Evanescence conquista Barcelona con Amy Lee en estado de gracia

Evanescence + Poppy + Nova Twins

Olimpic Arena de Badalona

1 de octubre de 2026

Por Irene Kilmister

Organiza: Doctor Music

 

El Olimpic Arena de Badalona tenía una deuda pendiente con una generación entera de seguidores de Evanescence. Más de dos décadas después de que Fallen cambiara para siempre el mapa del rock alternativo y convirtiera a Amy Lee en una de las voces más reconocibles de su generación, la banda regresaba a Barcelona acompañada por Nova Twins y Poppy dentro de su gira mundial de 2026. Una noche que, más que mirar únicamente al pasado, demostró que Evanescence sigue teniendo presente, futuro y, sobre todo, una capacidad intacta para emocionar.

 

Nova Twins | Crudeza, actitud y descubrimiento

 

Nova Twins fueron las encargadas de abrir la noche con una propuesta que, pese a contar únicamente con tres músicos sobre el escenario, sonó enorme. Amy Love y Georgia South construyen un sonido donde el rock, el punk, el metal y la electrónica conviven sin necesidad de artificios.

 

La diferencia con lo que llegaría después fue evidente desde el primer minuto. Su sonido era crudo, analógico y físico, con un bajo extraordinariamente presente que empujaba cada canción. No había una pared de amplificadores ni una producción desmesurada, solamente música, actitud e interpretación.

 

El repertorio pasó por “Antagonist”, “Cleopatra”, “N.O.V.A”, “Choose Your Fighter”, “Hummingbird” y “Glory”, suficientes para demostrar que Nova Twins tienen personalidad propia y una capacidad escénica muy superior a lo que podría sugerir la sencillez de su montaje.

 

Para mí fueron uno de los descubrimientos de la noche. Hay bandas que ves una vez y simplemente recuerdas; otras consiguen que quieras saber qué están haciendo después. Nova Twins entran claramente en el segundo grupo y, desde ahora, estarán en mi radar.

 

 

Poppy | Electrónica, metal y una identidad propia

 

El salto estilístico con Poppy fue considerable. Si Nova Twins apostaban por la fisicidad de un sonido prácticamente orgánico, Poppy convirtió el escenario en un espacio mucho más procesado, electrónico y conceptual.

 

Con sus músicos enmascarados y un escenario prácticamente limpio de amplificadores, canciones como “have you had enough?”, “the cost of giving up”, “crystallized”, “vital”, “V.A.N” (cover de Bad Omens), “If We’re Following the Light” y “new way out” mostraron una propuesta que se mueve constantemente entre metal, industrial, electrónica y pop experimental.

 

Poppy también utilizó la imagen como parte de la actuación, llegando a realizar una performance con máscara durante uno de los temas. Es cierto que una parte importante de las voces estaba pregrabada, algo especialmente evidente en determinados pasajes, pero cuando llegó el momento de defender las partes más exigentes, incluidos los guturales, Poppy estuvo completamente entregada.

 

Dos propuestas radicalmente diferentes para abrir una misma noche, pero ambas con algo en común: personalidad y un sonido perfectamente definido.

 

 

Evanescence | Veinticinco años convirtiendo dolor en himnos

 

Hablar de Evanescence es hablar de una de las bandas que definieron el rock del siglo XXI. El proyecto nació en Arkansas alrededor de Amy Lee y Ben Moody, y durante sus primeros años fue desarrollando una identidad en la que convivían el metal, el rock alternativo, la música gótica, el piano y las influencias clásicas.

 

Pero todo cambió en 2003.

 

Fallen no fue simplemente un debut exitoso. Fue un fenómeno global. Publicado el 4 de marzo de aquel año, mezcló atmósferas góticas, melodías de piano y guitarras pesadas con una sensibilidad emocional que conectó con millones de personas. “Bring Me to Life”, “Going Under” y “My Immortal” se convirtieron en himnos generacionales y el álbum terminó vendiendo más de 17 millones de copias en todo el mundo y consiguiendo dos premios Grammy.

 

Después llegó The Open Door en 2006, un disco en el que Amy Lee asumió un control creativo mucho mayor y amplió las fronteras del grupo incorporando electrónica, arreglos orquestales, elementos industriales y estructuras más personales. En 2011 llegaría Evanescence, antes de una nueva etapa marcada por Synthesis, donde la banda reconstruyó parte de su catálogo mediante orquesta y electrónica.

 

The Bitter Truth, publicado en 2021, supuso el regreso a un sonido plenamente orientado a las guitarras, mientras que 2026 ha abierto una nueva etapa. La banda ha trabajado en nueva música y ha publicado canciones como “Afterlife”, creada para la serie Devil May Cry, y “Fight Like a Girl”, junto a K.Flay. Además, la gira actual llega acompañada por un nuevo álbum, Sanctuary.

 

 

Y después de conocer toda esa historia, resulta difícil no sentir algo especial cuando las luces se apagan y comienza “Sanctuary”.

 

El escenario estaba construido con una enorme plataforma inclinada y una pasarela central que permitía que el piano de Amy Lee apareciera y desapareciera como parte de la propia escenografía. Una gran pantalla trasera acompañaba cada canción con imágenes y efectos diferentes, mientras las plataformas elevadoras permitían ampliar la dimensión visual del espectáculo.

 

Pero, por encima de todo, estaba Amy Lee. Y posiblemente estemos ante uno de los mejores momentos vocales de su carrera.

 

Su voz continúa teniendo esa mezcla imposible de fragilidad, potencia y dramatismo que hizo reconocible a Evanescence desde el primer día, pero esta noche sonó especialmente segura. “Tell Me When You’ve Had Enough”, “Afterlife”, “Rapture” y, por supuesto, “Going Under” demostraron que las canciones clásicas no son piezas de museo, si no que siguen funcionando porque están construidas alrededor de melodías capaces de sobrevivir al paso del tiempo.

 

El primer gran momento íntimo llegó con “Lithium”, con Amy al piano. Después hizo lo propio con “Like You”, dejando que la voz ocupara todo el espacio. Y entonces llegó “Calm Down”, uno de los grandes despliegues visuales de la noche. Fuego, plataformas elevadas y los dos guitarristas ganando altura sobre el escenario construyeron una imagen espectacular que, por momentos, recordó ligeramente a la espectacularidad de Parkway Drive.

 

 

Pero si hubo un instante que me dejó realmente pegada al asiento fue “Forever Without You”. Antes de comenzar, Amy habló de la familia que se ha creado alrededor de Evanescence y recordó que ninguno de nosotros está solo. Habló de lo difícil que puede ser soltar aquello que nos hace daño y de la necesidad de hacerlo para poder avanzar. Entonces comenzó a tocar el piano y durante unos minutos desapareció todo lo demás. Desde la grada solamente podíamos mirar. La interpretación fue de esas que no necesitan artificios para convertirse en uno de los momentos de la noche. Amy Lee consiguió que un recinto enorme pareciera, durante unos instantes, completamente silencioso.

 

Y después llegó el momento que muchos llevaban años esperando, y es que con “Bring Me to Life” sonando, el Olimpic Arena de Badalona se convirtió en un gigantesco coro. La canción que abrió las puertas de Evanescence a millones de personas continúa funcionando con una eficacia prácticamente perfecta. Lo mismo ocurrió con “My Immortal”, interpretada también al piano en su arranque y con la banda incorporándose después, y con “Imaginary”.

 

La recta final mantuvo el nivel con “Better Without You”, “About Us” y “End of You”, canción que Amy interpretó junto a Poppy. La colaboración funcionó especialmente bien sobre el escenario, aunque personalmente eché en falta a Courtney LaPlante, cuya participación en la canción aporta otra dimensión a este proyecto.

 

 

El cierre llegó con “Who Will You Follow”, “My Immortal” y “Wide Open Heart”, dejando una última imagen de una banda que, después de más de veinte años de carrera, sigue siendo capaz de llenar un recinto y provocar exactamente la misma reacción que provocaba cuando Fallen llegó a nuestras vidas. Una noche difícil de olvidar.

 

Evanescence fueron un regalo para todos aquellos que llevaban tantos años esperando volver a encontrarse con ellos. Pero también demostraron algo más importante, que es que no viven únicamente de la nostalgia. Amy Lee está en un momento vocal extraordinario, la banda suena compacta y el espectáculo está diseñado para que cada canción tenga su propio universo visual.

 

La única nota amarga llegó incluso antes de que terminara el último tema. Una parte importante del público comenzó a abandonar el recinto con antelación para poder llegar al transporte público. Y resulta triste que una experiencia musical de este nivel tenga que terminar condicionada por algo completamente ajeno al escenario. Barcelona sigue teniendo un problema evidente con la movilidad nocturna cuando terminan los grandes conciertos. Y eso significa que muchos espectadores no pueden disfrutar de una actuación hasta el último acorde.

 

Por suerte, quienes decidimos quedarnos hasta el final pudimos hacerlo y Evanescence cerraron la noche recordándonos por qué algunas canciones no envejecen, porque siguen encontrando un lugar exactamente donde más duele.

 


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