Entrevista a Jero Ramiro (Parte 4): «Yo creo que sí estaremos en el Leyendas el año que viene, ojalá»

Vale, hablando de temas de futuro. Entiendo que la fecha de publicación del CD también se ha elegido un poco estratégicamente. Voy a sacar el tema de los festivales, por si ya habéis oído campanas, pero me arriesgo a decir que estaréis en el Leyendas.

Han sonado campanas, han sonado campanas. Bueno, estamos trabajando en ello. Yo creo que sí, que vamos a estar. Ojalá, ojalá. Pero bueno, estas cosas se cierran con tanta antelación y lo de los grandes festivales es una locura. Arrasan con todo, así que vamos a ver si tenemos un sitio allí. Estaría genial. Sí, hay otros festivales que ya están cerrados, en Murcia, Castellón y tal, y lo vamos a ir cerrando. En Barcelona estaremos el 22 de mayo, también en Bóveda, con Guadaña y tal. Y bueno, estamos ahí. Vamos a ver, se están cerrando cosas. Lo que pasa es que todavía no se pueden confirmar porque quedan algunos detalles por cerrar. Pero ya hemos anunciado doce fechas y creo que dentro de poco caerán otras doce, más o menos.

 

Bueno, el disco está teniendo muy buena acogida y a la gente le apetece ver algo nuevo. Aunque yo no soy tan nuevo, pero el proyecto sí.

Eres profesor de guitarra, tienes alumnos y enseñas a los… Yo también soy profesor, pero aprendo mucho de los alumnos. ¿Qué aprendes tú de tus alumnos cuando tocan la guitarra?

Yo te puedo decir que he estudiado muchos años: en el conservatorio, con profesores particulares, en escuelas de jazz y todo eso, porque te abre mucho el cerebro. La armonía y todo eso está en el jazz y en la música más contemporánea. Pero cuando he aprendido de verdad ha sido al explicar cosas y sacar conclusiones a partir de explicarlas, ¿sabes? Tenía muchas dudas y, de repente, al tocar, explicarlas y tal, he ido sacando conclusiones. Al final, el programa que utilizo es el que yo mismo he ido trabajando a lo largo de cuarenta años dando clases, ¿sabes?

 

Muchas veces explico cosas a gente que ya ha estudiado en otros sitios, en otras escuelas, y me dicen: «Joder, pues esto de esta manera no me lo había imaginado». Pues sí, es verdad, es total. Es algo que funciona mucho a base de investigar, de innovar y de ver, ¿sabes? Sobre todo en el arte. Pero la música es así, ¿no? Hay recovecos de los que uno no se ha dado cuenta y tú sí; se los comentas y tal, ¿no? Y procesos armónicos y cosas de esas, pero bueno.

 

La verdad es que he aprendido mucho de eso, sobre todo al explicar cosas y sacar conclusiones a las que no habría llegado tocando solo, ¿sabes? A base de tocar, tocar y tocar, y de explicar, vas sacando otras conclusiones.

Bueno, pues nos quedan tres preguntas que solemos hacer a todos los entrevistados. La primera es si recuerdas el primer álbum que te compraste con tu propio dinero.

Pues sí. Era de un grupo que se llamaba Grand Funk Railroad, no sé si os suena. Era un trío estadounidense súper potente y el disco se llamaba Shinin’ On, «resplandeciente». Además, venía con una especie de antifaz: lo arrancabas de la carátula y te lo ponías.

 

Con colores amarillos y rojos, y eran esas cosas que se hacían. Me acuerdo de ese disco, sí, de Grand Funk Railroad, Shinin’ On. Luego, cuando descubrí el grupo, resultó que esa era su época más comercial; la anterior era la que molaba. Después ya me fui comprando más discos, pero ese fue el primero.

Y el primer concierto… ¿Recuerdas el primer concierto en el que lloraste? ¿Recuerdas qué banda y qué canción era?

Sí, lloré en un concierto de AC/DC en el pabellón del Real Madrid. Estaban presentando For Those About to Rock. Salían unos cañones lanzando… Bueno, eso era… Y salía Brian Johnson. Bajaba una campana del techo y Brian Johnson le daba con un martillo enorme, ¿sabes? Y claro, había tanta adrenalina en el ambiente que se nos saltaban las lágrimas a todos. Eso y que también íbamos muy alegres, ¿sabes? En aquella época, pues claro, íbamos alegres, con una ayudita, ¿no? Pero ese fue el concierto más emotivo y más así.

 

Últimamente sí, lloro mucho en los conciertos, no sé por qué. El otro día estuve viendo —bueno, hace ya un par de años o tres— a un cantante que se llama Jørn Lande, que ahora está con el guitarrista de Black Sabbath. A mí me encanta, es de mis preferidos. Cuando le vi salir al escenario y cantar, me eché a llorar, tío. No lo puedo evitar, macho. Ahora ya me da por la vena floja, sí, sí. Pero es que ves a gente que te ayuda tanto con su música, y esa es la magia de la música: te transforma, te hace viajar a otros sitios. Cuando ves a esa gente que ha hecho eso que a ti te hace tan feliz, te emocionas, tío.

 

Y yo lo he visto en la gente cuando he tocado: canciones como «Si amaneciera», canciones así, con la gente llorando, cantando el tema entero y llorando. Y no uno: varios. Entonces, claro, eso te llega muy hondo, porque dices: «Bueno, pues al final ha merecido la pena tantos años aquí», ¿no? Cuando ves eso dices: «Bueno, pues ya con esto me conformo, aunque no llegue a más».

Absolutamente. Vale, y la tercera: si dispusieras de un presupuesto ilimitado para invertir en un concierto, en un espectáculo, ¿qué te gustaría implementar? ¿Fuego, láser, no sé, tanques?

A mí eso no me gusta nada de eso la verdad.

Vale. ¿Te pondrías una cosa de amplificadores como Yngwie Malmsteen?

Bueno, a ver: Yngwie Malmsteen lo que hace es que obliga al promotor a que se los ponga. Él no los lleva de gira, ¿sabes? En el contrato tiene que poner que el promotor le ponga veinticinco pantallas Marshall, no sé qué, no sé cuánto. Y luego están sin enchufar, ¿sabes? Él nada más que enchufa dos pantallas y dos cabezales; no enchufa más. Esto es teatro, que está bien, es el espectáculo y ya está, ¿no? Quiero decir que el espectáculo a ese nivel me parece…

 

Antes, cuando era joven, vi a Queen en el 79, cuando estaban grabando Live Killers, un disco doble en directo que salió. Y claro, aquello era alucinante para la época, ¿no? Imagínate: el escenario de las luces se levantaba, todas las luces daban la vuelta sobre el público y luego bajaba un escenario pequeño del techo. Claro, en aquella época eso era… Hoy día están Rammstein y toda esa gente. Estoy viendo ahora una cosa de Metallica en la que sale una especie de burbuja enorme en Las Vegas.

Sí, se ha hecho viral ese vídeo.

Madre mía, tío. A ver, entiendo que la gente que ha visto a Metallica veinte veces ya se sepa el repertorio y lo que van a ver sea el espectáculo, tío, porque ellos se ven chiquititos, no se verán. Y lo que ves es una proyección de efectos especiales, uno detrás de otro. Está bien, pero yo prefiero las cosas más directas.

Tú eres pureta.

Exacto, yo soy pureta. No está mal algo de humo, alguna cosa así, pero, por ejemplo, cuando me ponen una pantalla detrás y estás viendo una película de dibujos animados todo el rato, tío, me despista, ¿sabes? Yo he ido a ver otra cosa. Entonces está tomando un protagonismo que a mí no es que me preocupe, pero prefiero… Como he estudiado cosas de jazz, he ido a ver grupos de jazz en salas donde éramos dieciséis, diecisiete o dieciocho, no más. Los músicos han dado un conciertazo y son ellos y su instrumento, y se ha acabado, nada más, ¿sabes? Hombre, eso ya es muy de ese rollo, ¿no? Pero unas buenas luces, un espectáculo y tal… Más cosas a mí me marean, me abruman, me abruman. Entonces, si tuviera mucho dinero, lo invertiría en hacer un concierto con buen sonido, buenas luces y todo, e intentaría que la gente se lo pasara bien, pero dándole protagonismo al grupo, que es lo que está ahí; no a todo lo que hay detrás, a todas esas películas y la hostia. A mí eso no… No creo que lo llevara nunca.

Pues, Jero, mil gracias por la entrevista. Nos vemos el 22 de mayo en Barcelona.

Estaría bien, en la sala Bóveda. Ya sabéis, lo más próximo de lo que os he dicho: el 7 de noviembre en Logroño y el 28 de noviembre, el día antes de las elecciones, estaremos en la sala El Tren de Granada. Y nada, el disco está ya disponible en todas las plataformas, en Fnac, en Amazon, en todos los sitios. Nuestra distribuidora, Bispa, lo está haciendo genial y espero que le guste a la gente. La acogida está siendo bestial y no me puedo sentir más feliz, la verdad. Estoy muy contento. Muy bien, chicos. Buenas tardes. Chao.


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