Astray Valley + Axsel + Megara
Sala Revi Live, Madrid
13 de marzo de 2026
Redacción: J. A. Díaz.
Fotografía: Javier Paredes.
Basta con echarle un vistazo a nuestro logo para comprobar que en Stairway to Rock nos tira el fucsia, así que no podíamos faltar a esta cita en la que los madrileños Megara presentaban en casa su último trabajo, 4ño C3ro. Sucedió esto un viernes 13. Yo no soy supersticioso, porque creer en esas cosas trae mala suerte, pero, aunque no se quemó en la hoguera a ningún templario (si bien tuvimos humo de sobra) ni se personó por allí Jason Voorhees (sí lo hicieron otros seres enmascarados), lo que sí presagiaba problemas era la tormenta de polen que nos engulló camino a la sala. Mal día para ser cantante, como tendríamos ocasión de comprobar.
Astray Valley
Era indisimulable que Clau Violette no estaba bien, y ella misma reconoció que el día anterior estaba todavía enferma. Fue una verdadera lástima que no pudiéramos disfrutar en su plenitud de una de las voces más versátiles que ha dado el metalcore, pero hizo gala de entereza y sacó adelante la actuación con nota. Mención especial merece Umbra Hatzler, bajista recientemente incorporado al grupo, más allá de su buena presencia en las tablas o de su impecable melena, por cómo se echó la actuación a las espaldas y apoyó en los growls a su compañera, paliando así este hándicap con el que se nos presentaban los barceloneses.
Aunque hace ya un tiempo que Astray Valley no saca al mercado un nuevo disco, han publicado tres nuevos singles en menos de un año y era de recibo tomarles el pulso en directo. Completaron su setlist con unos cortes de su segundo álbum, Midnight Sun. A este respecto, en los últimos tiempos comparten con Megara una clara tendencia: la exclusión de su disco debut de sus directos. Es una lástima, particularmente en su caso, pues Unneth es una joya y creo que muchos agradeceríamos volver a escuchar temas como «Singularity», «Northlights» o «Hollow».

Con gran parte de los asistentes todavía haciendo cola en la entrada, arrancaron con «Opium», uno de esos tres nuevos singles. La descarga prosiguió con «Darkest Times», en la que lograron animar al público. Hasta entonces, como suele ser habitual en la sala Revi Live, estábamos disfrutando de un buen sonido, pero con «Synthetic Heart» las pistas pregrabadas provocaron cierta saturación. Vuelta a Midnight Sun con «Pray for the Devil» tras una reflexión sobre los prejuicios, y entramos en la recta final del concierto.
«Crystallized Soul» sonó tremenda y el grupo fue consciente de ello, pues fue la que más dinamismo generó en el escenario. A pesar de ser un single publicado hace algo más de un mes, el público respondió. Apunta a fija en su repertorio. Cerraron con «Your Skin». Para entonces, la sala ya se había llenado y, entre eso y los efectos secundarios del tema anterior, lograron que el público se lanzara a mover los brazos. Fracasaron en su intento de que se creara un mosh pit y ello podría explicarse aduciendo que no estaban ante su público. Ciertamente, quienes poblaban la sala habían venido a ver a Megara, pero (y esto pudieron comprobarlo los madrileños también más tarde) nos tocó un público de natural gélido. A pesar de todo, Astray Valley dejó un buen sabor de boca entre la asistencia.

Axsel
La primera sorpresa de la noche. Cuando todo el mundo esperaba ya a Megara, subió al escenario un jovenzuelo, quien se identificó como el hijo de Rober, guitarrista de la banda fucsia. Se materializó entonces en la sala una nutrida representación de (presumiblemente) familiares y compañeros de clase de Axsel, los cuales, en su mayoría, se evaporararían tan pronto como terminó su actuación. El joven nos cantó en directo sobre las pistas pregrabadas de sus dos singles ya publicados, «Rómpeme» y «Para no olvidarte», con descarga del cañón de humo incluida. Aunque iba ataviado con una camiseta de Kiss, su estilo diría que es más cercano al de grupos como Pignoise. Finalizó la cosa en modo paroxismo kitsch, con lanzamiento de sujetadores al escenario (sí, esto ocurrió). El chaval se llevó un bonito regalo de su padre y del resto de Megara, quienes, ahora sí, aparecieron a continuación.
Megara
El espectáculo que nos brindó Megara para una banda de sus dimensiones, que por mucho pasado eurovisivo que tengan no son tan grandes como algunos piensan, sólo puede tildarse de brutal. La banda había planteado este concierto como un renacer, de ahí el título del álbum que estaban presentando, a raíz de las dificultades que atravesaron hace un año. Nos ofreció Megara una representación conceptual, con pantallas a ambos lados del escenario, en las que antes de que tocaran las canciones del nuevo disco una malvada inteligencia artificial de nombre A.U.R.A. nos dejaba claro que pretendía sabotear este concierto. Más allá de que estos vídeos sirvieran para que el grupo se tomara un respiro de vez en cuando, preparaban una genialidad que ninguno de los asistentes vimos venir y de la que hablaremos en breve.
Quizás fue la gripalergia sumada a la humareda en la que estaba envuelta, pero como había sucedido con Clau Violette, la voz de Kenzy Loevett no estaba a pleno rendimiento. Esto se hizo bastante patente en la primera canción, «Karma», donde su voz quedó algo enterrada en la mezcla. Los técnicos lo solventaron rápidamente, pero había ahí un problema de mayor calado. No le importó demasiado a nadie, porque Kenzy es un animal del directo y solventó estas dificultades a base de puro carisma y de su conexión con Rober, amante padre encapuchado con corpsepaint cubriendo su rostro. Ya en esa primera canción, con su despliegue de diez bailarinas y sus continuos cambios de attrezzo, más el humo, las luces y los vídeos, nos dejaron claro que íbamos a vivir algo especial. Tras otra canción del nuevo álbum, «13 razones», se montó en el escenario una siniestra representación de Alicia en el País de las Maravillas a lo Jan Švankmajer, que anticipaba que algo caería de Aquí estamos todos locos. En efecto, una inquietante e hipnótica representación de estatuas vivientes en torno a una mesa de té sirvió para adornar «Bienvenidos al desastre». De ahí, siguieron repasando su discografía, en esta ocasión deteniéndose en Truco o trato, con «Estanque de tormentas» (una de las sorpresas del setlist, que no tocaron en su presentación del disco en Barcelona el mes pasado).

Kenzy tomó entonces entre ovaciones su pseudo-Flying V fucsia y negra y dio rienda suelta a su lado más hardrockero para presentar «Del revés». Tras finalizar, ella misma anticipó que ahora “tocaba temazo” y se cayó la sala con «Hocus Pocus», que tocaron arropados por ocho de las bailarinas, ahora desenmascaradas y de pelo azulado a lo Alissa White-Gluz. Vino a continuación la otra sorpresa respecto de su anterior concierto de presentación en tierras catalanas, «Saturno», con buena acogida de los asistentes.
Nuevo punto álgido del concierto con la eurovisiva «11:11», y nuevo cambio de vestuario de las bailarinas, que ahora se nos presentaron ataviadas de conejos diabólicos. Tembló de nuevo la sala. Tanta fue la entrega de la banda en esta canción que Kenzy sufrió un incidente con su vestuario. Mientras intentaba infructuosamente arreglarlo (cosa que no lograría hasta un par de temas más tarde, y que le restó durante ese periodo algo de movilidad en el escenario), aprovechó para agradecer el apoyo de su productor Bruce, presente entre el público, y se vio obligada a alargar demasiado un speech que enfrió algo los ánimos.

Sin moverse del nuevo disco, sonaron «Vértigo», «Oniria» (preciosa representación con Kenzy cantando a cappella acompañada de dos bailarinas), «Boom Boom Bah» (donde padecieron un leve problema técnico con una de las pistas pregrabadas) y «Dime quién hay». El momento más simpático de la velada tuvo lugar mientras sonó esta última. La entrada al concierto era gratis para los niños y había unos cuantos en la sala. Así que a instancia de la banda se les hizo un pasillo para que hicieran un circle pit. El experimento funcionó sorprendentemente bien.
Quizás por vergüenza torera viendo que los niños estaban más implicados que ellos en el directo, los adultos se animaron a desgarrarse la garganta cantando cuando, tras la irrupción de un cerdo capitalista lanzando billetes al escenario, sonó «Involución». Y así llegamos al que fue el gran momento de la noche.
La cosa sucedió de la siguiente manera. Megara comenzó a tocar «Oxígeno» de Truco o trato, que fue recibida entre aclamaciones. Llevaríamos unos treinta segundos de canción cuando, aparentemente, se produce un apagón y el grupo se queda a oscuras lamentándose y pidiendo disculpas por no poder seguir tocando. Comienzan a escucharse entre el público los evidentes chascarrillos de que estas cosas pasan por hacer un concierto en viernes 13. Cuando muchos se disponen a ir a la barra o a tomar el aire mientras esperan a que vuelva la corriente, se encienden las dos pantallas y la malvada inteligencia artificial nos cuenta que ha logrado su objetivo de reventar el concierto. El apagón, efectivamente, formaba parte del show. Pero no acabó ahí la cosa. La I.A., en su vídeo, nos sigue diciendo que ha accedido a nuestros datos personales, y el público comienza a recibir un SMS con el texto: “Hola [nombre]. Conozco todos tus datos y los he subido a mi nube. Elige tu bando antes de que sea tarde”. Inmersivo, original y merecedor de la gran ovación que se llevaron.

Tras un pequeño descanso y un buen solo de batería a cargo de Ra Tache, entramos en la recta final con «Truco o trato», con enésimo cambio de vestuario pesadillesco para las bailarinas y el público dándolo todo; «Cicatrices», del nuevo álbum, muy bien recibidos sus ramalazos techno para finalizar festivamente la velada; la benidormense «Arcadia»; y, cómo no, el tema título del disco que estaban presentando para cerrar la noche.
Con un buen sonido (dejando a salvo las puntuales incidencias comentadas), una buena ejecución y un espectáculo total e inmersivo, poco más se le puede pedir a Megara. Se coronaron en casa y demuestran que 4ño C3ro es un inmejorable reinicio para la banda, también en directo.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
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