86/100
2 de octubre de 2026
Sony Music Entertainment
Es la primera vez que me enfrento a la reseña de un disco de la formación cartagenera, aunque en esta redacción siempre hemos sentido predilección por Arde Bogotá. Así lo demostramos cuando elegimos como canción perfecta «La Torre Picasso» y también cuando pudimos entrevistarles este año, precisamente con motivo de la publicación de este disco.
Soy consciente del bombazo que supusieron sus anteriores trabajos, La Noche (2021), pero, sobre todo, de que su álbum Cowboys de la A3 (2023) marcó un antes y un después. Iba a ser muy difícil superar este disco que, no nos engañemos, les catapultó hasta lo más alto.
Estamos ante un álbum continuista, sí, pero lleno de matices, estilos y experimentos que lo convierten en un trabajo muy rico. No basta con darle una sola escucha: a medida que lo vas escuchando, descubres más y más cosas. Esta reseña nace de un mes de escuchas intensas, tras el que puedo decir que estamos ante un trabajo como la copa de un pino.
El éxito de su anterior trabajo también les ha permitido experimentar con mayor libertad (recordemos que una licencia así también se la ha permitido Rosalía). Además, van a poder presentar su trabajo en un formato pequeño llamado Hervideros, que, por cierto, también es un tema de este disco y del que hablaremos más adelante.
«Instrucciones» es el tema que abre el disco y quizá el más Arde Bogotá en el sentido más estricto de la palabra. En él, Antonio García, su cantante, explora un registro grave que mantiene durante todo el tema. También nos sorprenden con detalles que ya son sello de Arde Bogotá: incluyen una palabrota, «tratomura», que hasta me tocó buscar en el diccionario, y juegan con los cambios de ritmo, mucha batería y onomatopeyas.
Las palmas que dan inicio a «El Tesoro» dan paso a una parte recitada por Antonio y sirven de antesala a un estribillo muy pop. El tema incluye cambios de ritmo: empieza con tiempos lentos que van ganando velocidad y vuelve a las partes casi a capela de Antonio, que son lo más bonito de la canción.
El tercer tema es «Judas», para mí, el mejor del disco. Creo que me ha llegado sobre todo por la letra, por ese amor que queremos, pero sabemos que nunca podrá ser. Sin embargo, la canción nos anima a disfrutarlo mientras dure, con todo el sufrimiento que conlleva, pero también con la adrenalina del momento.
En la línea de esta temática «Antifiesta» es un medio tiempo de un tema absolutamente de desamor y de olvido pero lleno de fuerza que le quita hierro a todo este asunto cortavenas. Y posteriormente «Olivos» vuelve a retomar la esencia de Arde Bogotá donde la voz de Antonio es la absoluta protagonista acompañada por tímidos acordes de guitarra y que es una oda a la naturaleza, a nuestra cultura, a nuestros paisajes. Un tema cargado de sentimiento y significado que sin duda merece una escucha detallada y concentrada.
«Señor Herrero» y «Hervidero» han tenido poca acogida y no entiendo muy bien por qué, son temas más complejos pero donde juegan con otros elementos como voces agudas, coros doblados y disonancias.
Y llegamos a uno de los temas joya del disco que es «Bigger Splash» tema que además ya habían presentado y que para mí es una oda a «La Torre Picasso». La guitarra rítmica y los teclados tienen su momento y los momentos donde Antonio canta los instrumentos pasan a un segundo plano para dejarle brillar y romper en el estribillo con esas letras en las que a priori no vemos ningún sentido y de repente cobran todo el significado.
«El Club de la Gente Sola» vuelve a ser un tema a medio tiempo, mientras que «Asidero» es la canción más corta y directa: una guitarra acústica y ninguna floritura. Y la romántica «Sacude» cierra el disco.
Volvemos a disfrutar de un trabajo de larga duración de Arde Bogotá. He de decir que el resto de los instrumentos no destaca en demasía, pero Dani Sánchez, a la guitarra; Pepe Esteban, al bajo, y José Ángel Mercader, a la batería, completan un cuarteto que hoy funciona a la perfección. Juntos son capaces de componer un disco etéreo, a medio camino entre el rock, el pop y el progresivo, que nos rompe todos los esquemas.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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