Master of Reality
21 de julio de 1971
Vertigo Records
Si en sus dos primeros discos las canciones se grababan en el estudio, con poco presupuesto y en una mísera tarde, ahora las cosas habían mejorado en lo económico, pero el tiempo que dispusieron para grabar el Master of Reality no fue el que debería tener una banda de ya su nivel. La constantes giras hicieron que se grabara cuando el grupo descansaba. El material eran ideas dispersas a las que tendrían de dar forma en un estudio londinense de Notting Hill
Pero el gran problema del grupo fue el minutaje del disco… Mientras en ese año las bandas más consolidaban obras maestras loos cuatro de Birmingham sacaban un disco de ocho temas en los que dos eran solos de guitarra suma-minutos. 35 minutos y nada más… Pero el disco es tan influyente que de él han salido varias bandas que han tomado el nombre de temas de este disco. Están After Forever, Orchid y los mismos Masters of Reality.
El disco
El inicio de “Sweet Leaf” no puede ser más original, si es que esa fuera la palabra más adiente. Un tema dedicado a la marihuana abierto con alguien que tose en bucle y que todo deriva a uno de los riffs definitivos del grupo, con un Ozzy inmenso y con un sonido mucho más conseguido que en sus anteriores discos. Aquí el bajo de Butler dibuja filigranas y hay más de lo que aparenta todo. Y es que cuando se acelera todo, todos los músicos se lucen, especialmente Bill Ward en los breaks rapidísimos de batería.
El inicio festivo de “After Forever” les acerca a sus paisanos Deep Purple, pero pronto la oscuridad toma las riendas, sólo cortada por esos interludios muy de Blackmore, pero de veras que bajan al sótano cuando entra el riff. Un corte muy original y logrado que es leyenda y que juega con las dualidades. Y lo de “Embryo” es como una pequeña broma… un punteado de guitarra de un gran Tony Iommi en terrenos muy clásicos. Queda solemne y poco más.
Harina de otro costal es la extraordinaria “Children of the Grave” con esas percusiones de apoyo, el riff inmortal y esa voz mítica de un Ozzy que estaba en un momento sublime. Puedes corearla, incluso el riff, y no es para menos. No hace falta extenderse más porque estaríamos frente a una canción perfecta, y ya será analizada como merece. Pero es que ya sólo el momento solo con ese eco es delicioso. “Orchid” es guitarreo acústico muy bonito, punteado clásico y acompañado de bajo, pero estaba claro que iban a meter relleno para ganar minutaje.
“Lord of this World” posee todos los ingredientes sabbathianos, incluyendo esos cambios de ritmo que tanto les definían y el solo marca de la casa de Iommi. De verdad que el grupo consiguió ese sonido único que fue punto de partida de casi todo. No es la más popular, pero es exquisita. “Solitude” es la pausa, es el sentimiento y es el folk con el que coquetearon en otros discos. Bellísima composición que hace honor al nombre, muy delicada, con esa flauta del mismo Iommi que conduce un tema calmo y que se diluye en fade out.
E “Into the Void” es otro de los grandes lujos de este gran disco, con uno de los mejores riffs que nunca compusieron y una línea vocal antológica como pocas. Esos momentos en los que se deja el riff desnudo y la banda luego entra la hacen colosal. Es todo una rueda dentada avanzando entre tinieblas y devorando todo a su paso. Tienen muchas composiciones extraordinarias en sus seis primeros discos, y esta es de las mejores de todas.
Veredicto
Para ser el Master of Reality un disco con prisas, que llegaban en mal momento, grabado entre giras y de sólo 35 minutos y ocho temas… te das cuenta de que el grupo estaba en un momento creativo inigualable. La misma portada alude a las prisas, pues más sencilla no puede ser. Entraron en listas americanas e inglesas y funcionó especialmente bien en Escandinavia y Alemania. Desgraciadamente la gira nórdica no funcionó especialmente bien, algo que contrastaba con que los EEUU arrasaban e incluso eran cabezas de cartel en la mayoría de las fechas.


Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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