Crimson Glory — Chasing the Hydra

83/100

17 de abril de 2026

BraveWords Records

 

Florida, con California y Nueva York, es uno de los vértices del triángulo mágico que explica la génesis del metal estadounidense. Ya se sabe: patria del death metal y cuna de varias bandas clave para la explosión de power metal del cambio de siglo. En el origen de todo aquello, bajo equívocas etiquetas como heavy metal americano, U.S. Power Metal o metal progresivo, se alza como un tótem Savatage. Pero no estaban solos, y su mejor escolta fue Crimson Glory. Una banda de culto hoy, cuyos dos primeros discos son auténticas obras de arte y que regresan con su quinto álbum, Chasing the Hydra. Más de veinticinco años han transcurrido desde el anterior.

 

Cuando decimos que una banda es de culto, se trata de un halago envenenado. Suele significar que nunca alcanzó todo el éxito comercial que merecía. Que, hoy, sólo es conocida (aunque sea profesándole devoción) por un puñado de iniciados. Para Crimson Glory implica asumir, por ejemplo, que cuando este verano visite nuestro país, el 3 de julio de 2026 en el Rock Imperium, tocará «In Dark Places» ante un público que en su mayoría la desconoce. El mismo público que, dos días después, aclamará a los cabezas de cartel Sabaton cuando suene el mismo riff en «Dreadnought». Joakim Brodén, declarado aficionado de los floridanos, será probablemente quien menos lo entienda.

 

Irónicamente, las bandas de culto también tienen que padecer a muchos de sus seguidores, anclados a un pasado irrepetible. Esos son los que dirán, por lo que a Crimson Glory respecta, que este nuevo álbum no vale la pena antes siquiera de escucharlo. Dirán que no les interesa porque no canta el legendario Midnight (lógicamente: por desgracia, falleció en 2009). Dirán que les falta inspiración porque no interviene el gran compositor y exguitarrista Jon Drenning (quien, es de suponer, tendrá preocupaciones mayores tras ser arrestado por la supuesta comisión de delitos contra la salud pública hace unos años). Y no están todos los que fueron, cierto es. Pero sí son muchos los que siguen.

 

Quienes están son Jeff Lords al bajo (quien se convierte ahora en el único miembro presente en todos los discos de la banda) y los cofundadores Dana Burnell y Ben Jackson, a las baquetas y a la guitarra, respectivamente. Los acompañan en esta nueva aventura el cantante Travis Wills y el guitarrista Mark Borgmeyer. Los focos se van a centrar sobre todo en la voz, y me limitaré a decir que, aunque nadie podrá ocupar nunca el lugar de Midnight, Wills a ratos me evoca a Geoff Tate, que no es poca cosa. Tiene un registro muy interesante, mostrando unos graves con voz rasgada que, sin llegar al growl, le confieren mucha versatilidad. Gran fichaje.

 

El quinto disco de Crimson Glory se había convertido en paradigma de las promesas incumplidas. Hubo un intento de disco con Midnight al frente en torno a 2007 (Metatron, Lucifer and the Divine Chaos), frustrado al quebrar su discográfica. Otra vez lo intentaron en la época en la que Todd La Torre era su cantante, pero el único rastro que quedó de aquello fue la (insípida) canción «Garden of Shadows», publicada en 2012. Así que yo deseaba profundamente devorar Chasing the Hydra y eso es lo que he hecho, intentando abstraerme de su pasado para apostar por su futuro.

 

 

En este álbum laten dos pulsiones. De un lado, busca Chasing the Hydra mantener el toque power/prog de los dos primeros discos de Crimson Glory. De otro, introduce influencias posteriores, cercanas a lo que han podido hacer en los últimos tiempos Fates Warning o Queensrÿche y siempre Dream Theater, desvelando una querencia por un metal progresivo (algo más) contemporáneo. Acaba prevaleciendo la segunda pulsión. Esto no es necesariamente malo.

 

Comienza con fuerza esta caza de hidras con «Redden the Sun». Un tema con múltiples cambios de ritmo, con Lords y Burnell rindiendo, en todos ellos, a altísimo nivel. Arranca pesado, entran fugaces unos teclados para un amago épico que se torna en arabesco, un solo de bajo, galope maidenesco y retorno a la densidad técnica. Como en el resto del álbum, hay guiños en «Redden the Sun» a su pasado, ya sea en la música o en la letra. «Touch the Sun» o «Masque of the Red Death» asoman por aquí las cabezas. Todo fluye como debe en este tema de apertura.

 

Menos convincente me resulta la canción que da título al álbum, «Chasing the Hydra». Su riff inicial, una variación del que vertebra su himno «Red Sharks», transiciona a un heavy metal de corte clásico y algo plano. Su estribillo machacón, eso sí, puede funcionar en directo.

 

La cosa remonta, y mucho, con «Broken Together», una de las joyas del disco. Aquí nos reencontramos con los Crimson Glory de sus mejores épocas, y volvemos a cambios de ritmo constantes. Hay melodías que me hacen pensar en Iced Earth, con múltiples transiciones a partes acústicas muy bien ejecutadas. Se enfrían algo mis ánimos con «Angel in my Nightmare», la canción más larga de Chasing the Hydra. Si en el anterior tema hubo un guiño a sus seguidores griegos recitando el título de la canción en su idioma, aquí hacen lo propio, pero en alemán, para sus fans germanos. Me quedo más con ese curioso detalle que con la atmósfera a lo King Diamond a la que nos arrastra en ocasiones este ángel de pesadilla.

 

Más luces que sombras en este inicio, en todo caso. Es entonces cuando Chasing the Hydra toma velocidad de crucero y nos sume en un trance de pura excelencia. «Indelible Ashes» supura misticismo oriental como en las mejores partes de Astronomica. La fantástica «Beyond the Unknown» despega sublimando ese despliegue de cambios de ritmo marca de la casa, del que son deudoras bandas como nuestros también geniales y también de culto Easy Rider. «Armor against Fate» tiene algún detalle hardrockero, por aquello de no repudiar su tercer disco Strange and Beautiful. Pero lo combina con partes técnicas que me hacen recordar, sin abandonar Florida, a Death.

 

La oscura «Pearls of Dust» no me parece tan memorable y acaba el álbum con «Triskaideka». Se trata del single de presentación de este disco, publicado hace ya dos años. Poco se puede decir de esta canción a estas alturas, más allá de que me sigue pareciendo una grandísima carta de presentación de lo mucho que puede ofrecer la voz de Travis Wills.

 

No estamos ante un disco conceptual en sentido estricto, y sin embargo existe un hilo conductor muy claro entre sus nueve canciones. Todas hablan, de una u otra manera, de la fatalidad (con una subcategoría dedicada a la muerte, que inevitablemente parece un homenaje a Midnight). En orden: el apocalipsis climático, la multiplicación de los problemas cuando intentas resolverlos, dos personas emocionalmente rotas que permanecen unidas, el dolor tras perder a alguien, la incapacidad de superar el duelo, el agujero negro de la depresión, el destino, el recuerdo de los compañeros caídos en la guerra y algo tan esencial en la carrera de Crimson Glory como es la mala suerte.

 

Estas letras de Chasing the Hydra, como le sucede a su música, no son de fácil digestión. No hay aquí una canción ligera que nos conceda algo de oxígeno. Sin embargo, tras abrazar el álbum en su conjunto y dejarme llevar por el viaje emocional que propone, me siento tremendamente satisfecho. Es impresionante todo lo que pasa aquí en tan poco tiempo (unos cuarenta y cinco minutos largos de duración total), y en cada escucha he descubierto algo nuevo.

 

El quinto álbum de Crimson Glory no puede sentarse a comer en la mesa de Crimson Glory y Trascendence (pocos álbumes pueden hacerlo). Pero sin ser la reina del baile (de máscaras), lo incluyo en el podio de los mejores discos de la banda. Ojalá esta formación obtenga el apoyo necesario para seguir intentando cazar hidras por muchos más años.

 


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