PELAGIC FEST DIA 1
Viernes 28 de agosto de 2026
Muziekgieterij, Maastricht, Paises Bajos
Texto: Oriol Torras
Organiza: Pelagic Records
Bandas: Aiming for Enrike, Hella, Lightning Bolt, Zu, Battles, Three Trapped Tigers, Tortoise, 65daysofstatic
En la ciudad neerlandesa de Maastricht se celebra un festival que, edición tras edición, va adquiriendo un carácter cada vez más icónico: el Pelagic Fest. El evento está organizado por el sello berlinés Pelagic Records, fundado por Robin Staps, “líder” de The Ocean Collective.
Este año, el festival alcanza su cuarta edición en Maastricht, aunque anteriormente ya había celebrado varias entregas en Berlín. Por sus escenarios pasa una buena representación de bandas pertenecientes al sello o que, en algún momento de su trayectoria, han mantenido algún tipo de relación con él.
Y si algo deja claro esta edición es el carácter internacional de Pelagic Records, capaz de reunir bandas procedentes de todos los rincones de Europa. Alguien debería proponerles organizar su particular Europrogvisión —¡perdón!—. Aunque el post-rock y el post-metal son los estilos predominantes, el cartel se abre a un amplio abanico sonoro: shoegaze, psychedelic rock, metal progresivo, electrónica y muchas otras ramificaciones difíciles de encasillar.
El festival tiene lugar en una antigua fábrica situada cerca del centro de Maastricht, remodelada con muy buen gusto y con una sonorización prácticamente perfecta, sin excesiva reverberación. El recinto dispone de dos salas conectadas por un hall central, donde se concentran el bar, los puestos de merchandising de las bandas y varias opciones para comer —aunque, a última hora, el olor a patatas fritas terminaba siendo omnipresente—.
Los conciertos se alternan entre ambas salas, de modo que apenas hay tiempo para detenerse. En algún momento, la aglomeración de público desplazándose de un escenario al otro podía hacer que te perdieras los primeros segundos de la siguiente actuación, aunque fue algo puntual.
El festival también nos permitió descubrir propuestas con una personalidad absolutamente singular, como The Kilimanjaro Darkjazz Ensemble, o asistir a una excéntrica performance de Lane Shi, nueva cantante de The Ocean Collective. Pero eso llegará a su debido momento.
¡Empecemos por el principio!
PREYRS
Los encargados de inaugurar esta edición del Pelagic Fest fueron los norirlandeses Preyrs. La banda de Belfast, liderada por Amy Montgomery y Michael Mormecha, ofreció un sólido arranque de festival con su mezcla de rock alternativo y pinceladas de metal.
Amy se mostró especialmente entusiasmada y comunicativa durante toda la actuación, algo que, personalmente, eché un poco de menos en varias de las bandas que pasarían después por los escenarios.
El grupo centró buena parte de su repertorio en The Wounded Healer, su primer y, hasta la fecha, único álbum, interpretando temas como “Wave of Wisdom”, “Zeroes Ones & Lies” o la canción homónima. Incluso hubo espacio para presentar un tema que todavía no había sido publicado. Preyrs dejó la sensación de ser una banda con un directo pulido, intenso y desgarrador, y con una trayectoria prometedora por delante.
SPURV
De la sala pequeña pasamos a la grande, atravesando por el camino una pequeña congestión de público que nos hizo llegar pocos segundos después de que Spurv hubiera comenzado su actuación.
La primera sorpresa llegó prácticamente de inmediato: la banda arrancó el concierto con un xilófono y un trombón de varas. En ese momento me pareció algo completamente excepcional, aunque a medida que avanzó el festival acabaríamos viendo a numerosas bandas incorporando estos u otros instrumentos poco habituales dentro del metal.
Procedentes de Oslo, Spurv nos sumergió en una atmósfera oscura pero, al mismo tiempo, extrañamente cálida. Una oscuridad que, más que aplastar, parecía abrazarte suavemente.
Su repertorio combinó largas capas atmosféricas con pasajes de mayor peso y tintes doom. Un concierto envolvente que pasó en un santiamén y dejó más que satisfecho al público presente.
RED DWARF STAR
Red Dwarf Star apareció sobre el escenario envuelto en luces rojas —como no podía ser de otra manera— y llenó la sala pequeña del Muziekgieterij con una poderosa descarga de shoegaze.
La batería adquirió un protagonismo constante, martilleando nuestros cuerpos mediante un uso prácticamente ininterrumpido de todos los platos disponibles.
Aunque buena parte de sus composiciones son instrumentales, Coley Dennis incorporaba su voz procesada mediante numerosos efectos hasta convertirla casi en un instrumento más. Más que una voz al frente de la mezcla, parecía el quinto integrante sonoro de la banda.
ABRAHAM
Decidimos permanecer en la sala pequeña para ver a Abraham, procedentes de Lausana, al igual que Red Dwarf Star, aunque con una propuesta considerablemente más primitiva y pesada.
La voz rasgada del batería actuaba como auténtica punta de lanza del grupo. En uno de los momentos más intensos del concierto, dejó de tocar, abandonó su posición tras la batería y bajó entre el público para recorrer la sala cantando a pleno pulmón.
EF
EF fue, personalmente, el gran descubrimiento de la jornada. La formación sueca de post-rock celebraba el vigésimo aniversario de su álbum Give Me Beauty… Or Give Me Death! interpretándolo íntegramente en directo. Un disco profundamente emotivo en el que el chelista del grupo juega un papel fundamental, tejiendo unas melodías capaces de atraparte desde los primeros minutos.
El concierto comenzó, como el propio álbum, de forma lenta y sinuosa. Sobre el escenario, la música se apoyaba en la proyección de vídeos antiguos antes de desembocar en el intenso riff inicial de “Misinform the Uninformed”. La canción va perdiendo revoluciones progresivamente hasta alcanzar una melodía delicada, sobre la que la voz de Tomas Torsson parece tan frágil que podría quebrarse en cualquier momento.
Unas imágenes de tempestades sirvieron de antesala para “Hello Scotland”. Durante el tema, el guitarrista Erik Jardestig tomó una melódica con un efecto que recordaba a una gaita.
Y entonces llegó uno de esos momentos capaces de justificar por sí solos todo un festival. El chelo inició un pasaje delicado al que poco a poco se fueron sumando una voz suave, un punteado de guitarra y, finalmente, unas notas de xilófono. Una combinación que consiguió arrancarme unas lágrimas de emoción. Una canción preciosa con la que EF logró, literalmente, acariciar nuestras almas.
La banda continuó recorriendo el disco acompañada por imágenes antiguas de escenas cotidianas, alternando momentos de mayor peso con otros completamente etéreos. Entre ellos destacó especialmente “Tomorrow My Friend”. Una sección lenta, acompañada por la voz de una niña, comenzó a construir progresivamente un riff hasta desembocar en un final ensordecedor y unos gritos de desesperación capaces de erizar la piel.
EF cerró la actuación con “We’ll Meet in the End”, cuyo inicio suave y el pizzicato del chelo sirvieron como despedida para uno de los conciertos más emocionantes del día.
PREDATORY VOID
Sin tiempo para terminar de digerir lo que acabábamos de vivir con EF, tocaba cambiar completamente de tercio. Y vaya cambio.
Predatory Void ya da suficientes pistas con su nombre sobre el territorio sonoro que íbamos a atravesar: una combinación de black, death y doom metal coronada por la voz de Lina R., capaz de alternar registros melódicos con desgarradoras voces rasgadas.
WHEEL
Antes de llegar a la principal atracción de la jornada, tocaba disfrutar de una de las bandas con mayor proyección dentro de la escena actual del metal progresivo: Wheel. Desde la primera nota, la formación deja claro qué entiende por prog: ritmos imposibles de seguir, cambios inesperados y un virtuosismo instrumental absoluto.
Aunque arrancaron algo estáticos sobre el escenario, poco a poco fueron calentando motores y entrando de lleno en el concierto. Los fineses recorrieron sus tres álbumes de estudio con una precisión casi metódica, interpretando canciones como “Submission”, “Up the Chain” o “Resident Human”.
La banda continuó con “Fugue”, cuyo lento inicio permite detenerse en cada una de las notas antes de que el tema vaya adquiriendo velocidad progresivamente hasta culminar en un final espectacular.
Fue entonces cuando James Lascalles explicó entre risas que el viaje hasta Maastricht había resultado algo accidentado: se había dormido y había perdido el vuelo. Por suerte, todo terminó quedándose en un simple contratiempo.
Wheel encaró la recta final con la contundente “Empire», responsable de poner a prueba nuestros cuellos en más de un momento, y con “Vultures”, perteneciente a su primer trabajo, Moving Backwards.
La vertiginosa velocidad del bajo de Mikko Määttä abrió finalmente el camino hacia el último tema de la actuación: “Wheel”, canción homónima de la propia banda.
AIMING FOR ENRIKE
El último concierto que se hizo esa noche en la sala pequeña era del dúo Noruego Aiming for Enrike, con Simen Følstad Nilsen a la guitarra y Tobias Ørnes Andersen a la batería que ofrecieron un repertorio de rock mezclado con sonidos electrónicos. No faltaron riffs repetitivos y armoniosos por parte de la guitarra, ritmos ampulosos, capas de guitarra acompañados de sintetizadores y bastante espacio para el error e improvisación en directo.
THE OCEAN COLLECTIVE
Y, por fin, llegamos al plato fuerte de la jornada —¡por si todavía teníamos hambre!—. The Ocean Collective apareció sobre el escenario con toda la maquinaria perfectamente engrasada y dispuesto a despejar cualquier duda sobre su nueva etapa.
El concierto suponía la presentación oficial en Europa de la nueva formación, después de la marcha del cantante Loïc Rossetti y del guitarrista David Ramis Åhlfeldt y de la incorporación de Enrico Tiberi y Lane Shi a las voces, junto a Emmanuel Jessua y Marco Gennaro a las guitarras.
Había muchas ganas de descubrir qué podían aportar los nuevos integrantes y, especialmente, cómo sonarían las canciones antiguas bajo esta nueva configuración. Y no decepcionaron.
El concierto comenzó con la melodía de “Light Pollution”, primer single del próximo lanzamiento de la banda, Solaris. Con todos los músicos ya sobre el escenario, resultaba imposible apartar la mirada de una figura ataviada con un pasamontañas. Hasta que comenzó a cantar. Una voz suave reveló que se trataba de Lane Shi, que desde los primeros segundos dejó clara la importancia que tendría su puesta en escena durante todo el concierto.“Light Pollution” contiene buena parte de los elementos que identificamos con The Ocean: una canción que navega constantemente entre mares en calma y auténticas tormentas de sonido.
El colectivo continuó con “Pleistocene”, perteneciente a Phanerozoic II, donde pudimos comprobar hasta qué punto habían logrado adaptar las nuevas voces al repertorio anterior. A la estética agresiva de Lane Shi se sumaban unos gritos capaces de penetrar hasta lo más profundo de los huesos.
“Preboreal” fue la única pieza de Holocene que interpretaron aquella noche y sirvió para comprobar cómo las nuevas voces aportan una perspectiva diferente al tema sin hacerle perder la esencia característica de la banda.
The Ocean regresó después a Phanerozoic II con “Jurassic”. Durante la canción, Lane Shi desarrolló una danza ligera y casi delicada que contrastaba con los movimientos mucho más pesados del resto de la formación. La combinación entre esa delicadeza corporal y la dureza visual de una figura cubierta con un pasamontañas generaba una imagen extrañamente hipnótica. Fue también uno de los primeros momentos en los que pudimos intuir la dimensión de artista total que Lane Shi terminaría de demostrar al día siguiente con su proyecto en solitario.
La banda atacó entonces una de las grandes canciones de Pelagial, “Mesopelagic: Into the Uncanny”, antes de regresar de nuevo a Phanerozoic II con “Swallowed by the Earth”.
Para cerrar el concierto, The Ocean decidió mirar hacia el futuro. La banda presentó cuatro composiciones de su próximo álbum Solaris, dos de ellas ya publicadas: la contundente “Belligerence”, The Ocean en estado puro, y la hipnótica “Última Esperanza”.
Las otras dos corresponden a las pistas finales de este álbum. Durante Milk of My Dream, Lane Shi se lanzó sobre el público, continuando la canción mientras surfeaba por encima de los asistentes.
El cierre llegó con “51°28′30″S, 73°6′11″W”, una composición de más de veinte minutos que termina desembocando en una sección improvisada en la que los dos vocalistas utilizan sintetizadores. Una última capa electrónica, inesperada dentro del sonido habitual de The Ocean, puso punto final a la primera jornada del Pelagic Fest.
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