Seguimos hablando con Kosta (parte 1 y 2 aquí) y lo retomamos en la parte en la que hablamos del Aupa Lumbreiras y Rabolagartija.
¿Y tú estás contento con el cambio?
Sí, mucho. A mí Aúpa Lumbreiras siempre me gustó porque era un lugar donde nos reencontrábamos con muchísimos amigos y con otras bandas. En Rabolagartija era diferente. Llegabas allí y muchas veces no conocías a nadie. Veías artistas de estilos muy distintos: un rapero, otro grupo totalmente diferente… Todo perfecto, pero el ambiente no era el mismo.
En el mundo del rock somos una familia muy grande y tengo muchas ganas de volver a vivir ese ambiente. Creo que el festival va a estar muy bien.
¿Con qué disco llega el gran punto de inflexión de Boikot? ¿Hubo alguna canción o algún momento concreto que os hiciera pasar a otro nivel?
Sí, y además recuerdo perfectamente cuándo fue. Ocurrió con No escuchar, el segundo disco de la trilogía de La Ruta del Che. Cuando publicamos ese álbum, que grabamos en México, pasó algo que no esperábamos. Hasta entonces hacíamos conciertos en bares para ochenta o noventa personas. De repente nos llamaron para tocar en la sala Roxy de Valencia, que tenía capacidad para quinientas personas. Pensamos que el promotor estaba loco. ¿Cómo íbamos a llenar una sala de quinientas personas?
Llegamos allí y no solo se llenó, sino que se quedó gente fuera. Recuerdo que estábamos nerviosísimos. Ese fue el momento en el que todo hizo clic. Hoy puede parecer un salto pequeño comparado con grupos que llenan grandes recintos, pero para nosotros pasar de tocar delante de cien personas a hacerlo ante quinientas fue un cambio enorme. A partir de ahí la banda empezó a crecer y nuestras canciones comenzaron a llegar a mucha más gente.
Después llegó No callar, que grabamos en Argentina, y ese disco fue la confirmación definitiva de que Boikot había dado un paso adelante.
Fue una época espectacular. Tres discos en apenas tres años y, además, los tres con un nivel altísimo. No es nada fácil mantener ese ritmo de composición y ese nivel de calidad.
Sí, fue una época muy prolífica. Además, creo que aquel proyecto fue bastante pionero. En ese momento no era tan sencillo como ahora que los grupos dieran el salto a Latinoamérica.
No había prácticamente nada. No teníamos redes sociales y creo que ni siquiera había móviles. Todo consistía en mandar una carta diciendo: «Oye, queremos ir a tocar a Cuba», y esperar a que alguien contestara. Después llegabas al aeropuerto con la esperanza de que hubiera alguien esperándote. Era algo muy potente.
Le tengo muchísimo cariño a esa etapa de Boikot porque crecí mucho como persona. Viajamos muchísimo, conocimos de primera mano los problemas de mucha gente, hicimos grandes amistades y todo eso nos abrió la mente. Volvimos con otra mentalidad y creo que el grupo también cambió.
Participasteis en la campaña electoral de Unidas Podemos en 2019. Quería preguntarte si volveríais a implicaros con un partido político.
Siempre que el proyecto encaje con lo que piensa el grupo, que creamos que las personas que lo forman son honestas y que merece la pena apoyarlo, no habría ningún problema. Al fin y al cabo, creo que eso también forma parte del juego democrático. Si ese juego puede servir para mejorar la vida de las personas, ¿por qué no?
Es verdad que todo aquello nace un poco del espíritu del 15M. Recuerdo que estábamos de gira por Argentina cuando ocurrió. De repente surgió un movimiento popular organizado colectivamente para intentar cambiar la manera de hacer política en este país y romper con el bipartidismo de PP y PSOE.
Creo que era una muy buena idea. Lo que ocurre es que existen poderes fácticos muy fuertes que son quienes realmente gobiernan. Los políticos, muchas veces, terminan siendo títeres. Los grandes fondos de inversión, como BlackRock, son quienes tienen un enorme poder porque este sistema capitalista está construido de esa manera: quien más dinero tiene, más poder acumula.
Si no, ahí tienes el ejemplo de Estados Unidos. Un multimillonario puede llegar a la presidencia simplemente porque es multimillonario.
Vamos con una de las preguntas clásicas. Esta es un poco divertida. Boikot se escribe con K. En los años noventa estaba muy de moda escribir muchas palabras con K: Manolo Kabezabolo, las cartas en la Heavy Rock… Recuerdo aquella época en la que todo el mundo escribía con K. ¿Por qué Boikot con K?
Sí, probablemente era una forma de protesta. En aquella época todo lo que llevaba una K parecía tener más fuerza, sonaba más combativo. Empezando por un barrio mítico de Madrid como Vallekas. Yo mismo escribo Costa con K.
Lo iba a decir, porque además lo llevas escrito así.
Sí. Al final no tiene más significado que ese. Recuerdo que Alberto, que fue quien propuso el nombre Boikot, buscaba algo que sonara parecido a Barricada porque es un auténtico fan del grupo. Y, al final, Boikot y Barricada tenían una sonoridad parecida. Parece una tontería, pero fue un poco por eso. Era la época del rock radical… todo con K.
Antes déjame hacer una corta. ¿Qué escucha Kosta Vázquez hoy en día? ¿Qué música te inspira o suena normalmente en tu día a día?
Escucho de todo. Ahora mismo, por ejemplo, estoy muy metido en la música barroca. Me gusta muchísimo el violonchelo. Al final, gran parte de la música moderna tiene sus raíces en la música clásica. Cuando permaneces siempre dentro de tu zona de confort no aprendes. El aprendizaje está fuera de ella.
Una de las mejores decisiones que he tomado ha sido estudiar música clásica, música contemporánea y muchos otros estilos. Ahí es donde realmente evolucionas como músico. También me encantan los musicales. West Side Story me parece una auténtica obra de arte desde el punto de vista musical. Los Miserables también me fascina. Y luego, claro, escucho grupos actuales como Biznaga o Periferia, que muchas veces también suenan en la furgoneta de Boikot.
Pues te voy a recomendar dos obras de música clásica. Yo toco el violín y hace poco interpretamos un concierto que me pareció de lo más bonito que he tocado nunca: el Concierto para piano n.º 2 de Rajmáninov y la Quinta Sinfonía de Chaikovski. Esas dos obras te levantan el ánimo «kualquier día».
¡Qué guay! No sabía que tocaras el violín.
Entonces el titular sería: «Boikot escucha a Bach». Con K también. Vamos con una de las preguntas que hacemos siempre. ¿Cuál fue el primer disco que te compraste con tu propio dinero?
Pues vas a flipar. Fue un disco de Sangre Azul, El silencio de la noche. Ese fue el primero. Después me compré uno de Manowar, Kings of Metal.
Era un fanático de Manowar. Luego llegaron Fighting the World, Anthrax, Metallica… Poco a poco me fui acercando más a ese tipo de heavy metal, que era el que realmente me gustaba. Y, la verdad, todavía me sigue gustando muchísimo. Cada etapa de mi vida ha tenido su banda sonora, pero de joven estaba completamente obsesionado con Manowar.
Vienen el año que viene, ¿no?
Sí, lo he visto. Y pensé: «Ostras…». No sé si será una de esas cosas que de pequeño te parecían increíbles y luego, cuando las vuelves a ver de mayor…
A lo mejor sí. El último concierto fue una reconciliación. Era un poco una ruleta: o gloria o muerte. Y salió gloria.
La verdad es que muchos fuimos pensando que sería una despedida y nos quedamos impresionados por el nivel que dieron. Creo que merece la pena verlos en esta gira.
Eso sí, también te diré una cosa: los mejores conciertos que he visto de Manowar han sido espectaculares, pero también los peores. Mi mayor preocupación es Eric Adams. Siempre me pareció un cantante impresionante y ahora me da un poco de miedo verlo porque la voz es lo que más acusa el paso del tiempo.
Los guitarristas han ido cambiando y eso más o menos lo asumes, pero un cantante es otra historia. Por ejemplo, estoy alucinando con Bruce Dickinson. Lo ves y sigue estando en plena forma. Conserva esos agudos y esa potencia de voz. Es increíble.
Bruce Dickinson juega en otra liga.
Sí, totalmente. También me pasó con Michael Kiske, de Helloween, que siempre me ha encantado. Tenía un registro altísimo. Recuerdo discos como Keeper of the Seven Keys, que sigue siendo uno de mis favoritos.
Sin embargo, con el paso del tiempo ya no es lo mismo. Igual que ha ocurrido con Axl Rose o, en su momento, con AC/DC. Es completamente normal. La voz es un músculo y llega un momento en que el cuerpo ya no responde igual, sobre todo cuando has cantado durante décadas con un nivel de exigencia tan alto.
Con Def Leppard, por ejemplo, tampoco está nada mal el cantante para los años que tiene.
Voy yo con la segunda pregunta clásica. ¿Recuerdas haber llorado alguna vez en un concierto? ¿Con qué banda o con qué canción?
Pues mira, hace muy poco. De hecho, en el concierto de la Telecogresca, cuando tocamos Los últimos niños, casi no pude terminar la canción porque me emocioné muchísimo.
Es un tema escrito desde las entrañas y, a día de hoy, todavía me afecta cantarlo. Supongo que con el tiempo esa emoción irá cambiando, pero ahora mismo sigue removiéndome muchísimo.
¿Y viendo a otro grupo?
Sí. Me pasó con La Raíz. Fui al primer concierto que dieron tras reunirse después de la separación y, con el primer tema, me puse a llorar. No sé muy bien por qué. Supongo que por la emoción de volver a ver a una banda tan buena.
Además, a Pablo le tengo mucho cariño. Yo soy de un pueblo de Alicante y él es de muy cerca. Todo lo que ha vivido con la enfermedad también te toca mucho. Sí, aunque en aquel concierto todavía no había ocurrido. Exacto. Eso vino después, ya en mitad de la gira. Pero aquel primer concierto fue muy emocionante. Y hace poco también me pasó con las chirigotas de Cádiz.
¿En serio?
Sí. Ojo con las chirigotas. Ojo con las letras que escriben. Hay algunas que son auténticas maravillas. Estuve viéndolas hace poco en Madrid, en el teatro, una agrupación de Antonio Martínez Ares, y terminé con unos lagrimones impresionantes. Las letras son buenísimas. De verdad, os recomiendo que las escuchéis.
¿Sabes quién me respondió exactamente lo mismo cuando le hice esta pregunta? Ángel Belinchón, el cantante de Dry River. Me dijo que había llorado con las chirigotas de Cádiz.
¡Qué bueno!
De hecho, Dry River tiene una canción, prácticamente metal progresivo al estilo Dream Theater, dedicada a un compositor de chirigotas.
Pues habrá que escucharla.
Vamos con la última pregunta. Imagina que tienes todo el presupuesto del mundo para organizar un concierto. Puedes hacer lo que quieras: láseres, fuego, drones, invitados… absolutamente todo. ¿Qué montarías?
¡Guau! Pues, sinceramente, creo que antes que gastarme el dinero en efectos espectaculares buscaría un lugar único.
Me iría, por ejemplo, a las pirámides de Egipto y haría allí un concierto. Creo que hay escenarios que hacen que un concierto se recuerde para toda la vida. Luego, si además quieres llenarlo de drones, luces y todo lo demás, perfecto. En China hacen espectáculos con drones que son absolutamente increíbles. Pero si tuviera ese presupuesto, seguramente invertiría primero en encontrar un lugar realmente mágico para tocar.
Muy bien. Pues, Costa, no te robamos más tiempo. Muchísimas gracias por atendernos y mucha suerte con el disco y con la gira.
Muchas gracias a vosotros. Ha sido un placer.
Nanotecnóloga y química de formación y amante de la música como pasión. Me gusta la música en todas sus vertientes. Empecé tocando el violín y de la música clásica pasé al rock y al metal (mis primeras bandas fueron AC/DC y Mägo de Oz, por supuesto). No tengo muchas bandas predilectas, aunque Rulo siempre encabeza el podio. Helloween, Volbeat o Greta Van Fleet le siguen de cerca. Mis gustos han cambiado a lo largo de los años pero siempre abierta de mente, así que le doy al hard rock, al power, al death metal (melódico) y a todo lo que me haga descubrir cosas nuevas o me sepa impresionar.
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