The Temperance Movement + A Thousand Horses + FM + DeVere + The New Roses + Sam Morrow + Morganway
Viernes 17 de julio de 2026
Mote Park, Maidstone (Inglaterra)
Fotos: Facebook de Maid of Stone
Texto: S2R
Nuestra primera experiencia en el Maid of Stone inglés ha sido inmejorable. En estos tiempos en los que la gente sólo piensa en asistir a festivales masivos con enormes bandas que tocan a la vez, creo que se revalorizan otro tipo de festivales más pequeños temáticos y para nichos más concretos de público. Y la gracia de este festival en el sur de Inglaterra es que la temperatura es buena (refresca cuando se pone el sol), la hierba es verde y los precios… pues son ingleses.
Lo que más sorprende de todo es que se celebra en un parque enorme (y podría seguir creciendo, la verdad) y que asisten unos 3500 asistentes por día. Hay una explanada para la gente que quiera estar de pie y luego hay una señal que deja que la gente se siente en sus sillas de camping y que disfruten del festival sentados. Hay que recordar que el classic rock cada vez cuenta con seguidores de avanzada edad. Y sí, vi el futuro…
El otro rasgo distintivo del festival es que son dos escenarios opuestos. En uno sólo tocan bandas consagradas y en el otro grupos emergentes. La mayoría de las bandas cuentan con una hora y las emergente unos 45 minutos. Los cabezas de cartel ofrecen un show completo. Y claro, eso hace que bandas importantes como Girlschool toquen a las 14:00 o que el festival empiece a las 11:00. Y a partir de las 22:30 todos para casa o al campamento.

DeVere
Llegué para ver a esta emergente banda inglesa de hard rock y heavy metal en formato cuarteto, capitaneada por ese vocalista llamado Sam Cassidy. No han grabado disco todavía y tiran de singles, y al llegar estaban facturando una interesante “Like Lightning”, 100% Accept y con el registro del cantante en terrenos muy de Udo. “Surrender” y “Again” funcionaron, con el vocalista, siempre con el turso desnudo y luciendo músculo. Es un heavy metal típico, y la voz de Sam es algo lineal por momentos, pero destilaron juventud y ganas haciendo cantar al público presente, al de pie y al de las sillas.

The New Roses
Fueron uno de mis grandes descubrimientos en la edición de 2023 del Leyendas del Rock. No debí de ser la única, porque al año siguiente estos alemanes dieron el salto al escenario principal en la edición de 2024. Ya había oído muy buenas referencias sobre ellos, pero fue en directo donde terminaron de convencerme.
Por aquella época no se dejaban ver demasiado por España; ahora es mucho más habitual encontrárselos en los carteles de festivales, señal de que han dado un importante salto cualitativo y de popularidad. Aun así, tenía mucha curiosidad por comprobar cómo responderían ante un público inglés, a priori más exigente y menos familiarizado con ellos.
Una de las grandes bazas del festival fue, una vez más, el sonido. La ecualización se ajustó prácticamente desde el primer instante y The New Roses disfrutaron de una mezcla impecable durante toda su actuación. El concierto comenzó con una asistencia considerable y, conforme avanzaban los minutos, la afluencia no dejó de aumentar. Su propuesta, más accesible y orientada a un público amplio, jugó claramente a su favor.
Su frontman, Timmy Rough, derrocha carisma y consiguió conectar con el público desde el primer momento. Su voz se sitúa a medio camino entre el hard rock clásico y el rock más comercial, recordando por momentos a cantantes como Erik Mårtensson o al Jon Bon Jovi de los primeros discos de Bon Jovi. El hard rock y el AOR han tenido una presencia destacada en esta edición del festival, por lo que fue un auténtico placer disfrutar de una banda internacional que reivindica este estilo con tanta naturalidad. Su propuesta bebe del rock clásico, incorpora pinceladas del garage rock de los años ochenta y las adapta con acierto a una producción y un sonido actuales.
Sus canciones son generalmente directas y enérgicas así que dieron buena cuenta de ello durante el tiempo del que dispusieron. No faltaron varios de los cortes (hasta cinco) más representativos de Attracted to Danger (2024), aunque uno de los momentos más destacados llegó con «The Lion in You», perteneciente a Sweet Poison (2022), interpretada de manera magistral y realzada por unos coros perfectamente ejecutados desde la batería.
También recuperaron temas más veteranos de su repertorio, como «It’s a Long Way», cuyo estribillo, pegadizo y fácil de seguir incluso para quienes no dominaban el inglés, sirvió para estrechar aún más la relación con el público. Durante ese tema, Rough cedió parte del protagonismo a sus compañeros, Norman Bites a la guitarra y Hardy al bajo.
Hubo tiempo incluso para una versión, en este caso la archiconocida «Rockin’ in the Free World», de Neil Young. Personalmente, creo que se alargó más de la cuenta. Es posible que, al tratarse de su primera actuación ante un público como el del Maid of Stone Festival, buscasen apoyarse en un clásico para reforzar esa conexión inicial, aunque, sinceramente, no les hacía ninguna falta.
En la recta final del concierto, Timmy Rough quemó sus últimos cartuchos de energía y se mostró absolutamente pletórico. No dejó de interactuar con el público en ningún momento y se dirigió en varias ocasiones a los asistentes del Maid of Stone, que respondieron con entusiasmo.
Para el cierre reservaron tres temas imprescindibles: «Thirsty», «The Usual Suspects» y la potente «Down by the River». Debo reconocer, sin embargo, que esta última, pese a ser uno de sus grandes himnos, me dejó una sensación algo descafeinada y no terminó de alcanzar la intensidad que esperaba.
Fue algo menos de una hora de actuación en la que The New Roses se adueñaron del escenario y consiguieron que el público disfrutara de principio a fin, contagiado por el buen ambiente y la energía que desprendían Timmy Rough y el resto de la banda. Eso sí, aunque lo dieron absolutamente todo sobre las tablas, debo admitir que no ha sido la mejor actuación que les he visto.
Sam Morrow
Algunas bandas gozaron de algo menos de tiempo, pero en la escasa media hora de la que dispusieron ofrecieron una propuesta sólida y convincente. Sam Morrow desplegó un repertorio centrado en el country-funk, el blues de carretera y el rock sureño, con especial protagonismo para su último trabajo, Southern Boogie. Durante el concierto explicó que este álbum nació tras su decisión de trasladarse a Nashville en busca de una nueva perspectiva, tanto personal como profesional.
No llegué a identificar el título de las canciones que interpretó, pero sí quedó claro que las letras giran en torno a una visión mucho más optimista y desenfadada de la vida, con historias sobre la carretera, el amor y las experiencias personales que han marcado esta nueva etapa de su carrera.
FM
Era la primera vez que podía ver a los de Steve Overland en directo, pero para alguien que vivió cinco años en Barcelona y que después ha seguido de cerca la escena, llevaba mucho tiempo oyendo hablar de ellos. Incluso tuve la oportunidad de entrevistarles, así que las ganas de verlos sobre un escenario eran muchas.
El sonido ha sido impecable durante las tres jornadas del festival y, por lo tanto, los londinenses sabían que jugaban sobre seguro. Salieron al escenario con tranquilidad, confianza y dispuestos a arrasar. La entrada fue tan ampulosa como cabía esperar, con un Steve Overland soberbio al frente y «Digging Up the Dirt» como carta de presentación. La banda estuvo acompañada por una pantalla de fondo que reforzaba el espectáculo con imágenes y las letras de las canciones, aunque sin robar protagonismo a la actuación. Eso sí, por momentos daba la sensación de que algún apoyo de guitarra estaba pregrabado para reforzar el sonido.
Pocas bandas se mantienen tan robustas después de tantos años de trayectoria, pero FM son unos auténticos señores del hard rock melódico y lo volvieron a demostrar. Además de la impecable voz de Steve Overland, la banda contó con Jim Kirkpatrick a la guitarra solista y coros, Jem Davis a los teclados, Merv Goldsworthy al bajo y Pete Jupp a la batería, todos ellos mostrando una compenetración y un oficio envidiables.
Tantos años de carrera solo pueden traducirse en un repertorio repleto de himnos, y el público respondió acompañando a la banda en muchas de las canciones. «Killed By Love» o «Synchronized» fueron buena prueba de ello, en un setlist pensado para disfrutar de principio a fin.
También hubo momentos destacados con «Black Water», acompañada por motivos naturales en la pantalla de fondo; la imprescindible «I Belong to the Night», recibida con entusiasmo; «Bad Luck», con todo ese inconfundible sabor ochentero que caracteriza a la banda; «Tough It Out», que mantuvo el nivel de intensidad; la festiva «Turn This Car Around», que levantó aún más al público, y, por supuesto, «Does It Feel Like Love», otro de esos clásicos que nunca pueden faltar y que puso el broche perfecto a una actuación llena de clase y oficio.
FM demostraron que el paso del tiempo no ha hecho más que reforzar su legado. Sin necesidad de artificios, siguen siendo una de las grandes referencias del hard rock melódico británico y un valor seguro sobre cualquier escenario.

Morganway
Me ha gustado especialmente que en esta edición hemos podido ver a muchas mujeres sobre el escenario. No sé si ha sido algo intencionado por parte de la organización, pero por fin parece que esa paridad que tanto ha costado alcanzar empieza a hacerse realidad. Y, además, hemos disfrutado de varias bandas lideradas por mujeres con muchísimo talento.
Una de las grandes sorpresas del festival fue la joven banda británica Morganway, liderada por la carismática SJ Mortimer, una cantante que desprende un magnetismo especial sobre el escenario y posee un timbre de voz muy personal. En algunos momentos me recordó a Janis Joplin por su actitud y ese punto rasgado de su interpretación, aunque su voz resulta mucho más melódica y versátil.
Su propuesta está empapada de folk rústico y un contundente rock americana, con un sonido muy orgánico y poderoso. Son seis músicos sobre el escenario, con un violín que aporta mucha personalidad al conjunto. Completan la formación Kieran Morgan a la guitarra solista, la electrizante Nicole J. Terry al violín, Matt Brocklehurst a los teclados y Ed «Steady» Bullinger a la batería, cuyo trabajo, junto al del teclista y los grandes coros de la banda, fue uno de los aspectos más destacados del concierto.

La imagen del grupo también acompaña a esa estética tan americana: la guitarra rosa de Kieran Morgan, una camiseta de Slayer, el sombrero de paja… todo suma para crear una personalidad propia que conecta desde el primer momento.
Centraron el concierto principalmente en el repertorio de su último trabajo, Kill The Silence, publicado el pasado año, aunque también hubo espacio para una sorprendente versión de «Pink Pony Club» y para presentar algunos de sus temas más recientes, entre ellos «Machine», su nuevo sencillo, una canción con mucho groove y raíces folk que demuestra hacia dónde está evolucionando la banda.
El cierre llegó con «Hurricane», poniendo el broche a una actuación que desprendió muy buen rollo de principio a fin. SJ Mortimer demostró ser toda una frontwoman, capaz de liderar a la banda con naturalidad y ganarse al público desde el primer minuto. Sin duda, Morganway fue uno de esos descubrimientos que justifican por sí solos acercarse a un festival. Muy recomendables.

A Thousand Horses
Los de Tennessee fraguaron un concierto espectacular… No les tenía en el radar a pesar de que el nombre me sonaba y, vaya, fueron unas de las revelaciones del festival. Cuando el quinteto ataca “Dead Man Walking” ya percibes que tienen algo especial. Todos van de negro, y su baterista de blanco. El grupo posee un sonido muy personal y van desde el hard rock moderno al sureño, pasando por los tiempos doom. Una extraña mezcolanza de influencias que les funciona como en “Suicide Eyes”, y de repente… pasan a “First Time” y te das de bruces con los Black Crowes con protagonismo absoluto del teclado.

El vocalista Michael Hobby es la clave de todo y “Shadows” representó el nuevo disco con grandes prestaciones. Todo sonaba perfecto y el líder sacó la acústica para “Part of My Story”. Gran voz y mucho feeling con ecos comerciales de Nickleback. La presentó el bajista Graham DeLoach, y dijo que era un tema muy importante para él. Continuaron con “Blaze of Somethin’”, más festiva y con “The Passenger”. Pero me dejaron boquiabierto con su versión de Oasis “Champagne Supernova”… le dan la vuelta y suena 100% americana.
En “Voices” las luces azules prendieron el escenario y me pareció una de las mejores que tiene, y eso que en todas dieron el callo, convenciendo a los presentes. Y ya en la recta final Michael coge la armónica y le dan otra vuelta de tuerca a todo. El rock sureño volvía al escenario para despedir la velada con “Highway Sound” y otro bis posterior en un concierto de festival de esos que atrapas a nuevos seguidores a base de canciones y actitud. Muy grandes.

Crow Black Chicken
Fue arriesgado eso de meter a este trío irlandés antes del cabeza de cartel, y no por calidad, que la tienen y sobrada. Más que nada, fue por estilo. Estamos hablando de una banda de blues rock de años de recorrido, que obviamente merecían esa posición, pero muchos desconectaron en cortes como “Bijou Creole” en la que parece que rindan pleitesía y honores al gran Rory Gallagher. Christy O’Hanlon tiró del carro a la voz y guitarra para una agrupación que hay que verla en sala pequeña y no en festival. Cortes como “John the Revelator” posen alma absoluta, pero quizá no es lo mejor antes de The Temperance Movement.
The Temperance Movement
Y llegó, para mí, el concierto de la noche. Qué le vamos a hacer; ya reseñamos «Midnight Black» como una canción perfecta y estaba claro que este grupo tenía algo especial. Pero es que lo de Phil Campbell (sí, con la de nombres que hay, han ido a coincidir) sobre el escenario es de otro planeta. Qué conexión, qué magnetismo, qué movimientos… Qué frontman. Me fue imposible apartar la vista de él durante todo el concierto. No sé por qué la banda se llama The Temperance Movement, pero si el nombre fuera un homenaje a él, entendería muchas cosas.
Y está feo que lo diga, pero por cómo baila, cómo habla y cómo transmite, hace que se coma literalmente el escenario y que el resto de músicos queden algo relegados a un segundo plano. Tengo la sensación de que ellos mismos son conscientes de ello y le ceden ese protagonismo para que Phil sea el auténtico rey del espectáculo. Y, sin ser un gran cantante en el sentido más técnico, posee un timbre muy especial que, por momentos, me recordó a nombres de nuestra escena como Kutxi Romero, Joaquín Sabina o incluso Rulo.
The Temperance Movement se presentaron en formato de quinteto, con su característico logotipo presidiendo el fondo del escenario. Desde el primer tema, » Ain’t No Telling», dejaron claro que venían a por todas. Phil no paró de bailar, de recorrer el escenario y de interactuar con el público, alternando el micrófono con una pandereta que no soltó durante buena parte del concierto. Mientras tanto, la banda construía un muro de sonido con grandes guitarras, una sección rítmica muy sólida y un batería con una pegada de tintes casi jazzísticos, dejando espacio incluso para pequeños jams entre canciones.

Hubo espacio para estrenar material nuevo. La cuarta canción fue «Always Been Love», con un inesperado aire reggae que funcionó sorprendentemente bien. También sonó «Silvernight Blues», que Phil presentó recordando que había vivido en Londres cuando era pequeño. Entre los momentos más celebrados también estuvieron «Be Lucky», recibida con entusiasmo por el público, «Take It Back» y la emotiva «Smouldering», una de las baladas de su primer disco, que dedicó antes de interpretarla.
No faltó la armónica, otro de los elementos que mejor encajan con la personalidad de la banda, ni las presentaciones de los músicos, con una mención especial para el batería. «Only Friend» fue una de las canciones más coreadas de la noche y «Pride» se convirtió en un auténtico regalo para los seguidores más fieles del grupo.

En los bises hicieron el clásico paripé de marcharse para regresar inmediatamente después. El cierre llegó con «The Midnight Black» y, aunque en el álbum me parece absolutamente arrolladora, he de reconocer que en directo me dejó un pequeño sabor agridulce. Quizá tenía las expectativas demasiado altas y me desilusionó un poco, pero eso no empañó en absoluto la maravilla de concierto que acabábamos de presenciar. Porque, si algo quedó claro, es que The Temperance Movement siguen siendo una de esas bandas capaces de convertir un concierto en toda una experiencia gracias al carisma descomunal de Phil Campbell y a una banda que sabe perfectamente cómo sostenerlo.
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