Black Sabath – Technical Ecstasy: 50 años del primer bajonazo

Technical Ecstasy

22 de octubre de 1976

Vertigo

Se suele recordar siempre la mítica frase de Henry Rollins en la que dice que “sólo puedes confiar en ti y en los seis primeros discos de Black Sabbath”, así que… ¿qué mejor que hacer una crítica del SÉPTIMO álbum y podrás entender cómo la línea ascendente del grupo se trunca por completo y de forma definitiva.

 

Hay que situar al lector a los Black Sabbath de 1976, ya consolidados y con problemas de estrellas del rock. Las adicciones y los roces entre los miembros del grupo estaban a la orden del día y eso era un problema gordo, pero hubo otro mayor que hizo que todos se unieran. Uno de sus exmánagers les llevó a juicio con el riesgo de tener que pagar el grupo una cantidad de dinero que no tenían, pues se lo habían fundido todo en cosas de rock stars de los 70.

 

Finalmente, fueron condenados a pagar una cantidad muy pequeña y respiraron. Pero habían dedicado todos los esfuerzos a preparar el juicio y se habían quedado sin tiempo ni ideas para la nueva obra. En esos años una banda no podía permitirse el lujo de estar más de un año sin entregar nada, y se vieron forzados a entrar en el estudio de vacío. Por otro lado, las otras bandas competidoras, inglesas e incluso americanas, estaban sacando auténticas obras maestras. Pintaban bastos…

 

La portada es una obra maestra absoluta, y muy probablemente lo mejor del disco. Fue un trabajo del equipo genial de Hipgnosis y bueno… mejor que dejemos que hablen los protagonistas:

 

“Ozzy Osbourne caminaba de un lado a otro frente a las propuestas apoyadas contra la pared, murmurando: «Esa sí» y «Esa no me gusta». No hubo conversación ni charla de relleno, tampoco discursos para vender la idea ni explicaciones que dar. «Esa es», dijo de pronto, señalando los robots y volviéndose hacia el resto de la sala, como retando a alguien a llevarle la contraria. Tres minutos, como mucho. Todos asintieron en silencio o expresaron su acuerdo entre murmullos. Me quedé encantado, aunque un poco atónito. La composición es una mezcla de fotografías, ilustración y gráficos superpuestos”. (Aubrey Powell de Hipgnosis)

 

El disco

Huelga decir que la cosa empieza bastante bien con “Backstreet Kids” pues estamos ante los Black Sabbath que uno espera encontrarse, acelerados, contundentes y con un gran Ozzy a las voces. Todo camina a las mil maravillas, pero ya hay algunos arreglos en el tramo instrumental algo diferentes a la vez que hay un tramo más melódico con un teclado a lo Uriah Heep (banda que estaba empujando fuerte) y era vista como rival. Iommi cumplía con el solo y con un riff machacón marca de la casa a modo de loop.

 

En “You Won’t Change Me” ya ves que el sonido ha cambiado por mucho que los riffs y la esencia sigan latentes. Es todo mucho más accesible, menos terrorífico e incluso hay momentos que pueden recordarte a Queen (¡!!). Los teclados de Gerald Woodroffe están tan presentes como la guitarra y eso, a la postre, sería algo que sus seguidores no iban a entender. Estaba claro que el grupo era muy permeable a lo que se cocía en esos años, y es que el solo es muy Brian May por mucho que sea Iommi quien lo perpetre.

 

Lo que si es una rareza absoluta es el “It’s Alright”. Una balada muy melosa e impropia de Black Sabbath. Pero es que rizando el rizo… es el baterista Bill Ward quien la canta, y lo hace de maravilla. Esto es Black Sabbath y la cosa se anima, pero para nada ese tipo de experimentación iba a ser bien recibida por los fans más leales. Atención a las diabluras con la acústica de Iommi, los gorgoritos del baterista y ese piano omnipresente… ¿Y qué hacemos con “Gypsy”? Curiosamente fue un tema que tocaron bastante en su época, pero es que es teatral. Hasta cierto punto posee el aura malvada que esperas, pero es como si el espíritu de Broadway hubiese poseído a nuestros Black Sabbath.

 

En “All Moving Parts (Stand Still)” hay un tema muy meritorio y original. Es poco Black Sabbath, y el bajo de Butler entra en terrenos casi funkies, pero con mucha gracia. También toca decir que Ozzy canta de cine, pero es algo especialmente comercial. Y obviamente juegan a acelerar con una parte cambiante. “Rock n’ Roll Doctor” es una de las canciones del disco que más vida tuvo sobre los escenarios. Es como que intentan adornar un tema puro del grupo con rock n’ roll, y eso a base de piano y riffs más accesibles e incluso con un cencerro.

 

Y “She’s Gone” es una balada muy sentida respaldada por una orquesta y que da otra dimensión a lo ofrecido hasta la fecha. Hay belleza, y todo avanza con la acústica de Iommi. Osbourne cumple con un papel vocal muy digno ante el ataque de una filarmónica. Y es que esos estudios daban para poder hacer este tipo de experimentos grandilocuentes, así que había que aprovecharlos.

 

La canción final “Dirty Woman” es precisamente la que quedó del disco, la que más tocaron y un poco la que aguantó este desaguisado. Son siete minutos muy trabajados en los que los tiempos doom mandan, pero potenciados por los muchos adornos y arreglos, especialmente de teclado. Es el bajo de Geezer lo más notable de una canción que es definitivamente lo mejor del álbum. También aquí se les ven las costuras pues dan más espacio al ornamento que a la canción, si bien, esta es muy buena. No da para clásico, sí para elevar el listón y convencer.

 

Veredicto

Se suele comparar el Technical Ecstasy de Black Sabbath con el A Night at the Opera de Queen, lo cual me parece algo correcto, pero fuera de lugar. Es decir: sí que es un disco que experimenta y toma riesgos, pero para nada cambia nada a mejor, de hecho, lo cambia todo a peor. No estamos ante unos Black Sabbath de subida, estamos ante un grupo que va atropellado y que experimenta a la vez que compone a sabiendas de que iban perdidos en una situación límite.

 

A todas las novedades musicales hay que añadir la decisión de ir a grabar a Miami, en unos estudios supermodernos y con un Iommi de productor que no dominaba el equipo. Muchas de las ideas compositivas fueron del propio Tony y del teclista en la sombra Gerald Woodroffe. Y fue, y de largo, el disco con peores ventas y números de todos los que habían sacado hasta la fecha. Con el tiempo, lo vuelves a escuchar y sientes cariño, pero te quedas con los seis anteriores de aquí a Lima.

 


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