Pocos ejemplos se me ocurren más de mujeres a los que me haya hecho tanta ilusión entrevistar. Y es que Leonor Marchesi es toda una leyenda en nuestro rock patrio y cómo no merecía estar con nosotros. Aquí os dejamos la transcripción de la extensa entrevista que tuvimos a bien hacer con ella en nuestro canal de Youtube. Aquí os dejamos con la segunda parte (primera parte aquí).
Veníamos hablando sobre el nuevo disco, el miedo al cambio…
Los críticos dicen que es algo muy novedoso e interesante y, de momento, no hemos recibido críticas negativas. Y, sinceramente, tampoco las busco demasiado. Para mí las críticas deben ser constructivas. Puede que a algunas personas no les guste el cambio, pero como mujer luchadora dentro del rock estoy bastante acostumbrada a eso.
Imagínate que cuando yo empecé a cantar prácticamente no había mujeres en este género. Nosotras recibíamos muchas críticas: desde la ropa que llevábamos hasta comentarios muy superficiales.
Recuerdo una anécdota en un festival muy importante en Buenos Aires. Estaba subiendo por la rampa para salir al escenario y uno de los road managers, que además trabajaba para otra banda, me apartó porque no querían que subiera una chica a cantar. Yo tenía que actuar y aquello fue bastante fuerte. Por suerte, los músicos se acercaron inmediatamente y el mánager solucionó el problema.
Todas esas experiencias de vida me han forjado mucho. Siempre he tenido esa antorcha encendida que me guía por los caminos que realmente me interesan, independientemente de las opiniones que no aportan nada. Esas críticas no me interesan; lo importante es seguir avanzando.
Precisamente esos comienzos y las experiencias que estás contando me llevan a la siguiente pregunta. Estamos hablando de 1981 o 1982: una mujer dentro del rock en Argentina que después acabaría viniendo a España. Si ya de por sí había muchas barreras culturales, imagínate en aquella época. Que surgiera alguien como Leonor Marchesi con Púrpura, una chica al frente de una banda de rock, debía resultar bastante chocante.
Sí, era muy chocante. Por eso llamábamos mucho la atención en los festivales. Como comentaba antes, a veces incluso intentaban impedir que subiera a cantar. Pero luego, cuando estábamos sobre el escenario, tanto el público como la gente que nos rodeaba reaccionaban con sorpresa.
Púrpura fue la primera banda de rock con una chica al frente en ese contexto, y yo era muy joven. Fue un desafío enorme. Sin embargo, la música trasciende. Hace poco, por ejemplo, me contactaron desde un sello multinacional porque quieren reeditar los discos de Púrpura, valorando su contenido creativo y el mensaje cultural que tenía aquella propuesta.
Eso me emociona mucho. Soy una persona muy agradecida con cada momento y cada experiencia, como este momento que estoy compartiendo con vosotros. Recordar todas estas vivencias me emociona, así que siempre estoy profundamente agradecida.
En aquella época, ¿estaban Doro, estabas tú… y pocas mujeres más al frente de bandas?
Sí, en aquel momento en el mundo estaba Doro, estaba yo en Argentina y luego vine a España con Santa. También estaba Azucena, que considero que fue una mujer muy valiente.
Para mí fue todo un desafío ocupar un lugar dentro del heavy metal al lado de Azucena, porque ella era una figura muy potente, muy radical en el mejor sentido dentro del género. Poder estar allí fue un reto, pero también una alegría, porque con los años he podido reconocer que fui valiente al abrir un nuevo camino en mi vida y en mi música.
Gracias a todo eso he conocido a gente maravillosa en España: en Barcelona, en Madrid y en muchos otros lugares. También en las islas, donde grabé Crucifixión. Lo hicimos en los estudios Mediterráneo de Ibiza con Dennis Herman como productor y con músicos de la isla. A veces todavía me escriben preguntándome cuándo volveré. Tengo recuerdos muy importantes de aquella época.
Y poco se habla de que, además, te uniste a Santa cambiando de país y de continente. Y no solo eso: llegabas como nueva cantante en una banda que ya estaba bastante establecida. Eso tampoco debió gustar a todo el mundo. Hay que decirlo: tuviste muchísima valentía.
Sí, la verdad es que seguí adelante. Cuando me subo al escenario me transformo completamente. El artista, el cantante o el músico siempre busca un lugar donde poder expresar lo que siente. Es casi una necesidad psicológica.
Seguí adelante y, mirando atrás, creo que sí, que fui muy valiente. Fue un desafío enorme. Con el paso de los años, aquel disco que grabamos con Santa —con Jero Ramiro como creador del proyecto, Miguel Ángel Collado en los teclados, Diego Jiménez en el bajo y Bernardo Ballester en la batería— ha quedado como algo muy importante.
De hecho, hace poco nos reunimos para tomar algo, porque surgió la idea de hacer algún tipo de reunión o aniversario, se organizó también un homenaje a Templario y nos reunimos para idear esa idea. Empezamos a recordar muchas cosas y, bueno, realmente ellos también reconocen mi valentía. Yo creo que, si hubiese sido al revés, ninguno de ellos —o muy pocos— habría ido a otro país para reemplazar, aunque en realidad es algo irreemplazable, a la cantante o al cantante de un grupo determinado.
Es como si, de repente, un cantante famoso de aquí viajara a Buenos Aires para reemplazar a Adrián Barilari en Rata Blanca, por ejemplo. No creo que eso ocurriera. Eso no se ha visto mucho en la historia de la música.
Ahora, mirándolo con perspectiva, sí: en verdad fui muy valiente.
Es que cambias de continente, de país, de banda y de cantante. Y los fans argentinos de Púrpura… estoy seguro de que, sobre todo en aquella época, hubo gente que se sintió dolida o incluso traicionada.
Sí, puede ser. Pero en los años noventa estuve viviendo en Buenos Aires promocionando el disco que grabé en Ibiza, que se llamó Encrucijada. Actué en teatros y en festivales, y recuerdo muy bien los conciertos en teatros por la sonoridad.
Escuchaba perfectamente los comentarios del público. Mucha gente me decía: “Sos nuestra, quedate con nosotros, Leonor”, “volvé”. Todo con muchísimo cariño y amor.
Si ellos quieren que regrese, siempre está esa posibilidad. Pero la música, y más ahora con las nuevas tecnologías, nos mantiene en un presente inmediato.
Aquí también me ocurre algo parecido. Por ejemplo, cuando salía de un concierto de U.D.O. en un estadio en Madrid, mucha gente se acercó a saludarme y me preguntaba: “¿Qué estás haciendo ahora, Leonor?”, “¿Cuándo te vemos en directo?”.
Hay mucho cariño en ambos continentes, pero sobre todo mucho respeto.
Te iba a decir que, a nivel estético, como mujer también existía esa parte de sex symbol que mucha gente comentaba. Pero además, en la forma de vestir sobre el escenario, creo que influiste a muchísimas chicas y mujeres.
La verdad es que había una indumentaria especial. El rock tiene casi una especie de tribu estética: se caracteriza por los colores, por la ropa… y siempre ha sido así en todas las épocas y en toda la historia de la música.
En mi caso, como mujer, siempre me gustó la sensualidad, pero no completamente manifiesta. Esa era mi característica. Mientras algunas artistas provocaban mucho más —cada una buscando su propio estilo dentro del rock o dentro del género que fuera—, a mí siempre me gustó más la sutileza. Esa era mi bandera: la sutileza, la fuerza escénica y, sobre todo, la fuerza vocal. También plantarme con mucha seriedad y respeto ante este movimiento, que para mí siempre ha sido absolutamente cultural.
En aquellas épocas, a veces el público confundía los personajes con los criterios o con la realidad. Para mí siempre ha sido un trabajo: un trabajo de entrenamiento vocal, de preparación escénica y de construcción artística. Una labor que yo misma he creado desde el corazón.
Siempre me ha gustado compartirla con quien quisiera seguirme —o seguirnos, en el caso de la banda—, con total libertad. Porque estamos aquí para hacer, dentro del arte, aquello que más nos gusta. Nunca me he sentido presionada.
Siempre me he sentido muy respetada por los músicos que me han acompañado a lo largo de toda mi trayectoria. Sin embargo, también he vivido situaciones de machismo, especialmente en Argentina, con algunas anécdotas en las que a veces se confundían ciertas cosas. Aquí también ocurrió en algunas ocasiones.
Recuerdo que, cuando terminaba de actuar y bajaba por esas enormes rampas de los festivales durante las giras con Barón Rojo, viajábamos en un bus, montábamos el equipo, nos subíamos a las furgonetas, llegábamos a los estadios o a los recintos… y después de los conciertos siempre había gente que se acercaba, a veces con alguna doble intención.
Pero bueno, yo siempre pensaba: esto forma parte del mundo de la música. Es el arte, el glamour del espectáculo, del rock y de toda esa esencia que siempre me ha fascinado compartir.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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