En ciertas comunidades rurales, la superstición siempre ha ido de la mano con la tradición: sectas y cultos ocultos, rituales paganos o, desde un punto de vista menos rebuscado, la transmisión oral de leyendas o cuentos moralizantes, de lo más turbios. De todo esto se nutre el folk horror, que suele compartir varios elementos en común. Un paisaje de lo más campestre, una población con ciertas creencias o desconfianza hacia lo extranjero, así como ese componente de terror muchas veces sobre brujería o entes oscuros, que atentan contra la aparente tranquilidad. Se considera que este subgénero aparece con la trilogía británica de terror folklórico setentera: Witchfinder General (1968), de la cual toma su nombre la infravalorada banda de la NWOBHM, The Blood on Satan’s Claw (1971), así como la apoteósica The Wicker Man (1973), con el mejor papel del gigante Christopher Lee. Sin embargo, en este especial de Halloween he querido hablaros de otras tres películas que, si bien no suelen ser mencionadas dentro del folk horror, es evidente que tienen claros elementos de esta vertiente.
Antes de entrar en materia hagamos un recorrido histórico, sobre los orígenes cinéfilos del pánico en el extrarradio. Es evidente que la primera piedra la puso la pionera Häxan: La Brujería a Través de los Tiempos (1922). Dirigida por el danés Benjamin Christensen, se trata de un falso documental, sobre el relato de los inquisidores alemanes, en el tratado Malleus Maleficarum (1487). Se critica la poca comprensión en ese entonces sobre ciertas enfermedades mentales, así como su asociación con brujas y demonios. Ya en 1943 aparece I Walked with a Zombie (1943), sobre el vudú haitiano. Si os interesa esta temática, os recomiendo el desconocido disco homónimo del caribeño Exuma (1970), de folk psicodélico. Su director francés, el siempre reivindicable Jacques Tourneur, volvió a abordar la temática ocultista en Night of the Demon (1957), donde se investigan los asesinatos de un culto satánico. Pocos años más tarde, llegaría nuestra primera protagonista: Il Demonio (1963).
Il Demonio (1963): la antesala ignorada
Aunque los primeros en usar la mano cornuta en conciertos fueron los psicodélicos Coven, por sus evidentes creencias ocultas, es de sobras conocido que Dio popularizó el gesto de aprobación más usado para los metalheads. Explicó que tiene su origen en su abuela italiana, para protegerse del mal de ojo y las energías malvadas. El país que unos años más tarde vería nacer a mi querido giallo, ese estilo de terror parido por Mario Bava, también produjo una antesala ignorada, para la posterior oleada británica. Il Demonio nos cuenta la historia de Purificazione (brillante Daliah Lavi), una solitaria joven de un pueblo de Lucania, que está enamorada de manera enfermiza de Antonio (Frank Wolff), quien está prometido. Lo engatusa para beber de un vino, que está mezclado con su sangre, por lo que condena su futuro matrimonio. Como practicante de magia negra, los habitantes la quieren echar del pueblo, culpándola de varias desdichas.
Algo que llama la atención cuando visualizas esta joya, es la caminata en cuatro patas al revés de Puri, que evidentemente nos hace recordar a The Exorcist (1973) de Friedkin. La actriz se sometió a un desgaste físico y emocional brutal, comparable al de Isabelle Adjani en Possession (1981), de la cual se está preparando un remake… que miedo me da. Desde el abuso sexual, pasando por la persecución continua de un pueblo profundamente cristiano, así como la revelación del demonio que la está poseyendo. Brunelo Rondi quiso trabajar con actores desconocidos, para darle una mayor credibilidad a su relato, basado en casos reales. En blanco y negro, fue muy censurada en su época, aunque hoy se empieza a reconocer su importancia histórica.
Justo en 1964 aparece en japón la majestuosa Kwaidan de Masaki Kobayashi: una recopilación basada en diferentes cuentos populares japoneses. También se produjo Onibaba de Kaneto Shindō, sobre dos mujeres que asesinan soldados en los campos de arroz, para vender su armamento. Esta trilogía nipona la completaría Kuroneko (1968), del mismo director. Como hemos comentado, en ese mismo año ve la luz la considerada primera obra del folk horror, Witchfinder General, con el elegante Vincent Price, así como The Devil Rides Out, con el ya mencionado Christopher Lee y su inseparable director Terence Fisher. Tuvieron inmediata respuesta al otro lado del charco, con dos obras estadounidenses que deberían ser incluidas en la discusión: Crowhaven Farm (1970) y la agobiante Let’s Scare Jessica to Death (1971). Además de esta última, se publicó como decíamos The Blood on Satan’s Claw, así como la segunda película que trataremos.
The Devils (1971): las endemoniadas monjas de Loudun
Cómo no británica, dirigida por Ken Russell. Se refleja el caso real de posesión demoníaca colectiva, de las monjas de Loudun, que terminó con la quema en la hoguera del padre Urbain Grandier. Es interpretado a la perfección por el totémico Oliver Reed, quien nos dejó durante la grabación de Gladiator (2000), tras una apuesta con unos marineros en un bar irlandés, que culminó en una borrachera antológica. No es extraño que fuera amigo del igualmente volátil Keith Moon, batería de The Who. Su historia nos lleva atrás hacia 1634, en la Francia posterior a la rebelión de los hugonotes, como se conocía a los protestantes calvinistas. El Cardenal Richelieu (Chistopher Logue) instiga al afeminado monarca Luís XIII (Graham Armitage), para que centralice el poder estatal. Su objetivo es demoler las fortificaciones de dominio no católico, en especial Loudun, donde conviven pacíficamente. Allí urden un plan contra el mujeriego Urbain, para acusarle de corromper a las monjas del convento y condenarlo a muerte.
Además de Reed, cabe destacar el papelazo de Vanessa Redgrave como la jorobada madre superiora Jeanne des Anges, quién siente absoluta lujuria por el padre, a pesar de que este acaba de comprometerse y ni siquiera la conoce. Mención aparte para el inquisidor fanático Pierre Barre (Michael Gothard), además del padre Jean Mignon (Murray Melvin), consternado por la posibilidad de haber condenado a un inocente, tras un juicio a base de torturas sin declaración probada. Debido a sus desnudos de histeria colectiva (con escenas como la masturbación con la estatua de Cristo en la cruz) la censura fue muy dura, aunque fue galardonada con el premio a Mejor Director, en la edición treinta y tres del International Film Festival de Venecia. Es una absoluta obra maestra, basada en el relato histórico de Aldous Huxley.
Realizaremos ahora un enorme salto adelante en el tiempo, si bien no descarto escribiros una segunda parte, sobre las décadas que quedaron en medio. De recientes, por supuesto es necesario hablar sobre The Witch (2015), con Anya Taylor-Joy y su enorme director Robert Eggers, de quien esperamos con ganas el hombre lobo de Werwulf, así como Midsommar (2019) de Ari Aster. Tampoco podemos olvidarnos de la filmografía de Ben Wheatley: Kill List de 2011 o A Field in England (2013), ambas algo anteriores. Pero vayamos a un material más actual.
Cuando Acecha la Maldad (2023): la maldición de los embichados
En su día quisimos verla en el cine con colegas, pero no se acabó de concretar, así que tenía muy pendiente esta gema del terror argentino, con Demián Rugna en la dirección. Aunque se acerca más al terror sobrenatural, con cierto body horror, los elementos de folk horror son muy presentes, con su mitología propia. En un pueblo remoto de la pampa, los hermanos Pedro y Jaime Yazurlo (Ezequiel Rodríguez y Demián Salomon lo bordan) descubren en un bosque un cadáver destripado. Su investigación les lleva a una choza cercana, donde se esconden la anciana María Elena, con sus hijos Eduardo y Uriel. Este último está postrado en la cama y se ha convertido en un embichado: un ser poseído por un demonio, que espera su nacimiento físico. El cuerpo que encontraron resulta que era de un exorcista. El terrateniente Ruiz les dice que deben sacarlo de allí en camión y abandonarlo lejos, cuando descubren que se ha caído por el trayecto, con la posible escalada de la epidemia.
Destacan por otra parte las interpretaciones de Virginia Garófalo como Sabrina, la ex mujer de Pedro, así como sobre todo de Silvina Sabater como Mirtha: ella y su marido eran falsos profetas, pero cuando descubrieron a los encarnados enmendaron sus errores. Fue un éxito absoluto de taquilla y crítica. Se adjudicó el premio a la Mejor Película en el Festival de Sitges, siendo la primera cinta latinoamericana en conseguirlo. Mezcla momentos de puro frenesí, con otros más de reflexión, con un final pesimista. Rompió el tabú de violencia hacia los animales o hacia los niños, como ya hizo en su día la genial ¿Quién puede matar a un niño? (1976), de Narciso Serrador.
Apasionado del cine y la música. Desde 2021 he sido redactor en diferentes medios como Manners of Hate, Metal Nightmare y Queens of Steel. Recientemente incorporado al equipo de Stairway to Rock, para ofreceros desde entrevistas, reseñas de discos o crónicas de conciertos (con énfasis en el underground), además de cualquier artículo especial cinéfilo que me pase por mi cabeza. Especializado en heavy, thrash, speed, metal épico, doom, rock progresivo y psicodélico. Actualmente trabajando en una novela de ciencia ficción.
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