Buenas tardes… bueno, buenos días. Hola, Mike. Te saludo desde Canterbury, yo (Yolanda) y él es Jordi Tàrrega, desde Barcelona. Ambos escribimos para Stairway to Rock, en España. Antes de nada, queremos darte las gracias por dedicarnos este tiempo. Creemos que eres una de las grandes voces del blues y del rock, y somos auténticos admiradores de todo lo que has hecho. Así que muchas gracias por atendernos.
Es un placer. Solo necesito cambiarme de gafas porque estas tienen un tratamiento que me molesta… Estas otras están bien.
El motivo de esta entrevista es que vas a regresar a España este mes de octubre para celebrar el 30.º aniversario de Magnolia, un álbum que, en muchos sentidos, cambió tu carrera y la de la banda. ¿Estás de acuerdo?
Creo que es algo muy bueno para los fans y también para nosotros. La verdad es que nunca pienso demasiado en si estas cosas van a cambiar algo o no. No suelo verlo así. Lo que sí creo es que es muy especial poder celebrar y volver a interpretar canciones que escribí hace ya treinta o treinta y un años.
Y es increíble comprobar que esas canciones siguen significando algo para la gente. Cuando creas música y las personas conectan con ella, la hacen suya y establecen un vínculo emocional… de eso trata realmente la música. Al final, eso es lo que estamos celebrando: la conexión entre esas canciones y la gente.
En Magnolia hay auténticas joyas como «Hello from Venus», «Magnolia» o «Gypsy Lullaby», probablemente algunos de los mayores éxitos de The Screamin’ Cheetah Wheelies.
Sin duda, Magnolia es el disco más querido de todos los que publicamos. De hecho, «Gypsy Lullaby» fue la primera canción que escribí en mi vida. Curiosamente no entró en el primer álbum porque, por alguna razón, no encajaba con aquel disco. Creo que en ese momento el resto de la banda no terminaba de entender esa canción, no captaban del todo su atmósfera.
Así que se quedó fuera del primer álbum. Pero cuando llegó el segundo, ya empecé a imponer un poco más mi criterio… y entonces ya no tuvieron demasiada elección.
Ahora se me acaba de ocurrir una pregunta. ¿Conoces las cifras de ventas de Magnolia? ¿Todavía recibís esa información?
La verdad es que no tengo ni idea. Nunca la tuve. No sé cuántas copias vendió. No sé cuáles son las cifras actuales y, sinceramente, ni siquiera sé si Magnolia vendió tantas copias como el primer disco.
La verdad es que esperaba que hubieran sido muchísimas.
Sí, pero realmente no lo sé. Es curioso porque, al mirar atrás y recordar aquella época, especialmente ahora que estamos haciendo esta gira y concediendo entrevistas en las que todo el mundo pregunta por aquellos años, me doy cuenta de una cosa: yo solo era un chaval.
Tenía 23 años cuando escribí el primer disco. Luego, cuando compuse las canciones de Magnolia, tenía unos 24 años. Bueno, salvo «Gypsy Lullaby», que como decía fue la primera canción que escribí. Mientras estábamos de gira nunca sabía cuánto dinero ganábamos por concierto. No sabía cuánta gente había asistido. No sabía nada de eso. Si necesitaba dinero, simplemente llamaba a mi contable y le decía: «Pon algo de dinero en mi cuenta». Ni siquiera sabía escribir un cheque.
Por eso, cuando la gente me pregunta por las ventas o por esas cifras, la verdad es que estaba completamente al margen de todo eso. Lo único que quería era tocar música. Era feliz porque viajábamos en autobús de gira, podía subir al escenario cada noche y me ganaba la vida haciendo música. Me sentía una persona muy afortunada. Vivía completamente el momento. Nunca me detuve a pensar en las ventas de discos ni en nada parecido.
Da la sensación de que España siempre ha sido un gran mercado para Mike Farris. Aquí se te quiere mucho. ¿Cómo recuerdas tu última gira por España, cuando actuabas tú solo con una guitarra acústica?
Sí, de hecho, así fue como empezó todo allí. Vine a España yo solo para ofrecer una serie de conciertos acústicos y creo que en aquella primera ocasión hice unos cinco. Después, hace un par de años, tenía una noche libre mientras estaba de gira por Europa. Un grupo de gente de San Sebastián, que dirige un club privado de música, quiso contratarme para actuar allí. Yo me encontraba entonces en los Países Bajos, así que tuve la suerte de poder volar hasta San Sebastián y pasar un par de días allí con unos amigos.
El local estaba completamente lleno, incluso habían vendido más entradas de las que cabían. Era casi un riesgo para la seguridad de la cantidad de gente que había. Solo estaba yo con una guitarra, cantando esas canciones, y todo el mundo las cantaba conmigo. Se creó un ambiente realmente mágico, muy emotivo: había gente riendo, gente llorando… fue una experiencia muy especial.
A raíz de aquello, mi amigo Eneko Gurruchaga, que fue quien hizo posible que todo esto empezara en España, salió convencido de que teníamos que volver a hacer una gira acústica. Ahí fue donde realmente nació la idea. Y la verdad es que siempre que puedo hacer conciertos acústicos, me apunto. Creo que es un formato que funciona muy bien para mí y me encanta hacerlo.
Hay otra cosa que me llama la atención y quería preguntarte. ¿Quién elige las ciudades donde vais a tocar? Porque no son las más típicas. No solo vais a Barcelona o Madrid, sino también a Santiago de Compostela, que es una ciudad preciosa. Yo viví allí seis años y espero que puedas pasear un poco por sus calles porque merece mucho la pena. También vais a Girona. ¿Ha sido decisión de Eneko o las elegiste tú?
Bueno, lo decide el equipo con el que trabajo, y Eneko forma parte de ese equipo. Ya teníamos cerradas las ciudades principales: Madrid, Bilbao, Barcelona… Girona está muy cerca de Barcelona. Esas son siempre las paradas habituales.
Pero para mí también es importante volver a lugares como Santiago de Compostela. Hacía algunos años que no iba y, cada vez que toco en España, siempre hay gallegos entre el público pidiéndome que regrese a Santiago. Además, a mi familia —mi mujer, nuestro hijo y yo— nos encanta Galicia. Santiago de Compostela es una de nuestras ciudades favoritas. Es uno de nuestros lugares preferidos para comer, tiene un ambiente maravilloso y la gente es fantástica.
Así que dije: «Tenemos que volver a Galicia esta vez». Además, ya se lo había prometido a toda esa gente, así que era una deuda pendiente.
Ten cuidado, porque el siguiente paso será comprarte una casa allí.
(Ríe). Es curioso, porque en Estados Unidos todo el mundo quiere viajar a París, a Londres o a Italia. Bueno… en realidad casi nunca les hablo de esto porque no quiero que todo el mundo descubra ese secreto.
Exactamente.
Lo que mucha gente no sabe es que España es un país increíblemente diverso, tanto por sus culturas como por su gastronomía y su belleza. Es muy difícil explicarlo.
Podrías pasarte los próximos veinte años viajando por España y aún seguirías descubriendo lugares nuevos: desde el País Vasco hasta Galicia, pasando por Asturias, Barcelona, todas las localidades que la rodean o toda la costa mediterránea.
Hay tantísimo por descubrir… Y la comida es absolutamente espectacular.
Además, cuando mi familia y yo venimos a España, nos ocurre algo curioso: nos baja la tensión. Todo va más despacio que en Estados Unidos. El ritmo de vida es mucho más relajado y supone una bocanada de aire fresco para nosotros.
Así que… sí. Creo que me he olvidado de cuál era la pregunta.
La has respondido perfectamente. Vamos a hablar ahora de otro lugar de España: el Azkena Rock Festival. Yo te descubrí allí, en la edición de 2004, y fue absolutamente increíble. ¿Qué importancia tiene para ti el Azkena Rock?
Precisamente hablaba de eso hace unos días con alguien. Creo que el Azkena puede ser uno de los mejores festivales de rock de toda Europa. Desde luego tiene una reputación magnífica. Sí. Eneko vino a Nueva York para hablar personalmente con mi mánager y convencerlo de que fuéramos a España. Ahí fue donde empezó todo.
Con el tiempo nos convertimos en una banda de culto allí y, por eso, siempre estaremos profundamente agradecidos al Azkena Rock Festival.
Después también he vuelto varias veces con mi carrera en solitario y siempre ha sido algo especial. Siempre me han recibido con los brazos abiertos, tanto con mi proyecto en solitario como con The Screamin’ Cheetah Wheelies.
Hace tiempo que no volvemos al Azkena, pero no es culpa del festival ni nuestra; simplemente no ha surgido la oportunidad. Pero quién sabe…
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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