Deep Purple – Made in Europe: 50 años de cuando una banda estaba al borde del abismo

Made in Europe

11 de octubre de 1976

EMI

Made in Europe, publicado en 1976, es un disco que funciona como documento de un momento muy concreto de la banda y, por ello, hoy en día es muy difícil escucharlo como un simple directo de Deep Purple. Este disco fue registrado en abril de 1975, durante tres conciertos celebrados en Graz, Saarbrücken y París, cuando la formación conocida como Mark III todavía estaba completa: Ritchie Blackmore a la guitarra, David Coverdale a la voz, Glenn Hughes al bajo y voz, Jon Lord al Hammond y teclados e Ian Paice a la batería. Estábamos frente a una banda que acababa de publicar Stormbringer, una banda que seguía llenando pabellones y que todavía podía sonar como una auténtica máquina de guerra. Pero había un problema. Ritchie Blackmore ya estaba fuera mentalmente.

 

Cuando Made in Europe llegó a las tiendas, en octubre de 1976, Deep Purple ya se había separado. Blackmore había abandonado el grupo en junio de 1975 para concentrarse en su nuevo proyecto, Rainbow, mientras que la formación posterior con Tommy Bolin había terminado naufragando apenas unos meses después. El disco que tenemos, por tanto, es una fotografía del pasado publicada cuando ese pasado ya había dejado de existir.

 

En este sentido, para entender Made in Europe hay que volver a 1973. Ian Gillan y Roger Glover habían abandonado Deep Purple, dejando a Blackmore, Lord y Paice ante una de las decisiones más delicadas de su carrera: continuar o desaparecer. Continuaron y lo hicieron incorporando a dos músicos que modificarían profundamente la personalidad del grupo. Glenn Hughes, procedente de Trapeze, quien aportaba un bajo mucho más protagonista y una voz con una extraordinaria raíz soul y funk; y David Coverdale, prácticamente un desconocido fuera del circuito británico, quien asumía la responsabilidad de ocupar el puesto de uno de los cantantes más reconocibles del rock. ¡No era una tarea sencilla!

 

Fíjese el lector que el propio Coverdale recordaría años después aquella situación desde una perspectiva mucho más clara. Pero en 1975 todavía era perfectamente consciente de que había entrado en una banda que parecía demasiado grande para cualquier cantante que no fuera Ian Gillan. Lo interesante es que Burn, sin duda alguna un discazo, demostró que Deep Purple no necesitaba reproducir exactamente su pasado.

 

La nueva formación tenía otra dinámica. Burn conservaba la potencia, el órgano de Jon Lord, la batería demoledora de Ian Paice y la personalidad guitarrera de Blackmore, pero la presencia de Hughes y Coverdale abría nuevas posibilidades. La problemática era justo esa. Aquella diferencia por la que se había apostado era lo que acabó disolviendo a la banda, porque Blackmore quería seguir siendo Deep Purple mientras los demás empezaban a preguntarse qué podía llegar a ser Deep Purple.

 

Por otro lado, Stormbringer, publicado en diciembre de 1974, llevó todavía más lejos esa transformación. Había hard rock, sí, pero también había soul, funk, groove y una sensibilidad mucho más abierta. Para Hughes y Coverdale, aquello no era una traición a la identidad del grupo. Era evolución. Pero para Blackmore… En una entrevista publicada por New Musical Express en agosto de 1975, poco después de la salida de Blackmore, Coverdale explicó de manera bastante directa cuál había sido el problema:

 

“Ritchie was worried about the direction he thought the band might be headed in.” (“Ritchie estaba preocupado por la dirección que pensaba que podía tomar la banda”).

 

Y añadía algo todavía más revelador:

 

“He didn’t like the soul that was creeping into the band.” (“No le gustaba el soul que se estaba introduciendo en la banda”).

 

La diferencia entre ambos planteamientos es fundamental para entender Made in Europe. Blackmore no había perdido interés por el rock duro. Había perdido interés por aquel Deep Purple concreto. En la misma entrevista, Coverdale explicaba que el resto de la banda veía temas como “Sail Away” y “Mistreated” como señales de hacia dónde querían dirigirse. Del mismo modo, Glenn Hughes lo explicó décadas después con una frase especialmente significativa. Recordando aquel periodo, aseguró que Deep Purple no era una banda obligada a seguir una fórmula:

 

“Purple weren’t a – quote, unquote – heavy metal band who had to follow a formula. We were evolving.” [(“Purple no era una banda de heavy metal —entre comillas— que tuviera que seguir una fórmula. Estábamos evolucionando”) Classic Rock, número 151, octubre de 2010].

 

Made in Europe, grabado con la unidad móvil de The Rolling Stones, apenas dura tres cuartos de hora, pero dentro de esos 45 minutos hay una cantidad absurda de información. Burn abre el disco como una declaración de intenciones. No hay necesidad de explicar que Coverdale es el nuevo cantante: basta con escuchar cómo entra su voz. No intenta convertirse en Gillan, ni imitar nada. Tiene otro registro, otra forma de frasear y, sobre todo, una manera diferente de ocupar el espacio. La canción, hoy por hoy, sigue siendo una trituradora. Blackmore dispara el riff, Lord convierte el Hammond en una pared sonora, Paice hace que todo parezca a punto de descarrilar y Hughes introduce ese componente rítmico que ya diferenciaba a la nueva formación.

 

Desde el primer momento, ya vemos que Coverdale no grita desde el mismo lugar que Gillan, su voz es más gruesa, más bluesy, más sensual y mucho más próxima a la tradición soul. Y cuando comparte espacio con Hughes, la banda adquiere una dimensión vocal que la formación clásica jamás había tenido. ¡Vamos, unos Deep Purple diferentes pero igual de ‘molones’ que los anteriores! Pero, la problemática ya la hemos mencionado: Blackmore había perdido el interés. En agosto de 1975, hablando con New Musical Express, lo decía de esta manera:

 

“Spiritually, I left about a year ago.” […] “I lost the excitement of it.” (“Espiritualmente, me marché aproximadamente un año antes” […] “Perdí la emoción por ello).

 

Sin embargo, el público estaba entregado, Coverdale había encontrado su sitio, Hughes estaba aportando una personalidad musical cada vez mayor y Lord y Paice seguían siendo una de las parejas rítmico-armónicas más formidables del rock. Pero Blackmore estaba buscando la puerta. En este sentido, “Lady Double Dealer” quizá sea el tema que mejor representa esa etapa porque condensa la energía de Stormbringer sin necesidad de convertirse en una exhibición de virtuosismo. Aquí se escucha a una banda más compacta, menos preocupada por demostrar que puede tocar más fuerte que nadie.

 

Pero si hay una canción que resume el carácter de Made in Europe, es “You Fool No One”. Sus más de dieciséis minutos permiten que Deep Purple vuelva a ese territorio donde el repertorio sirve como punto de partida y no como límite. Aquí es donde el disco deja de ser simplemente una colección de canciones y empieza a funcionar como documento de una banda en transición, porque escuchar “You Fool No One” después de “Mistreated” y “Lady Double Dealer” permite comprender que el Mark III había desarrollado su propio lenguaje. Sin duda, no era Made in Japan II, ni tenía por qué serlo, y precisamente ahí está su valor.

 

Cuando Made in Europe llegó a las tiendas en 1976, Blackmore ya estaba al frente de Rainbow. Deep Purple, además, había intentado continuar con Tommy Bolin, quien había entrado en el lugar imposible que dejaba Blackmore y el grupo había grabado Come Taste the Band. Pero aquella historia terminaría en desastre. El anuncio de la separación llegó en julio de 1976. Por eso Made in Europe acabó convertido en algo mucho más importante de lo que probablemente pretendía ser: el último documento discográfico de Blackmore dentro de aquella encarnación de Deep Purple.

 

Veredicto

Cincuenta años después, Made in Europe no necesita ser defendido como si fuera un rival oculto de Made in Japan, porque no lo es. Tampoco necesita que lo convirtamos artificialmente en una obra maestra perfecta, porque su valor está en otro sitio. Es el testamento de una formación extraordinaria que duró demasiado poco.

 

El Mark III tenía personalidad propia. David Coverdale no era Ian Gillan, y precisamente por eso funcionaba. Glenn Hughes no era Roger Glover, y precisamente por eso la banda estaba adquiriendo otro peso. Jon Lord y Ian Paice seguían siendo el núcleo que mantenía unido el monstruo. Y Ritchie Blackmore, incluso cuando ya estaba emocionalmente fuera, seguía siendo capaz de convertir un escenario en territorio propio. Made in Europe suena a una banda enorme intentando seguir adelante mientras una parte fundamental de ella ya está mirando hacia otra dirección. Y quizá por eso conserva tanta fuerza.

 


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