Si hace poco os traje la crónica del concierto de La Plazuela en Barcelona, hoy no puedo estar más orgulloso de la entrevista que hemos conseguido en Stairway to Rock. Dentro de las bandas recientes con elementos del flamenco en su música, en mi opinión Derby Motoreta’s Burrito Kachimba no solo recupera la esencia del legado de Smash y Triana, sino que me parece la mejor banda de rock nacional en la actualidad, mezclando este género con la psicodelia setentera. Ha sido un enorme placer hablar extensamente con su guitarrista Tera Bada (más conocido con el apodo de Gringo), durante una videollamada cercana a la hora de duración, donde nos ha contado los entresijos de la formación sevillana, con todo lujo de detalles. Desde aquí, agradecerle su brutal calidad humana.
Para empezar, me gustaría que nos contaras cómo fueron los primeros años de la banda, desde que se formó hasta sacar el debut homónimo, así como vuestro fichaje por Primavera Labels.
Gringo: Pues van un poco de la mano. Nosotros arrancamos en verano de 2017. Empezamos a ensayar los miércoles por la tarde en el local del batería, de la Milkyway, sin mucha pretensión, un poco para desfogarnos. Estábamos en un montón de proyectos paralelos y, cuando fue acabando el año, teníamos ya como cuatro temas terminados y algún que otro ya empezado. Hubo un hueco en un estudio en San Bruno, en Alcalá de Guadaíra, y fuimos a grabar las dos primeras canciones que grabamos: «El Salto del Gitano» y «La Piedra de Sharon».
Se sacaron en Bandcamp las dos canciones y yo mismo hice un videoclip para «El Salto del Gitano», con unas imágenes de Navajeros, una película de cine quinqui (1980, de Eloy de la Iglesia), que por suerte estaba libre de derechos. Me tragué todas las películas del género y se me ocurrió la idea de pillar una peli antigua y ponerle nuestras cabezas. En esa venía lo que estaba buscando, que hubiera como un grupo de personajes donde poder meterlas y encima no tenía derechos. Fue sacar ese videoclip y, ya a principios de 2018, sobre febrero o marzo estaba yo con Miguelito, el cantante (Dandy) tomándonos unas cervezas, entre las doce y la una de la mañana, cuando nos pegó un telefonazo el sello de Primavera. Ya nos tenían el ojo echado y, cuando sacamos el single, nos dijeron que estaban interesados y querían reunirse con nosotros. Nuestro planning era sacar ese primer videoclip y, durante todo el año, otros dos más, como hicimos. Mientras tanto estuvimos negociando con Primavera los contratos. Ya en 2019 salió el primer disco (homónimo), cuando ya habíamos publicado el single de «Aliento de Dragón». En pocos meses estuvimos tocando una barbaridad, ya que la banda explotó rápido y nos hartamos de tocar ese año. Nos dieron el Premio Ruido (mejor disco del año) y luego ya vinieron el coronavirus, el segundo disco y la banda sonora de Las Leyes de la Frontera.
Me imagino que te resultará algo típica esta pregunta, pero ¿por qué decidisteis llamaros así, además de escoger estos apodos artísticos?
Gringo: Todo viene un poco de ese momento inicial, que nos gusta llamar kinkidelia. Ahora tenemos un ordenador en el local y grabamos por pistas y toda esta parafernalia moderna, pero cuando arrancamos no teníamos nada. Estuvimos un año y medio ensayando en un local prestado, hasta que nos buscamos el nuestro, y entonces nos grabábamos con el móvil. Lo poníamos en algún lado y ahí grabábamos un poco la idea que teníamos, y al escucharla siempre nos salía: “Ostras esto suena muy quinqui, muy cafre” y de allí vino lo de la kinkidelia. Después, con la idea del primer videoclip de la película de Navajeros, se cerró el círculo. Ya teníamos también el nombre largo de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que era muy bizarro, con un montón de cosas, como es la banda. Entonces salimos con el paquete entero: nos pusimos ese nombre, nos inventamos ese estilo de música, que es la excusa para hacer lo que nosotros queramos y escogimos los motes, relativamente antes de presentarnos públicamente. Con esos motes no queríamos parecer músicos, sino una banda de delincuentes de finales de los setenta (risas).
Como el Pirri, ¿no? (risas).
Gringo: Claro, llegó uno en plan: “¡Pues yo soy el Dandy Piraña!”. “¡Eh, relájate un poquito, flipado!” (risas).
Entiendo que, con vuestros anteriores grupos, no usabais apodos.
Gringo: No, fue un poco como apostarle con todo al 18 negro, como si fuera una ruleta en el casino. Siempre digo lo mismo, que Bob Dylan no se llama así, sino Robert. Entonces fue ir con una propuesta estética, inventarte el estilo de la nada, el nombre…
¿Os esperabais el éxito de Hilo Negro (el vinilo más vendido en España ese año), así como vuestra primera gira internacional? ¿Tuvisteis que retrasar su lanzamiento, por la pandemia?
Gringo: Sí, Hilo Negro se retrasó por la pandemia, como se paró el mundo entero. Nosotros no nos esperábamos nada… ya habíamos hecho el pacto con el diablo en el cruce de caminos, como Robert Johnson (risas). Habíamos decidido no hacer otra cosa que no fuera música. Hemos hecho orquestas, ferias, tocado en la calle… cualquier variedad de música que te puedas imaginar. Entonces nos llegó como una sorpresa, ya que todos estábamos en el mismo mood y ahora de repente, sin casi esperarlo, concierto tras concierto, con los espacios llenos de gente que esperaba ver a la banda, con la cabeza más motivada que nunca. Estuvo muy guay esa horquilla inicial, ya que al principio teníamos quizás solo dos canciones publicadas y la gente venía a ver qué era aquello. Había unos dos o tres segundos de silencio después del concierto y empezaban a aplaudir, como si no supieran qué estaba pasando cuando les veíamos las caras. Entonces ya entraban en el rollo y coreaban las canciones, pero ese primer momento de extrañeza estuvo muy guay: “¿Qué son esos seis pavos?”. Además, íbamos con otro teclista, que llevaba una careta puesta… todo muy raro. A día de hoy todos estamos viviendo de la música, que eso ya es un logro increíble.
Claro, antes entiendo que lo compaginabais con vuestros trabajos.
Gringo: Claro, antes íbamos picoteando de un trabajillo en otro. En general, la música no es algo que le puedas decir a tu padre que trabajas de ello (risas).
Una de mis favoritas de ese elepé es «Turbocamello». ¿No os parece evidente la simbiosis de la cultura y la música árabe en el flamenco? Como el sitar oriental en la psicodelia.
Gringo: Sí, ahí hay unos vasos comunicantes increíbles. De hecho, de entrada musicalmente es la misma escala, de la armónica menor, con sus variaciones, y basada en esa tienes dos tradiciones musicales. Además, ten en cuenta que nosotros aquí, sobre todo en Andalucía, estuvimos 700/800 años con la cultura precristiana (Al-Ándalus). Después también en el flamenco se produce esta increíble cosa, que es la relación muy primigenia que tiene con el blues.
Como lo que hacían Pata Negra, ¿no?
Gringo: Exacto esos tres primeros acordes de primera, cuarta y quinta también están presentes en el flamenco de alguna manera, y después está la psicodelia, que también de alguna manera baila sobre ese tono/semitono, como la canción de Jefferson Airplane de «White Rabbit». Entonces ahí existe un universo que ya gente como Smash o Triana había andado un montón y nosotros, de alguna manera, nos hemos impregnado de eso, ya que somos fans a tope de ellos y lo hemos incorporado a la actualidad. Aunque seamos gente que ya no tiene veinte años, tampoco tenemos sesenta (risas), por lo que toda esa música moderna también está dentro de nuestro estilo. En el flamenco, la música árabe, la psicodelia, el blues… hay una cosa increíble.
¿Todas esas influencias conforman lo que entendéis por la kinkidelia?
Gringo: Bueno eso fue como una especie de excusa, como te decía antes (risas). Desde los primeros ensayos ya notábamos que, con la textura vocal de Dandy y la de Jesús de la Rosa (Triana), la comparación era inevitable. De hecho, en el local si algo suena demasiado a Triana, a nivel musical lo solemos descartar, porque cualquier base musical a la que tú le pongas esas voces al final está respirando la misma cosa.
Que no parezca una canción sacada de El Patio, ¿no?
Gringo: Claro. Para no salir con que hacemos rock andaluz o psicodélico, nos inventamos ese término, ya que tampoco nos consideramos una banda de rock. Es un estilo que nos fascina, con el que nos hemos educado como con otros géneros, pero tampoco nos queremos encasillar en esos márgenes. Como tenemos esta libertad de experimentar con cualquier cosa, al final llamarlo kinkidelia nos pareció más real. Después claro, para jugar un poco con los periodistas y que se pregunten qué es eso (risas).
¿Cómo se produjo vuestra colaboración con Daniel Monzón, para la banda sonora de Las Leyes de la Frontera (2021)? ¿Cuáles son vuestras películas de cine quinqui favoritas?
Gringo: Películas como Navajeros o Colegas (1982, también de Eloy de la Iglesia) son duras en realidad, ya que no había muchos medios económicos para hacerlas, además de que se utilizaban actores que eran quinquis reales. Hay una crudeza, una violencia visual en las películas que compararía con La Naranja Mecánica (1971) de Kubrick. No son obras agradables de ver, retratos de la época. Hay heroína, dolor, miseria, periferia chunga de la época. Una especie de híbrido entre documental y ficción.
En cuanto a Daniel, nos llegó un correo suyo cuando estábamos ya trabajando en Hilo Negro. Nos dijeron que estaban preparando la película de Las Leyes de la Frontera y que habían pensado en nosotros para que hiciéramos un tema, que si podíamos hacer una videoconferencia para contarnos de qué iba. Nos reunimos con él y parte de su equipo, nos plantearon la idea y hubo muy buena energía en la conversación. Daniel Monzón es como si fuera un kinkidélico más (risas). Él tuvo una época en la cual quedaba los domingos para comer paella con Kiko Veneno, así que ya sabía dónde venía. Enseguida conectamos y siempre que puede venir a vernos lo hace y sus abrazos son increíbles. A los dos o tres días nos escribieron para ofrecernos hacer toda la banda sonora. Algunas secciones de la película llevarían canciones originales de la época, pero otra música había que componerla. Él habitualmente usa un compositor de música clásica, con orquestación para sus películas, pero pensó en cambiarlo por el carácter de la película.
Nos pusimos manos a la obra, nos pasó el guion con las escenas que teníamos que musicalizar, además de ciertas referencias de otras películas, cómo lo veían a nivel sónico, con total libertad creativa. Ahí empezamos un partido de tennis, nosotros en el local poníamos las escenas a ver qué se nos ocurría. Grabábamos cuatro o cinco ideas, se las pasábamos y nos daban feedback, como si construyéramos un castillo. Después vino Daniel con Mapa Pastor, la montadora y Oriol Tarragó, quien mezcló la música de la peli, durante los tres últimos días que estuvimos grabando en el estudio. Dejamos alrededor del ochenta y cinco por cien de la banda sonora grabada y después dejamos un pequeño margen abierto en el estudio, para que ellos decidieran qué quedaba mejor con lo que pasaba en cada momento. La empaquetamos, nos nominaron a los Goya y, como dijo nuestro batería, fuimos: “A muerte por gala” (risas).
(Risas) pusisteis también canciones de Smash allí, ¿no?
Gringo: Sí, había canciones de Smash, de las Grecas, una de los Canarios si mal no recuerdo. Era muy buena banda sonora, yo la recomiendo. Cuando nos pasaron el guion, ponía una canción con la que acababa, que al final no fue con la que terminó después, y yo acabé llorando. Se lo dije a Daniel, que también se emocionó.
¡Me encantó esa película y su banda sonora, la verdad!
En la siguiente parte, que publicaremos la semana que viene, hablaremos con Gringo de las siguientes cuestiones: cómo es el proceso compositivo y lírico del grupo; qué opinan del sector musical actual; el revival del rock andaluz y qué bandas actuales deberían tener más reconocimiento; en qué se diferencia Bolsa Amarilla y Piedra Potente, respecto a su anterior lanzamiento, así como si están trabajando en nuevo material; la primera vez que se emocionaron en un concierto, además del primer disco que compró con su dinero.
Apasionado del cine y la música. Desde 2021 he sido redactor en diferentes medios como Manners of Hate, Metal Nightmare y Queens of Steel. Recientemente incorporado al equipo de Stairway to Rock, para ofreceros desde entrevistas, reseñas de discos o crónicas de conciertos (con énfasis en el underground), además de cualquier artículo especial cinéfilo que me pase por mi cabeza. Especializado en heavy, thrash, speed, metal épico, doom, rock progresivo y psicodélico. Actualmente trabajando en una novela de ciencia ficción.
