Zucchero encandila a la Barcelona más italiana en «el templo»

Zucchero

Palau de la Música catalana, Barcelona

26 de septiembre de 2026

Redacción: Meritxell Álvarez

Fotografía: Marc Tomàs i Gimó

 

En el marco del 58º Festival de Jazz de Barcelona, hizo parada en el Palau de la Música Catalana Zucchero, la leyenda italiana del rock, pop y blues, con su “Baila (Sexy Thing) 25th – Under the Moonlight”, una gira que prevé terminar por todo lo alto en el estadio de San Siro de Milán en junio del año que viene y que ha contado con 8 fechas en España.

 

 

Zucchero es uno de esos tótems de la música que, por un motivo u otro, siempre están ahí, sin el afán de protagonismo de otros, pero siempre comprometido apoyando grandes causas, colaborando con los más grandes – quién pillara su agenda de contactos!-, y allí, de fondo, sus canciones forman parte del paisaje sonoro de varias generaciones que, lo conozcan o no, le han oído a lo largo de los años en anuncios, bandas sonoras o verbenas.

 

 

Con el aforo prácticamente completo, con apabullante mayoría de compatriotas del artista, y con una puesta en escena sobria y funcional, el concierto se desarrolló durante dos horas sin interrupciones, pero con dos mitades claramente diferenciadas. En la primera, un Zucchero más distante encadenaba temas sin mediar palabra, seguro de no tener que demostrar nada a nadie a estas alturas. Unos temas que, a excepción de un par de tímidos aplausos en los primeros acordes de un par de ellos, tampoco conseguía levantar pasiones exacerbadas ni entre sus fans más entregados.

 

 

Todo muy correcto y profesional: una banda de solvencia contrastada, Zucchero con una voz en una forma envidiable y un ritmo pausado pero efectivo. Solo las lentejuelas de Keba Williams despuntaban del conjunto. Las musas del Palau presenciaban “otro día más en la oficina” del Sr. Fornaciari y su banda. Hasta que con “Vedo Nero” conectó con el público para seguir con “Baila”, momento en que muchos no consiguieron seguir sin levantarse de sus asientos.

 

 

A partir de ahí, una vez todos sentados de nuevo, empezó la interacción con el público – mayormente en italiano, lo que no parecía un problema para nadie – en una fase más intimista con él sentado a la guitarra culminando esta parte con “Miserere”, a dueto con la proyección de Luciano Pavarotti en la infrautilizada pantalla y con la banda tomando más protagonismo, hasta el punto de retirarse él del escenario y dejarles brillar con versiones, entre otras, de Ike & Tina Turner. Regreso al escenario para abordar “Diavolo in me” – con quien escribe intentando evitar la intrusión de la versión mallorquina en su cabeza- y el ineludible bis de “Senza una donna”. Una buena noche de blues y rock de la vieja escuela con una estrella de las que no sabe vivir sin los escenarios.

 


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