77/100
15 de mayo de 2026
Kscope
Bruce Soord es uno de los grandes nombres del rock progresivo actual, y para la inmensa mayoría, es detrás de Steven Wilson el hombre que lleva el prog emocional hasta lo máximo con su The Pineapple Thief. Hay muchos puntos en común entre ellos y ahora Soord incluso está haciendo remixes de discos de bandas míticas como Jethro Tull. Lo ha logrado. Y al igual que el líder de Porcupine Tree, también posee una amplia y lucida carrera en solitario.
Ghost in the Park destila tristeza por todos los lados. Pensemos que se juntó la muerte de su padre y la enfermedad de alzheimer de su madre, por lo que de lo devastador ha creado un disco de tristeza absoluta, con gran dominio de las acústicas y participaciones puntuales de sus escuderos de banda. Muchas de las canciones fueron grabadas en habitaciones de hoteles durante la gira a pesar de que hay también un punto de alegría, pues Bruce paseaba por los parques viendo a los niños corretear y eso también esté en esta intrspectiva obra.
Ya en “Conception” estamos ante una bellísima intro a voz y acústica que no llega a dos minutos, y lo que ya te indica es que este disco es muy superior al anterior Luminiscence. Entra el bajo y se finaliza todo súbitamente en un alegado a su madre que te llega, y que luego, transmuta a “Meet Me on the Downs”, con pizzicatos y siempre a tempo balada. Hay mucho de The Pineapple Thief, pero también se nota que hay voluntad de huir de las piñas. Espacios abiertos, mucha musicalidad y melodía y esa sensibilidad que ha tenido siempre Soord y que lo hace elevarse frente a toda la competencia habida y por haber.
“Pillards” es otra composición corta, muy emocional. Se arma con la acústica, tira de línea vocal y de la batería, que acompaña el flow más que marca tempos, para que todo fluya orgánico. Siguiendo con los temas cortos y bonitos está “You Made a Promise” que avanza entre algodones. Realmente a Soord le gusta esta vez tomar la delicadeza por bandera. Hay reminiscencias de la maravillosa “Driving like Maniacs”, y es que Bruce tampoco puede disociar tanto The Pinneapple Thief de lo que es un disco en solitario. Y eso, en el fondo, se agradece.
“Our Predicament” baja las pulsaciones hasta lo más bajo posible. Es como despertarse de un sueño feliz e ir tomando conciencia de la felicidad en la que uno vive a pesar del poso evocador y ese regusto de tristeza que pone el punteado de acústicas. Luego hay la guitarra eléctrica que solea y te despereza apaciblemente. Los ecos de guitarra de “Day of Wrath”, así como la tonada me recuerda de inicio al “Battle of Evermore” de Zeppelin, pero esto va por cauces menos tolkianos. El plus de los golpes de bordonera en la batería, que son detallazos bien llevados y que hacen que todo avance en un bucle brumoso que va ganando en intensidad.
“Started Down” es el tema más introspectivo y lento del disco. Acústica y voz, pero con una desnudez manifiesta y buscada. La caja de batería destensada le da un toque diferente a lo ofrecido hasta el momento, y los juegos de pausas y de volúmenes son la gracia de la canción. Sé que no me perdonará si lo digo, pero después de Steven Wilson, Bruce Soord es el mejor compositor de prog emocional habido y por haber. El final del disco gana en minutaje y “Kept Me Thinking” sube hasta los casi siete minutos de duración. Posee el solo de guitara más Pink Floyd de todo el disco.
Y nos queda la monumentalidad del tema que da título al disco, de casi 13 minutos en una suite muy personal y en la que nuestro protagonista da rienda suelta a lo mucho que tiene dentro. Silencios largos, coros apoyando sin reclamar el protagonismo y una letra muy protagonista. Esta canción va a tomar mucho protagonismo en los shows en solitario pues veo en ella el alma del artista y un punto (y seguido) en su trayectoria. Es como si Soord debiera dar salida a esta composición para luego darle cancha. No es que resuma el disco, es que es el disco en su totalidad. Y si es la última, es por algo.
Ghosts in the Park es de lo más introspectivo y personal que ha grabado nunca el divo inglés del prog. Es un disco muy especial y a nivel emocional me ha llegado a recordar esa obra maestra titulada Wasteland de los polacos Riverside, no por el estilo, pero sí por lo inspirado de la temática que es la pérdida del ser/es queridos. Disco para evadirte y pensar en los seres queridos y en estos tiempos tan tristes, que también han influenciado en la composición. Y deciros que el miedo de Soord a Trump viene ya desde la primera legislatura del monstruo naranja.


Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
