Lecturas universales: «Hierba» de Keum Suk Gendry-Kim

Título: Hierba
Autor: Keum Suk Gendry-Kim
Editorial: Reservoir Books
Año de publicación: 2022

Hierba es una de esas novelas gráficas que no se leen de forma lineal ni ligera, y están pensadas para hacer mella. Keum Suk Gendry-Kim construye una obra profundamente dolorosa y necesaria a partir del testimonio real de Lee Ok-sun, una “comfort woman” (su propio nombre indica la finalidad, así que no creo que haya que andarse con muchas florituras) coreana forzada a la esclavitud sexual por el ejército imperial japonés durante la Segunda Guerra Mundial. No es solo un relato histórico, sino una experiencia emocional que pretende incomodar y obliga a mirar de frente una parte del siglo XX que muchas veces ha quedado en los márgenes del discurso occidental.

 

Lo primero que impacta es la forma en que está contada la historia. La autora opta por contarlo en formato de ntrevistas, recuerdos fragmentados y saltos temporales, lo que reproduce de manera muy honesta la naturaleza de la memoria traumática. No hay un relato ordenado ni una narrativa “limpia”; hay huecos, contradicciones y silencios, y eso hace que la experiencia resulte aún más real. Lee Ok-sun no es solo un personaje, sino una voz reconstruida con respeto, donde la autora evita el morbo y la explotación del dolor.

 

Acompañar la historia con el dibujo es otro de los grandes aciertos. En blanco y negro, con un trazo expresivo y a veces casi áspero, Keum Suk Gendry-Kim alterna paisajes naturales de una belleza serena con interiores opresivos y claustrofóbicos. Esa contraposición visual entre la calma de la naturaleza y la violencia humana refuerza constantemente el mensaje central del libro: la guerra no solo destruye cuerpos, también rompe vidas enteras y su relación con el mundo.

 

Uno de los aspectos más discutibles y a la vez más interesantes es la forma en que se representa la violencia sexual. La autora decide no mostrar de forma explícita las violaciones, pero es una decisión narrativa coherente: el horror se sugiere, se intuye, se filtra a través de las reacciones, los silencios y los rostros ausentes de los soldados. Otra prueba más de que no se necesita de lo explícito para horrorizar, porque el simple hecho de sugerir ya nos hace reflexionar.

 

El libro funciona también como una denuncia histórica. Y es que hasta yo misma puedo decir que era desconocedora de las barbaries que Japón había perpetrado en Corea del Sur. Habla de un tema aún sensible y políticamente cargado entre Corea y Japón, y lo hace desde la voz de las víctimas, no desde el debate académico o diplomático. Sin embargo, Hierba no cae en el panfleto: su fuerza está en lo íntimo, en lo cotidiano, en la vida de una mujer concreta que representa a muchas otras.

 

Quizá su mayor virtud es también su mayor dureza: no ofrece consuelo fácil. No hay redención clara ni cierre emocional satisfactorio, porque la historia real tampoco lo tiene. Es una lectura que deja huella, incómoda por momentos, pero profundamente humana.

 

En definitiva, creo que Hierba es una obra imprescindible dentro del cómic contemporáneo. No solo por su valor histórico, sino por su capacidad de convertir el testimonio individual en una reflexión universal sobre la guerra, la violencia y la memoria. Una lectura difícil, pero necesaria.

 

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