre de 2016, Joey Tempest explicó el origen del famoso teclado principal, que nació originalmente como una simple introducción para conciertos:

 

“I wrote that keyboard riff in college on a Korg Polysix keyboard.”
(“Escribí ese riff de teclado en la universidad con un teclado Korg Polysix”) [Joey Tempest, NPR, 12 septiembre 2016].

 

En la misma entrevista, Tempest reconocería de forma más profunda que tanto la canción como la letra estaba parcialmente inspirada por “Space Oddity” de David Bowie y por la idea de abandonar la Tierra y viajar al espacio:

 

“It was inspired by David Bowie’s ‘Space Oddity’.” (“Estaba inspirada por ‘Space Oddity’ de David Bowie”) [Joey Tempest, NPR, 12 septiembre 2016].

 

Lo fascinante es que Europe ni siquiera quería lanzar inicialmente la canción como single principal y fue la discográfica quien tuvo que insistir para convertirla en la gran apuesta del álbum. ¡Y terminó teniendo razón!

 

Aunque Europe nunca participó oficialmente en Eurovision Song Contest, buena parte del impacto visual y melódico de The Final Countdown conectaba claramente con la tradición escandinava de espectáculo televisivo, grandes melodías y sentido épico de la puesta en escena. En muchos países europeos, especialmente fuera del circuito más duro del heavy metal, la banda empezó a percibirse casi como una versión hard rock de aquella sensibilidad pop continental que históricamente había triunfado en Eurovisión: canciones inmediatas, estribillos gigantescos, imagen muy trabajada y un enfoque completamente orientado al impacto masivo.

 

El propio Joey Tempest reconocería años después que el grupo siempre prestó muchísima atención al componente melódico de sus canciones. En declaraciones para Classic Rock publicadas el 29 de mayo de 2020, explicaba:

 

“We were always about strong melodies.” (“Siempre nos centramos en las grandes melodías”) [Joey Tempest, Classic Rock / Louder Sound, 29 mayo 2020].

 

Y probablemente ahí residía una de las grandes diferencias entre Europe y muchas bandas estadounidenses de glam metal de la época. Mientras grupos como Mötley Crüe o Ratt apostaban por una imagen más callejera y decadente, Europe proyectaba un sonido mucho más europeo, teatral y grandilocuente. Aquello facilitó enormemente su entrada en mercados televisivos y generalistas.

 

El disco

Si nos centramos ya en el álbum que nos ocupa, The Final Countdown, publicado el 26 de mayo de 1986, representó un salto gigantesco en todos los sentidos respecto a los discos anteriores del grupo. La producción era mucho más grande, los teclados adquirían un protagonismo enorme, las melodías resultaban todavía más inmediatas y, en este sentido, la banda parecía decidida a competir directamente con el hard rock de arenas que dominaba Estados Unidos durante aquellos años.

 

Pero lo interesante es que el álbum conservaba bastante peso metálico en muchas canciones. “Rock the Night”, “Danger on the Track”, “Ninja” o “Love Chaser” seguían conectando claramente con el hard rock europeo y la influencia de Thin Lizzy o Rainbow. No obstante, John Norum nunca terminó de sentirse cómodo con la creciente orientación comercial del grupo. En entrevistas posteriores reconocería sus dudas respecto al protagonismo excesivo de los teclados y la dirección más pop del disco. Aquellas tensiones terminarían desembocando en su salida poco después del lanzamiento.

 

Dicho lo dicho, solo hace falta echar la vista atrás para recordar que el éxito de The Final Countdown fue simplemente monstruoso. La canción alcanzó el número uno en decenas de países y convirtió a Europe en una de las bandas más visibles del planeta durante 1986 y 1987. ¿Recordáis los pósters de Teleindiscreta? Pero aquel triunfo también tuvo un efecto secundario complicado: el grupo quedó inevitablemente atrapado bajo la sombra gigantesca de su propio himno. Joey Tempest reconocería años más tarde que durante un tiempo llegaron incluso a cansarse de tocar la canción:

 

“There was a period where we were tired of it.” (“Hubo una época en la que estábamos cansados de ella”) [Joey Tempest, NPR, 12 septiembre 2016].

 

La verdad es que no es de extrañar. Pocas canciones terminan adquiriendo una vida tan gigantesca y autónoma como “The Final Countdown”, trascendiendo completamente a la propia banda hasta convertirse en parte de la cultura popular global. Aunque uno de los aspectos más injustos de la historia de Europe es que mucha gente ha terminado  reduciendo, incluso hoy en día, al grupo únicamente a aquella introducción de teclado, dejando de lado la enorme calidad musical de la banda.

 

Porque, no nos equivoquemos, detrás del fenómeno comercial existía un grupo muy sólido, especialmente a nivel melódico y guitarrístico. Joey Tempest posee una capacidad extraordinaria para construir himnos accesibles sin perder conexión con el hard rock clásico, mientras que John Norum aportó un enfoque guitarrero mucho más cercano a Michael Schenker o Gary Moore que al shred americano más artificial.

 

Veredicto

Escuchado hoy, The Final Countdown funciona como una cápsula temporal perfecta de mediados de los ochenta: sintetizadores gigantescos, producción expansiva, estética desmesurada y canciones diseñadas para sonar enormes en estadios y televisión. A mí, personalmente, me traslada a mi tierna infancia, a las galas de TVE1 y a las revistas que compraba mi madre en casa. Pero, dejando a un lado la nostalgia, The Final Countdown es, sin discusión alguna, uno de los discos europeos de hard rock más exitosos e influyentes de todos los tiempos.

 

Y aunque el himno principal continúe eclipsando parte del resto del repertorio, el álbum representa mucho más que una simple canción famosa. Captura el momento exacto en que una banda consiguió transformar melodía, épica y espectáculo en un fenómeno global. Puede que el tiempo haya convertido The Final Countdown en un meme cultural, un himno deportivo o una referencia pop inevitable. Pero debajo de toda esa sobreexposición sigue existiendo un gran disco de hard rock melódico, con una banda que entendió, antes que muchas otras, que el metal también podía conquistar al gran público sin perder su identidad.

 

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