Hans Zimmer
Palau Sant Jordi
27 de marzo de 2026
El nombre de Hans Zimmer es sinónimo de bandas sonoras memorables, de ser el componente que da ese qué eterno a algunas de nuestras películas favoritas, siendo capaz de evocar unas emociones que a priori podrían resultar imposibles de evocar en vivo. Sin embargo, con un sold out en el Palau Sant Jordi bajo el brazo y con una producción equivalente al ejército de un pequeño estado caribeño, el bueno de Hans desgranó una de esas experiencias muy difíciles de olvidar.
La velada comenzó con una dupla del Caballero Oscuro, la obra maestra de Nolan, de la mano de “Like a Dog Chasing Cars” y “Why so Serious”, tras la que el maestro Zimmer aprovechó para agradecer en catalán a un Palau Sant Jordi lleno hasta la bandera.
Hubo un primer estallido entre el público cuándo una soprano apareció con un vestido dorado para encarar “Pauls Dream”, pasando el protagonismo al virtuoso Guthrie Gorvan, que hipnotizó al personal con su precisión milimétrica y sus melodías celestiales en “If You Love These People”. “Damas y caballeros, el mejor guitarrista del mundo” anunció Zimmer concluido el solo. Que un genio así te otorgue tamaño reconocimiento es más de lo que muchos músicos se atreven a soñar.
Hubo cierto bajón cuándo tocó desgranar la BSO del Código Da Vinci, pese a que la puesta en escena, con una gran falda roja surgiendo de la violinista principal, seguía siendo espectacular. En todo momento Hans Zimmer se iba dedicando a presentar y a agradecer a los músicos que lo acompañaban, haciendo pequeñas bromas y dándoles sus momentos de protagonismo, cuando podría haber sido muy fácil que él acaparara todo el protagonismo.
La sección más especial de la primera mitad del show vino de la mano de la celebrada banda sonora de Gladiator, iniciando con la grandilocuente “Homecoming” y culminando con la emotiva “Now We Are Free”. El bueno de Hans, tras haber pasado por casi todos los instrumentos que había en el escenario, anunció un descanso de 20 minutos que permitió un merecido descanso a los músicos y un refill de cerveza a los espectadores.
La segunda parte comenzó igual que la anterior; con todo un hit de un filme de Nolan como “Dream Is Collapsing”, que incluyó un prodigioso y extenso solo dual de batería y percusiones. Tras una extensa presentación de su extensa banda, hubo un momento de romántica quietud con “And Then I Kissed Him”, aunque también hubo tiempo para piezas más inspiradoras como la reciente “F1”.
Hubo tiempo para que Zimmer explicara una curiosa batallita con Christopher Nolan, en el que este le pidió que escribiera la banda sonora para una pequeña fábula que había escrito: un tema sencillo e íntimo que terminó por convertirse en el corazón emocional de los cuernos épicos que todos relacionamos con Interestellar. El momento culminante de esta sección vino con una bailarina embutida en un traje que la convertía en una bola de discoteca antropomórfica, girando sobre el público como si se tratara de una de las estrellas de la celebrada ópera espacial de Nolan.
Una de las partes más emocionantes de la noche para un niño de los ‘90 como yo fue cuándo tocó encarar la banda sonora del Rey León, para la que contó con la colaboración de toda una tribu africana para las percusiones, los coros y las coreografías, convirtiendo al público una vez más en esos niños que quedaron fascinados con la versión peluda de Hamlet.
El sprint final vino de la mano de la celebradísima banda sonora de Piratas del Caribe, habiendo el virtuoso Guthrie Gorvan hecho una orquestación que convirtió el terrorífico tema “Kraken” en todo un cañonazo de metal progresivo. La grandilocuente “One Day” probablemente trajo uno de los momentos más emotivos de toda la actuación, pese a que “He’s a Pirate” fue sin duda la más celebrada de toda la noche. La velada concluyó con la introspectiva “Time” de Origen, culminando a la perfección con un show que tuvo momentos de todo tipo y por el que llegaron a pasearse más de cien músicos y artistas.
Pese al sold out y el considerable precio de las entradas, no podía dejar de pensar en cómo un show así, con tantos artistas y un valor de producción tan alto, podía llegar a ser rentable. Sin ser contable ni tour manager solo puedo desear que le haya ido muy bien y que decida girar con mucha más frecuencia, pues lo que Hans Zimmer trajo a Barcelona fue algo más que un concierto; fue una experiencia musical y auditiva apta para toda la familia como no había visto jamás en mi vida.
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