Five Finger Death Punch – Legacy

81/100

Better Noise Music

Lanzamiento: 31 de julio de 2026 (digital) / 18 de septiembre de 2026 (formato físico)

Después de varios trabajos en los que la producción excesivamente pulida terminaba limando parte de la personalidad de Five Finger Death Punch, este décimo álbum supone un regreso a un sonido mucho más orgánico, directo y contundente. No hay experimentos innecesarios ni artificios, si no que aquí todo gira alrededor de riffs pesados, grandes estribillos y una ejecución impecable.

 

Desde la contundente «Legacy», que funciona como una declaración de principios sobre los veinte años de trayectoria de la banda, queda claro que Five Finger Death Punch ha recuperado el hambre. La producción de Drew Fulk potencia un sonido mucho más crudo y físico, permitiendo que las guitarras respiren y que cada golpe de batería tenga un impacto que se había diluido en trabajos anteriores. El disco mantiene un equilibrio constante entre la agresividad más directa y esos estribillos enormes que siempre han sido una de las señas de identidad del grupo.

 

Esa combinación encuentra algunos de sus mejores ejemplos en «De Oppresso Liber», uno de los grandes himnos del álbum. Su mensaje de sacrificio y protección, inspirado en el lema de las Fuerzas Especiales estadounidenses, encaja a la perfección con un riff pesado y un estribillo concebido para ser coreado en directo. Del mismo modo, «Eye Of The Storm» demuestra que la banda sigue dominando el groove sin renunciar a una mayor riqueza instrumental, con Andy James firmando uno de los solos más inspirados del disco.

 

 

Pero Legacy no vive únicamente de la fuerza bruta. También sabe abrir espacios para la melodía y la emoción con canciones como «In Time» o «Everybody Lies», donde Ivan Moody ofrece una de sus interpretaciones más convincentes de los últimos años, alternando vulnerabilidad y rabia con total naturalidad. Esa capacidad para cambiar de registro sin romper el ritmo del álbum es uno de sus mayores aciertos.

 

La recta final mantiene el nivel con una «Shelter» que juega con la tensión antes de explotar en un desenlace poderoso, mientras que «Scapegoat» pone el punto final con toda la violencia que uno espera de Five Finger Death Punch. Son solo algunos ejemplos de un álbum que apenas concede respiro y que aprovecha sus treinta y seis minutos para construir una obra compacta, sin excesos y con una cohesión que la banda había perdido parcialmente en sus últimos lanzamientos.

 

Lo que más me convence de Legacy es que no intenta demostrar nada. Five Finger Death Punch sabe perfectamente quién son y, en lugar de perseguir tendencias o reinventarse a toda costa, ha decidido perfeccionar aquello que siempre ha hecho bien. La producción de Drew Fulk aporta la frescura necesaria sin alterar la identidad del grupo, mientras que Ivan Moody vuelve a firmar una de sus mejores interpretaciones de los últimos años, acompañado por una banda que suena sólida, inspirada y plenamente conectada.

 

Zoltan Bathory definió Legacy como un reflejo del camino recorrido, mientras que Ivan Moody insistió en que el álbum no mira al pasado, sino que marca el inicio de una nueva etapa. Después de escucharlo, comparto esa idea. Más que un ejercicio de celebración por sus veinte años de carrera, este disco transmite la sensación de que Five Finger Death Punch todavía tiene mucho que decir.

 

No creo que sea su álbum más innovador, ni falta que le hace. Es, probablemente, el más cohesionado, honesto y orgánico que han publicado en mucho tiempo. Y eso, para una banda con una trayectoria tan extensa, tiene mucho más mérito que cualquier intento de reinventarse artificialmente.

 


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