BEAT (con Steve Vai) encarnan todo lo bueno del prog en Barcelona

BEAT

Sábado 28 junio de 2026

El Poble Espanyol, Barcelona

Texto: Marc Fernández

Fotos: Andrés Rodríguez

Organiza: The Project

El proyecto BEAT es probablemente lo mejor que le ha pasado al rock progresivo en años. No es un tributo cualquiera; es una deconstrucción y celebración de una de las trilogías más complejas, bailables y matemáticamente perfectas de la historia de la música: Discipline (1981), Beat (1982) y Three of a Perfect Pair (1984), la tríada experimental y ochentera de King Crimson. Si le sumas que lo músicos son Adrian Belew, Tony Levin, Steve Vai y Danny Carey, tienes a algo así como a Los Vengadores de prog.

 

 

Un poco de contexto

Antes de hablar del concierto toca hablar de historia, pues King Crimson ha tenido tal baile de estilos, de integrantes y de falsas retiradas, que es necesario entenderlo para desgranar bien la experiencia. O quizás no y prefieras saltar esta parte de la crónica. Al final vivimos en un país libre (de momento).

 

Cuando Robert Fripp refundó Crimson en 1981 (originalmente llamados Discipline), rompió los esquemas del prog setentero de capa y mellotron. Sí, muchos grupos de prog setenteros pasaron una época curiosa en los ’80. Genesis pasó a hacer pop, Rush se enamoraron de los sintetizadores, Yes no tenían muy claro quiénes eran, pero el bueno de Fripp optó por darle su propio giro.

 

Se inspiró en el post-punk, la new wave, Talking Heads y el gamelán indonesio (no, no es broma). Cambiaron la distorsión pesada por guitarras limpias con chorus, delays cruzados analógicos y sintetizadores de guitarra (los míticos Roland GR-300). Ver a BEAT hoy en día es presenciar cómo se recrea esa alquimia poli-rítmica donde las guitarras no solo hacen solos, sino que tejen patrones como si fueran telares.

 

 

Concierto con excursión de regalo

La organización avisó de que la entrada no sería la tradicional de los conciertos en Poble Espanyol, sino que se entraría por dónde habitualmente se celebra el Sonar, es decir, en lo más alto de la más alta torre. Yo fui un despistado y no me enteré, pero tampoco lo hicieron un buen puñado de asistentes, que me acompañaron en mi obcecada escalada hacia el escenario que el supergrupo había de convertir en un templo.

 

En su momento estuve enfadado y con ganas de rajar de la organización, pero con el beneplácito de la calma y la templanza, toca admitir vergonzantemente de que la culpa fue mía, por despistado. No hay que olvidar que el concierto se hizo en el contexto del Barts Festival, más cercano en organización al propio Sonar que no a un solo concierto como lo fue Babymetal el año pasado, por lo que las necesidades y la logística son distintas.

 

 

Afortunadamente gané la lotería genética al nacer, y mis piernecitas de pony me permitieron llegar justo para el inicio de “Neuoritca”, toda una declaración de intenciones donde las haya. Originalmente llamada “Manhattan”, es el caos urbano hecho música. La sección central tiene a Belew recitando poesía beat atropellada sobre un ritmo asimétrico. Que Vai y Carey claven esto al inicio demuestra el nivel técnico de la banda. Si algún despistado (que hubo muchos) se pensaba que íbamos a ver los Crimson de 21st Century Schizoid Men o Starless, se debió llevar un buen susto.

 

Siguieron con “Neal and Jack and Me”, que abre el homónimo disco Beat que da nombre al tributo, con una línea de guitarra que fue como un bucle perpetuo, siguiendo con un tema algo más accesible y “ochentero” como “Heartbeat”, que es lo más cerca que estuvo Crimson de hacer una canción pop comercial. Es pura New Wave sofisticada, sí, pero ese solo… El incansable Steve Vai le dio su propio toque pirotécnico, probando que aún siendo un grupo homenaje, hay espacio para que los musicazos le den su propio giro.

 

 

La experimentación volvió de la mano de “Sartori in Tangier”, que bien podría llamarse porno-bajistas, permitiendo a Tony Levin brillar con el Chapman stick, siguiendo con “Dig Me”, uno de los temas más difíciles de ejecutar de la noche. “Industry” fue pura atmósfera distópica, permitiendo que Carey sacará todo su potencial de Tool, aportando un extra de pesadez rítmica y maquinal a un tema que de base ya es minimalistamente oscura.

 

La responsable de cerrar el set 1 fue “Lark’s Tongues in Aspic (Part III), y es que meter la tercera parte de la saga Larks’(del disco del 84) sirve para conectar el Crimson de los 80 con su legado de los 70. Es un tema puramente frippiano: escalas de tonos enteros, ráfagas de notas a velocidad de vértigo y una agresividad matemática que te deja sin aliento antes del descanso, una reminiscencia del King Crimson más puro.

 

La banda anunció que habrá un break de 20 minutos, el tiempo justo para hacer una cervecita, avisar a mi prometida de que el concierto iba a ser más largo que la cola del SEPE y esperar impacientemente a que el concierto se reanudara.

 

 

Segundo asalto: un paseo por la polirritmia y los delays

La segunda parte del show inició con Belew y Caret tocando unas pistas electrónicas con pistas de pads, convirtiendo el escenario en un mantra polirrítimico en el que el bajo y las guitarras entran en distintos compases hasta que de pronto, pufff, todo encaja mágicamente. Le siguió toda una obra maestra ambiental como “The Sheltering Sky”, en la que Frippsolía usar sus “Frippertronics” y Belew su sintetizador para crear texturas que suenan a desierto y viento, un guiño a la novela de Paul Bowles en la que está basada.

 

“Sleepless” volvió a presentar a un Levin desatado con un slap ochentero extra siniestro, que en su momento se interpretaba con baquetas cortadas para darle un toque más siniestro, cediéndole protagonismo a Steve Vai en “Frame by Frame” y su legendaria técnica de “cross picking” en 7/8 mientras la voz va en otra dirección. Pero no nos vamos a engañar; si alguien puede tocar algo así, ese es Steve Vai.

 

 

Del frenesí en la guitarra pasamos al respiro que es “Matte Kudasai” y el barritar de la guitarra de Belew con “Elephant Talk”, con otro regreso a los sonidos más poperos con “Three of a Perfect Pair”. El clímax absoluto llego con “Indiscipline”, con un Danny Carey desatado que supo canalizar la energía original de Bruford, ¡culminando con un divertido “I like It!” que marcó el falso final del show.

 

A tanda de bises la inauguró “Red”, una elección inesperada, pero al mismo tiempo muy bien recibida por el respetable. Aunque BEAT se centra en los ‘80, incluir este tema (del disco homónimo de 1974) es el guiño definitivo. Es el eslabón perdido entre el prog clásico y el sonido proto-grunge/heavy metal que influenció a bandas como Tool o Nirvana. Ver a Danny Carey y a Steve Vai destrozar este riff es, históricamente, un círculo perfecto.

 

El cierre de oro vino con “Thela Hun Ginjeet”, y la historia detrás de la canción es casi tan buena como su música. La grabación que suena de fondo es real: Adrian Belew salió a caminar por Londres con una grabadora de casete para captar sonidos urbanos y fue increpado por unos pandilleros y luego por la policía. Llegó al estudio asustado y le contó la historia a Fripp mientras este seguía grabando. Esa paranoia urbana neoyorquina/londinense encapsula perfectamente lo que fue King Crimson en los ’80, sirviendo como el cierre perfecto para una noche inolvidable.

 


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