Titulo: A veces miento
Autor: Alice Feeney
Publicación: 2021
Editorial: Roca Editorial
Desde sus primeras páginas, A veces miento deja claro que no pretende ser una lectura cómoda. Alice Feeney construye una historia diseñada para jugar con la percepción del lector, sembrando dudas constantes y haciendo que cada revelación parezca abrir todavía más preguntas. El resultado es un thriller psicológico absorbente, retorcido y tremendamente difícil de soltar.
La premisa ya es suficientemente potente por sí sola: Amber Reynolds está en coma. No puede hablar, moverse ni abrir los ojos, pero puede escuchar todo lo que ocurre a su alrededor. Su marido visita la habitación, su hermana también, los médicos comentan su estado… y mientras tanto, Amber intenta recordar cómo ha terminado allí. El problema es que ni ella misma parece una narradora completamente fiable.
La novela se construye alternando tres líneas narrativas: ahora o el presente en el hospital, antes o los días previos al accidente y entonces, unos inquietantes diarios de infancia. Alice Feeney juega constantemente con la percepción del lector, sembrando dudas en cada capítulo y obligándote a cuestionar qué es verdad y qué no. Lo más interesante es que no depende únicamente de un gran giro final, aunque los tiene —y de los que dejan mirando al techo unos minutos—, sino de la tensión psicológica que mantiene prácticamente durante toda la lectura.
Uno de los mayores aciertos del libro es el ritmo. Es una novela tremendamente ágil, de capítulos cortos y adictivos, perfecta para esa clase de lectura en la que dices “uno más” y de repente son las dos de la mañana y estás sospechando hasta de la lámpara de la mesilla. Feeney sabe manejar muy bien la información, revelando detalles en el momento exacto para mantener la intriga sin llegar a romper del todo el misterio.
En cuanto a los personajes, funcionan precisamente porque todos desprenden cierta incomodidad. Nadie parece del todo sincero, empezando por la propia Amber. Esa sensación constante de desconfianza convierte la novela en un pequeño laberinto psicológico donde las relaciones personales pesan tanto como el misterio central. Además, la autora consigue transmitir muy bien la fragilidad mental de la protagonista sin caer en excesos melodramáticos.
También hay que destacar la forma de escribir de Feeney, con frases muy visuales y casi poéticas en algunos momentos, algo poco habitual en thrillers de este tipo. Eso le da cierta personalidad a una historia que, en otras manos, podría haberse limitado únicamente al efectismo de los giros.
Personalmente, me ha parecido una lectura muy entretenida y absorbente. Quizá algunos pasajes juegan demasiado tiempo con la confusión y ciertas partes pueden sentirse algo tramposas dependiendo del lector, pero cuando todas las piezas empiezan a encajar, el libro gana muchísimos puntos. Y ese final… bueno, digamos que no es precisamente de los que se olvidan rápido.

Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
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