Nirvana – Nevermind: 35 del principio y el fin de muchas cosas

Nevermind 

24 de septiembre de 1991

DGC Records

Y llegó la revolución… Sólo tienes que escuchar el riff de “Smells like Teen Spirit” para rendirte a los pies del cambio. De repente la realidad musical era otra y el rock festivo-excesivo angelino quedaba trasnochado y anticuado. Nirvana simbolizaba justo lo contrario de Van Halen, Whitesnake, Ratt y demás, y la MTV se desvivió por ellos y se apuntó al carro buscando una nueva etiqueta para darle un nombre a las sonoridades que salían de Seattle. Hubo grandísimas bandas que salieron de allí, pero ninguna como Nirvana.

 

Cuando el grupo editó Bleach ya estaban considerados como una agrupación con un potencial enorme capaz de liderar un cambio, lo que nadie tuvo tan claro que eso iba a suceder de la forma en la que ocurrió. Eso sí fue un eclipse en toda regla… Unos marginados “de provincias” romperían con todo lo establecido y llevaron a la fosa a millonarios instalados en Los Ángeles. La fiesta, las motos y las “nenas” se cambiaban por el dolor de la vida, el no encajar y las camisas de franela sustituyeron los bikinis y los peinados crepados. MENUDA OSTIA…

 

El disco

Cuando suena el riff de “Smells Like Teen Spirit” de inicio… pues ya vemos que todo va a cambiar. El mundo ya no sería el mismo en una canción absolutamente perfecta y apoyada por el videoclip ideal. Normalmente las grandes canciones no llevan grandes complicaciones, y eso, es justamente lo que aúpa a Nirvana a lo más alto. Y es que era un sonido nuevo, una propuesta nueva con una estética y con esa cadencia mítica del riff. La batería de David Grohl es para enmarcar y ya pone el camino a seguir. Pocas veces una canción hizo tanto y definió una década entera.

 

“Lithium” es otra de las grandes obras del disco. Aquí la melodía manda a pesar de que la electricidad latente está y el sonido grunge se sigue definiendo con una clase fuera de serie. Es el bajo de Kirst Novoselic el que le pone el plus en una tonada inmortal. La complejidad practicada es de punk, pero ese riff de guitarra y la forma de cantar de Kurt van más allá de lo icónico. Y luego hay esos juegos de cumbres y valles que llevan al tema en volandas.

 

“In Bloom” vuelve a reposar en el riff de guitarra, muy marcado. De verdad que es colosal lo que podían hacer tres tipos raros en una canción. Y es que es absolutamente hímnica, y me atrevería a decir que ella sola define lo que eran Nirvana y el grunge en su potencial. Y sí, hay que pararse en ese solo tan simple como sucio y tosco… Eso va a ser otra de las señales de identidad del estilo que estaba por nacer.

 

Seguimos para Bingo en la extraordinaria “Come As You Are”. Plagiaron la línea de bajo de Killing Joke, pero hubo magia compositiva y hay que quitarse el sombrero. Un tema así define lo que fue el grunge y el por qué los chicos y chicas de esa era caímos en los brazos de Nirvana. El solo de guitarra siguiendo la melodía del estribillo es de lo mejor del disco y nos trae un sonido-estilo nuevo.

 

Y toca hablar de “Breed”, otra de las colosales, con posiblemente el mejor estribillo de Nirvana y con esos alucinantes juegos de eco que la “ensanchecen”. Aquí está la mano del productor Butch Vig, el cuarto miembro de Nirvana aquí que hizo de este disco algo memorable. Este tema es la piedra roseta del álbum, y es el puente perfecto entre su anterior obra y el poder crear algo absolutamente adictivo, memorable y capaz de dar una denominación de origen a la ciudad de Seattle.

 

La delicadeza y sencillez de “Polly” es de las que duelen. Y de verdad que Kurt nunca fue un gran cantante, pero esa voz tan personal transmitía tanto… A lomos de acordes y tímidos arreglos de bajo y percusión, consiguen algo comercial que podía conectar con todo tipo de públicos. Es tan bella como hipnótica, y el secreto está en esa segunda voz. Buscando el contraste más absoluto, nos topamos con la rabia punk de “Territorial Pissings”. Alaridos, velocidad y conectando con el Bleach de forma ejemplar. Que se notara de dónde venían… con “desgañatización” final y ruidos de acople.

 

Entre las joyas absolutas está el “Drain You”, de alma pop, y con batería a contratiempo por parte de un Grohl exquisito. Parece que todo lo que hace es sencillo y fácil, pero es imaginativo y muy pensado. Los juegos instrumentales intermedios y la distorsión contienen la energía para luego soltarla en otro de los singles definitivos del disco. Entre las tapadas está la genial “Lounge Act”, de factura exquisita. Hay bandas que matarían por esta maravilla, pero quedaba engullida entre tanto himno intergeneracional. Y sí, el bajo creativo de Novoselic es impresionante y suena todo de maravilla.

 

El “Stay Away” se abre a bajo y batería y luego Cobain va entrando… subrayando el estribillo con fuerza y con esa voz inimitable y única. Juegos de pregunta-respuesta y otra línea de bajo espectacular. Una de mis debilidades es “On a Plain”, y más allá de que sea un temazo radiable y puramente Nirvana, aquí hay unos detalles exquisitos de bajo que la elevan. Y digamos que, a nivel compositivo, el grupo, y especialmente Kurt, estaba tocado por una barita mágica.

 

El “Something in the Way” merecería un capítulo-reportaje aparte… Menuda rareza de belleza inclasificable en la que hay orquestaciones medidas en una letra críptica y un gran trabajo en las escobillas del que sería luego el líder de Foo Fighters. Ya no es que podamos hablar de delicadeza, es que es como si Cobain no quisiera que escucháramos lo que canta con esa moderación vocal de los versos. El estribillo es otra vez memorable y el volumen aumenta. Y el “Endless Nameless” es morralla de ideas no desarrollada buscando recordar la identidad de su ópera prima y de quedar como auténticos. Es Bleach al cuadrado, sin viento favorable ni puerto de destino.

 

Veredicto

 Nevermind es la revolución, el símbolo del cambio y Kurt Cobain era el motor y ejecutor de todo, el hombre que se cargaba de un plumazo todo el negocio musical existente, pero él no estaba por aquello ni era consciente de lo que iba a ocurrir. Eran las discográficas ávidas de dinero y oportunidades que vieron un filón a explotar. Pero lo de Nirvana fue tan increíble como fugaz. Yo nunca fui un apasionado de las bandas de Seattle, las vi más como una amenaza al metal tradicional, pero… ¿Nirvana? Para mí eran absolutamente maravillosos y únicos.

 

Nevermind cambió el mundo musical, pero también a la juventud de la época y es comparable a cuando Bob Dylan pilló una guitarra eléctrica. También tengamos en cuenta que las letras del grupo eran más cercanas a los Ramones que a Dylan, pero qué mejor que escribir cosas que nadie comprende, pues los adolescentes de la época éramos unos incomprendidos (como en toda generación que exista). Y ya que estamos de comparaciones… recordemos que Kurt Cobain era el marginado y bicho raro de la escuela (como los Ramones), lo que, a él, le dieron el peso de Bob Dylan, y claro, de eso huyó, y de la peor manera posible.

 


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