Peter Jackson, quién será invitado en la próxima edición del Festival de Sitges, es mundialmente conocido, por su excelso trabajo en la adaptación cinéfila de The Lord of The Rings (2001-2003). Sin embargo, no todo el mundo conoce que no fue la primera vez que dirigía una trilogía, aunque esa no fuera su idea inicial. Este neozelandés empezó haciendo una enorme contribución en el terror de comedia gore. Nunca hubiera logrado la posterior excelencia y reconocimiento, sin su infravalorado trabajo previo con marionetas, animatrónicos, efectos especiales, trucos visuales… ¡Y muchísima sangre!
A un pequeño Peter de nueve años, sus padres le regalaron una cámara de Súper-8 (curioso paralelismo con Pedro, del Arrebato de Zulueta, fan también de ese formato de anchura), con la que empezó a rodar cortos caseros. Ya a los quince filmó con sus amigos The Valley (1976), un cortometraje de veinte minutos, en homenaje a Ray Harryhausen: maestro del stop-motion y los efectos visuales de época. Incluso fue emitido en un programa infantil de la televisión neozelandesa. También realizó parodias de James Bond o cortos bélicos.
La semilla de Bad Taste la encontramos en Roast of the Day (1983). Inicialmente era un corto de otros veinte minutos, que empezó a rodar a los veintidós, junto a dos amigos, durante los fines de semana. Su premisa inicial era sobre un cobrador de la caridad, que llegaba a una casa. Allí se encontraba a un tipo extraño, quien resultaba ser un alienígena caníbal. Cuatro años más tarde, con una historia cada vez más rocambolesca y horas de metraje, naves, personajes y, en particular, mucha más sangre, ese corto se convirtió en su primer largometraje.
Bad Taste (1987) – Aliens caníbales y hamburguesas humanas
Después de que el pueblo ficticio de Kaihoro quede desierto, la Astro Investigation and Defence Service (AIDS, referencia cómica al Sida) decide enviar a la unidad paramilitar The Boys, para investigar: Derek (el propio Peter Jackson), Frank (Mike Minett), Ozzy (Terry Potter) y Barry (Pete O’Herne, amigo de la infancia con quién rodó el corto original, junto a Ken Hammon). Pronto descubren que los habitantes han sido reemplazados por alienígenas que comen hombres, liderados por Lord Crumb (Doug Wren), que pretenden convertir a la humanidad en hamburguesas, para una cadena de comida rápida intergaláctica.
Aunque se nota que es su debut, es una peli la mar de entretenida y divertida. Ver a Jackson enfrentándose contra sí mismo (también hace del alienígena Robert) es demasiado gracioso. Las máscaras de látex de los extraterrestres las horneó en la cocina de su madre. Las armas de fuego eran de madera, así como fueron construidas en el garaje de sus padres. El presupuesto fue muy reducido (400.000 dólares), por lo que Peter tuvo que construirse una plataforma de madera con ruedas, para el traveling de su cámara de segunda mano. De hecho, gracias a la New Zealand Film Commission, que puso dinero de su parte viendo su futuro prometedor, pudo llevarse a cabo finalmente.
Meet the Feebles (1989) – Barrio sésamo para niños psicópatas
Creo que es la mejor descripción que se me ocurre, para este psicodélico «musical», con un reparto íntegramente formado por setenta títeres construidos artesanalmente. Podéis imaginaros algo igual de desagradable que The Garbage Pail Kids Movie (1987), pero con muchísimo más talento y argumento, sin que quieras arrancarte los ojos en plan Slipknot. Nuestros protagonistas son las estrellas de The Feeble Variety Show, un programa musical de televisión de éxito, si bien se encuentran sumergidos en un mundo de drogas, extorsiones, sexo… e incluso venéreas, en el caso del conejo Harry, que parece Bugs Bunny empapado en LSD. La estrella principal es la hipopótamo Heidi (Danny Mulheron), quien descubre que la manipuladora morsa Bletch (Peter Vere-Jones), su marido y productor del show, le está siendo infiel. Cuando descubre la verdad, tiene un brote psicótico y dispara una infinita metralleta estilo Predator, con fatales consecuencias: sobreviven el recién llegado Robert, un ingenuo erizo, así como su amor Lucille (una caniche), que se casan y tienen dos hijos; Heidi pasa diez años en prisión y se rehabilita con una nueva identidad, como cajera de supermercado; el elefante Sid sobrevive a una cirugía de rodillas y vive junto a su hijo; por último, el director Sebastian, un zorro ártico, escribió una autobiografía sobre la masacre y está negociando los derechos, para su adaptación cinematográfica.
Meet the Feebles no puede estar más infravalorada, ya que la posterior Brain Dead es una obra maestra archiconocida, pero esta locura me ha encantado. Hay varias secuencias donde te tronchas de risa, como la parodia de The Deer Hunter, la mosca paparazzi saliendo del retrete, la rata productora de cine adulto, la obsesión de Heidi con los dulces, la declaración de Robert, a pura guitarra flamenca o el inesperado número final de Sebastian: toda una oda a la sodomía.
Curiosamente, todavía a día de hoy sigue estando prohibida en Irlanda. A pesar de que fue un fracaso inicialmente en taquilla (solo generó 80.000 dólares, por los 750.000 que costó), eventualmente se convirtió en un fenómeno de culto. En lugar de poneros algún tráiler, que puede ser demasiado spoiler, os dejo este temazo. ¡Aunque parezca una mujer, en realidad está cantado por Mark Hadlow (voz de Heidi y futuro enano Dori, en la saga The Hobbit), en un falsete digno de elogio! Se trata de la primera película coescrita junto a su mujer Fran Walsh, por lo que al menos ellos sí conocieron el jardín del amor.
Braindead (1992) – Tu madre se ha comido a mi perro
No confundir con Brain Dead (1990). Con este spoiler se tituló en España esta obra maestra de la comedia de zombies. En Wellington, Nueva Zelanda, el joven tímido Lionel (Tim Balme) vive junto a su posesiva y tiránica madre, Vera Cosgrove (brillante Elizabeth Moody). Cuando este se enamora de Paquita (la española Diana Peñalver), la hija gitana del tendero local, su madre los espía en el zoológico de la ciudad, donde es mordida por el legendario «Mono-Rata de Sumatra». La madre se convierte en un zombie, así que Lionel decide torpemente encerrarla en su casa y atiborrarla de tranquilizantes, para mantener las apariencias frente a sus acaudalados vecinos, pero la plaga se expande.
Aquí es donde se aprecian, de manera más evidentes, las influencias de la brutal The Evil Dead de Sam Raimi, por los efectos prácticos sin CGI y los trucos de cámara. Está plagada de momentos sencillamente icónicos: la madre comiéndose su propia oreja, que se le ha caído sobre las natillas; el cura que «patea culos en nombre del señor», pero ya transformado se lo monta con la enfermera; el producto de esta blasfemia, el bebé zombie Selwyn, que debe pasear en su carrito Lionel por el parque; Paquita diciéndole «vete a la mierda y déjame en paz, gilipollas», al sobón y aprovechado del tío Lester (histriónico Ian Watkin), cuya infección recuerda a The Thing de Carpenter, por no hablar de su rocambolesco final.
Fue horrible limpiar tanta carnicería de sangre, en especial en la memorable escena del cortacésped, de más de 300 litros por minuto. Fue la única rentable de las tres (25.000 de presupuesto, con alrededor de 150.000 recaudados), además de ser muy reconocida con premios de la crítica especializada: nominaciones a mejor película en Sitges y Saturn, así como galardones en Fantasporto o su Nueva Zelanda natal.
Su posterior nominación al Oscar por Heavenly Creatures (1994), al Mejor Guion Original, fue clave para terminar dirigiendo The Lord of the Rings. Desde su fracaso inicial, con el productor y posterior delincuente sexual Harvey Weinstein, quién quería reducir el metraje a una sola película, Jackson por suerte pudo realizar las tres con New Line Cinema. Nunca le hubieran confiado semejante presupuesto, si antes no hubiese demostrado su talento desde el lodo, con su trilogía de comedia de terror. Cabe mencionar asimismo su compañía de efectos especiales Weta Digital, que fundó para The Frighteners (1996).
Apasionado del cine y la música. Desde 2021 he sido redactor en diferentes medios como Manners of Hate, Metal Nightmare y Queens of Steel. Recientemente incorporado al equipo de Stairway to Rock, para ofreceros desde entrevistas, reseñas de discos o crónicas de conciertos (con énfasis en el underground), además de cualquier artículo especial cinéfilo que me pase por mi cabeza. Especializado en heavy, thrash, speed, metal épico, doom, rock progresivo y psicodélico. Actualmente trabajando en una novela de ciencia ficción.
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