Armored Saint — Emotion Factory Reset

80/100

22 de mayo de 2026

Metal Blade Records

 

Corría el año 1983 cuando unos amigos de un instituto de Los Ángeles publicaron con Metal Blade el homónimo EP debut de Armored Saint. Ahí estaban y aquí siguen John Bush al micrófono, Joey Vera al bajo y los hermanos Phil y Gonzo Sandoval a la guitarra y a las baquetas, respectivamente. Sólo falta de la cuadrilla inicial el guitarrista Dave Prichard, víctima de la leucemia. Jeff Duncan le sustituyó hace ya la friolera de treinta y siete años. Ahora, los californianos nos presentan su noveno álbum. Y, como siempre, han hecho lo que les ha dado la santa gana.

 

En sus inicios, sus paisanos de Metallica intentaron reclutar a John Bush para que fuera su cantante antes de entrar a grabar Ride the Lightning (1984). Bush les mandó a paseo. ¿Quién querría irse a Metallica pudiendo tocar con sus colegas en Armored Saint? Los que piensen que Bush se equivocó, deberían conocer la idiosincrasia del grupo antes de valorar Emotion Factory Reset.

 

En la California de los ochenta, Armored Saint tenía dos alternativas si quería triunfar en esto de la música. Lo fácil hubiera sido dedicarse al hair metal. Lo inteligente, sumarse a la génesis del thrash. Pero lo que querían esos chavales era componer temazos de heavy metal. Sus tres primeros álbumes dan fe de ello: «Can U Deliver», «March of the Saint», «Aftermath», «Nervous Man», «Raising Fear» o «Chemical Euphoria», por citar sólo algunos. Armored Saint se convirtió en un referente del llamado United States Power Metal, pero se quedó en tierra de nadie, entre el Sunset Strip y la Bay Area. Vendió mucho menos de lo que merecía.

 

En 1991, tras la muerte de Prichard, decidió publicar su excelente cuarto álbum, Symbol of Salvation. No era ese el mejor año para que triunfara un disco de heavy metal. Por aquello del grunge y del Nevermind (1991) de Nirvana. Aun así, logró Armored Saint marcarse un cameo en Hellraiser III (1992) tocando «Hanging Judge», un buen tema que el gran público desconoce. Es lo que pasa cuando tu canción suena en una película que nadie querría ver dos veces, pero no se incluye en el CD de su banda sonora acompañando al hit «Hellraiser» (Ozzy Osbourne/Motörhead).

 

Entonces sucedió: las mejores armaduras también se desgastan y la más santa de las paciencias tiene límites. Bush partió a ejercer de frontman de Anthrax y Joey Vera inició su pluriempleo con Fates Warning. Pero desde hace ya veinte años su prioridad volvió a ser Armored Saint. Porque, como reza el título del recomendable documental dedicado al grupo, ante todo son «A Band of Brothers» (2023). Una hermandad que apostó por el heavy metal cuando no tenía ningún sentido hacerlo.

 

Desplacémonos ahora al año 2020, marcado por el confinamiento y la prohibición de conciertos. Estaba claro que, si alguien iba a sacar un disco en un momento en el que no podía girar para presentarlo, ese era Armored Saint. Punching the Sky resultó ser su mejor trabajo de todo el siglo XXI, aupado por metálicos trallazos como «Standing on the Shoulders of Giants», «End of the Attention Span» o «Missile to Gun». Después de aquello, Bush colaboró haciendo coros en el último disco de HammerFall (Avenge the Fallen, 2024). Todo apuntaba a que Emotion Factory Reset sería un disco muy heavy metal que ahondaría en la senda marcada por Win Hands Down (2015) y recorrida por su aclamado predecesor.

 

El primer single de adelanto, «Close to the Bone», que es la canción que abre Emotion Factory Reset y en cuya letra se menciona el título del álbum, parecía confirmarlo. Heavy metal marca de la casa, con un riff sacado de la NWOBHM. Directa a las playlists de lo mejor de Armored Saint mientras esperábamos más canciones en la línea de Punching the Sky. Pero esto es Armored Saint y, dada su absoluta honestidad, no va a hacer nunca lo que creas que es más lógico. La banda de bros hará lo que le apetezca, y ahora tocaba resetear en vez de seguir dándole puñetazos al cielo.

 

 

La segunda canción, «Every Man-Any Man», empieza como podría hacerlo una de The Police. Siendo justos, Armored Saint nunca le ha hecho ascos a aventurarse en otros estilos. Pero, tomando prestada la expresión de uno de sus temas más experimentales («No me digas», Revelation, 2000), cuando la escuché por primera vez el diablo salió por mis chingaderas. Fue entonces cuando me percaté de que, en la portada, su icónico guerrero acorazado está mudando su armadura. De lo metálico a lo rocoso.

 

No significa lo anterior que este sea un disco huérfano de heavy metal, como sí le sucedía a su denostado La Raza (2010). Hay esquirlas metálicas bien repartidas que brillan en momentos puntuales. Dicho esto, si hay que ponerle una sola etiqueta a Emotion Factory Reset, estamos ante un álbum de hard rock.

 

Uno bueno, eso sí, en el que destacan el torbellino de ritmos sincopados que despliegan Gonzo Sandoval y Joey Vera y la siempre protagonista voz de Bush, que alcanza cotas de carisma asombrosas. Un buen resumen de todo lo anterior lo encontramos en «Compromise». Por lo demás, es evidente que estos amigos se lo han pasado en grande grabando este disco. La mejor prueba nos la ofrece «Throwing Caution to the Wind», que transmite una energía casi adolescente y donde se les nota especialmente compenetrados.

 

Destacan entre lo más radiable la mencionada «Every Man-Any Man» y el segundo single, «Hit a Moonshot». Su riff inicial viene con denominación de origen USPM, pero culmina en modo arena rock (muy propio, dadas las implicaciones beisboleras de su título).

 

Repasando los restantes temas, el estribillo de «It’s a Buzzkill» es demasiado machacón pero, para no aguar la fiesta, lo compensa con el solo y esa forma tan épica de anticiparlo. En «Bottom Feeder» me sucede lo contrario: sus ecos de «Sad But True» (Metallica, 1991) no me convencen, y es el hímnico estribillo el que acaba seduciéndome.

 

«Buckeye» tiene esencia country, con Duncan dándole al slide y con mucho groove en general. Aunque las similitudes sean lejanas, es inevitable que me vengan a la mente esas colaboraciones de Dimebag Darrell con Anthrax cuando Bush era el cantante de los neoyorquinos. En «Ladders and Slides» hay mucho blues y, antes de concluir, Gonzo Sandoval se queda con las ganas de desatar una danza tribal. Me entretiene la macarrilla «Not on Your Life», especialmente cuando toma velocidad para regocijo de los aficionados al air guitar, pero no tanto como el tema de cierre. «Epilogue» es una canción bailonga que pide subirse a un deportivo y recorrer la Pacific Coast Highway.

 

Los que desearan continuismo harían bien en apuntarse a un curso de mindfulness y asumir que esto no es Punching the Sky. Pero quien busque un álbum refrescante para disfrutar del verano con actitud positiva, aquí lo tiene. No va a ser fácil que encuentre algo mejor en esa línea que Emotion Factory Reset.

 

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