Seguimos hablando con Fernando Ribeiro de Moonspell y en esta ocasión abordamos los cambios de estilo del grupo a través de todas sus etapas y de lo chocante para sus fans cuando editaron ese single titulado “Second Skin”, un single que hizo que mucha gente se sintiese decepcionada en su día. El lejano Doctor Music y los festivales de verano son otros temas a tocar.
Bueno, lleváis prácticamente la misma formación desde 2004. No se os está dando tan mal gestionar esa convivencia.
Sí, aunque tuvimos un cambio de formación en 2018 con un miembro fundador de Moonspell, Mike Gaspar. Y esas situaciones siempre son una crisis. A mí no me gusta nada tener que poner fin al recorrido de una persona dentro de la banda, pero Moonspell es algo más grande que cualquiera de nosotros, más grande que nuestras ambiciones y que nuestros propios egos.
Fue un momento muy importante porque acabábamos de regresar de una gira muy dura con Rotting Christ. Fueron muchísimas fechas y terminé sintiéndome muy mal, incluso sin ganas de continuar con Moonspell, porque tenía la sensación de que los promotores nos estaban utilizando. Estuve 63 días en la carretera para tocar 57 conciertos. Era casi como ser un esclavo.
Pues sí.
Por eso hubo un momento en el que ya no sabía qué hacer con mi vida ni con la banda. Después, cuando regresamos tras la pandemia, teníamos muchísimas ganas de retomar la actividad con Moonspell. Pero, aun así, fue un periodo muy complicado desde el punto de vista creativo. Porque teníamos todo el legado de Moonspell que celebrar: los 30 años de Wolfheart, los 30 años de Irreligious…
Durante un tiempo nos preguntamos si realmente tenía sentido hacer música nueva. ¿Cómo iba a encontrar su lugar al lado de discos tan importantes? Son dudas que inevitablemente aparecen. Los músicos normalmente no dejan ver lo que va mal, porque estamos entrenados para decir que todo está bien, que todo funciona y que seguimos de gira. Y eso es cierto, pero todo tiene un precio, todo exige un sacrificio.
Sin embargo, hoy respondemos a esos sacrificios y a esas dudas existenciales acercándonos más entre nosotros y haciendo música. Cuando encontramos la dirección adecuada y decidimos hacer un disco de metal gótico, quisimos contar lo que había pasado con Moonspell, no solo en las entrevistas, sino también a través de metáforas, de la oscuridad y de todos los sacrificios que implica mantener una banda de Portugal.
A nosotros nos encanta esta vida y, sinceramente, no conozco otra forma de vivir que Moonspell. Tengo 51 años y llevo tocando en bandas desde los 14 o 15. En Moonspell estoy desde los 19 o 20. Es muchísimo tiempo, pero también te da mucha madurez y mucho tiempo para reflexionar. Por eso Far from God es un disco que nace de la oscuridad para llegar a la luz. Es un buen disco de Moonspell porque es un álbum muy auténtico, muy claro y muy transparente.
No es un disco en el que intentemos escondernos, porque la música de Moonspell es muy personal. No hacemos discos simplemente porque tengamos un contrato y toque grabar uno cada dos años. Para mí, trabajar con ese ritmo sería muy complicado, porque tendrías que forzar demasiado la inspiración.
Por eso, durante este tiempo fuimos haciendo otras cosas importantes: las giras, el disco con la orquesta y otros proyectos. Todo eso también nos permitió ganar tiempo y encontrar la paz necesaria para hacer Far from God. Cuando hacemos un disco nos sumergimos por completo en él. Es un proceso profundamente personal para nosotros, y me atrevo a decir que también lo es para los fans cuando lo escuchan.
Pues ya que hablamos de aniversarios, te voy a contar la primera vez que vi a Moonspell en directo. Creo que fue en 1997, en el Doctor Music Festival.
Doctor Music, sí, sí. En las montañas.
A las dos del mediodía. Bueno, ahora hace más calor; antes no tanto. ¿Recuerdas aquel festival?
Sí, claro. Recuerdo perfectamente las montañas. Era un festival un poco diferente porque no había mucho metal. Creo que uno de los cabezas de cartel era Texas, y había cosas así.
Yo creo que ese festival abrió mucho las puertas porque fue la primera vez que se organizó un gran festival en España con estilos muy diferentes. Aunque también había un poco de metal en aquellos años. No sé si tocaron Paradise Lost un año antes, y también Cradle of Filth, Stratovarius… Había un poco de todo.
Sí, sí, me acuerdo. Las raíces de Moonspell están en el heavy metal, por supuesto, pero nosotros nacimos como banda en los años noventa, una década marcada por una enorme apertura de miras y por una gran curiosidad hacia la fusión de estilos. Has mencionado a Paradise Lost y Cradle of Filth. Son bandas que también venían de un metal más extremo y evolucionaron hacia propuestas más melódicas sin perder su identidad. Nos inspiraron muchísimo porque ayudaron a definir el metal gótico.
Para mí, el metal gótico nace realmente en 1991 con Gothic, el disco de Paradise Lost. Aquel álbum mezclaba violines, voces femeninas y otros elementos melódicos con voces guturales y una base mucho más underground y metalera. A mí me encanta tocar en festivales diferentes porque existe también una especie de orgullo y de misión.
Hoy en día los festivales son mucho más específicos. Hay grandes eventos por toda la península ibérica dedicados exclusivamente al metal, como Rock Imperium o Resurrection Fest. Además, el metal tiene hoy muchas más ramificaciones que en los años noventa: folk metal, deathcore, metalcore, heavy metal, power metal, gothic metal… Todos esos estilos que ahora encabezan los grandes festivales de España y del resto del mundo nacieron, en gran medida, durante aquella década.
Por eso recuerdo tan bien aquel Doctor Music. Ojalá pudiéramos tocar más a menudo en España, porque es algo que tenemos pendiente. La última vez que tocamos en vuestro país fue en el Z! Live Fest, y ya han pasado unos cuantos años. Pero también tenemos muy buenas ventas y una excelente acogida por parte de la prensa en España.
Y, claro, quizá ya no volvamos a tocar en el Doctor Music; no sé ni siquiera si el festival sigue existiendo. Era un festival en el que el metal tenía un espacio dentro de un entorno mucho más alternativo. Ahora, que también es algo muy positivo, tenemos nuestros propios festivales. Ya sabes: Wacken, Rock Imperium, Resurrection…
Son festivales enormes, incluso en Portugal tenéis el Milagre Metaleiro.
Milagre Metaleiro, sí. Tocamos allí hace un par de años y fue muy importante para el crecimiento del festival. En Portugal Moonspell es una banda importante. Tenemos mucha presencia en los medios y mucha visibilidad. Ha sido una lucha llegar hasta aquí, pero ahora, con este álbum, estamos en la radio, en la televisión y en todas partes.
Aun así, eso no es suficiente. Necesitamos que haya más bandas portuguesas que recorran el mismo camino. Por eso, todos los años intentamos apoyar a un festival portugués. Si un promotor organiza un festival pequeño, nosotros no cobramos nuestro caché habitual; hacemos un precio de amigo. Hace dos o tres años lo hicimos con Milagre Metaleiro.
Otros años lo hemos hecho con Vagos. Este año lo haremos con Extramuralhas, un festival gótico cerca de donde vivo ahora, en Alcobaça. Se celebra en Leiria, que es la principal ciudad de esa zona del oeste de Portugal. Incluso Milagre Metaleiro se ha profesionalizado muchísimo y cada año reúne a más gente. La presencia de Moonspell dio un buen impulso al festival y ahora es un evento que este año cuenta con bandas como Paradise Lost o Fields of the Nephilim.
Es que ya sabes que a los españoles nos gustan mucho los festivales de Portugal porque la cerveza es muchísimo más barata (risas).
Sí, bastante más. Y a nosotros nos gusta ir a España porque la gasolina es mucho más barata.
¿Ah, sí?
Sí, tenemos que intercambiar cosas. La gente que vive cerca de la frontera cruza continuamente a España para repostar el coche. Yo veo muchísima gente de España en los festivales de Portugal y también sucede al revés. Mucha gente del norte de Portugal va a Galicia, sobre todo al Resurrection Fest. Pero también ocurre con Moonspell. Cuando hacemos conciertos pequeños o encuentros con los fans siempre viene gente de Barcelona, Sevilla, Madrid o Galicia.
A veces parece que Portugal y España viven de espaldas, pero los seguidores del heavy metal no entienden de fronteras. Siempre visitan Portugal, y nosotros hacemos lo mismo con España. Me parece algo maravilloso. Es una prueba más de que el metal es mucho más que música: es una auténtica comunidad.
Mira, te voy a recordar una cosa para situarnos (le enseño el EP Second Skin). No sé si te acuerdas del día en que publicasteis Second Skin.
Claro…
Después de Irreligious, fue como… ¡guau! Recuerdo que me enfadé muchísimo. Pensé: «No puede ser, Moonspell ha cambiado«. Claro, el Jordi de aquella época era muy diferente del de ahora. Hoy entiendo perfectamente esa evolución, pero en aquel momento fue un cambio de sonido muy radical. Además, era la carta de presentación del nuevo disco Sin/Pecado.
Sí, fue un cambio bastante radical. Pero ya sabes que la manera en la que una banda piensa sobre sí misma es muy misteriosa. Nadie quiere hacer música para enfadar a sus seguidores. Y entiendo que algunos fans se sintieran un poco traicionados. Pero formar parte de una banda es completamente distinto a escuchar una banda desde fuera.
Después de Irreligious sufrimos mucha presión por parte de la discográfica. Éramos muy, muy jóvenes. El disco fue un éxito enorme, pero dentro de la banda las cosas no estaban tan bien. A pesar del éxito, yo seguía viviendo con mis padres. Ni siquiera tenía dinero para alquilar una habitación.
Después llegó también la marcha de Ares, miembro fundador de Moonspell y la persona con la que formé la banda. Además, habíamos hecho muchísimas giras con Irreligious y estábamos cansados de tocar siempre canciones como “Mephisto” u “Opium”. Irreligious es un disco increíble; todavía hoy un 30 o un 40 % de nuestro repertorio procede de él: “Full Moon Madness”, “Opium”, a veces “Awake”… Es un disco que funciona perfectamente en directo.
Pero nosotros decidimos dar un giro completamente radical. Y cuando publicamos la versión de Depeche Mode, mucha gente se quedó en estado de shock. Sin embargo, no fuimos los únicos. In Flames hizo una versión de “Everything Counts” llevada al death metal; Lacuna Coil grabó “Enjoy the Silence”… Pero en el caso de Moonspell fue especialmente duro. Mucha gente dejó de seguirnos por aquel cambio.
Aun así, fue una lección muy valiosa. Y también fue una prueba de personalidad y de identidad para la banda. Es como en la película “Los diez mandamientos”, cuando Moisés abre las aguas. Sin y Second Skin también dividieron las aguas en Moonspell. Hubo mucha gente que dijo: «No quiero saber nada más de esta banda«, porque veían un sonido más comercial, más cercano al indie. Pero también hubo mucha gente que se quedó.
Y los que se quedaron fueron renovándose con el tiempo. De hecho, a través de nuestro sello discográfico, Alma Mater Books & Records, que tengo aquí en Portugal, hemos reeditado algunos de los llamados «discos malditos» de Moonspell, como Sin, The Butterfly Effect… Estaban agotados y, cuando los volvemos a editar, vuelan. Mil copias, dos mil copias… desaparecen enseguida. Es duro, pero así funciona…
Moonspell siempre ha sido una banda un poco polémica, poco dada al consenso. No sé si será una característica portuguesa, pero nunca hemos sabido hacer algo que guste absolutamente a todo el mundo. Y, claro, para sobrevivir a las críticas hace falta tener un corazón fuerte y una mentalidad fuerte. Lo importante es que tenemos un núcleo muy sólido. Los cinco miembros de la banda somos muy fuertes y entendemos que la música es como un juego: nunca sabes si vas a ganar o a perder.
Hay mucha imprevisibilidad en la música y también en la historia de Moonspell. Sin fue probablemente el disco que inauguró esa imprevisibilidad. Hoy en día la gente acepta mucho mejor nuestros experimentos. Les gustan más. También es una cuestión de madurez.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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