Canciones perfectas: «Moonlight Shadow» de Mike Oldfield (1983)

Mike Oldfield

Crises (1983) – Virgin

Artículo colaborativo: Jordi Tàrrega Amorós & Yolanda Sabater Algarra

Contexto histórico (Jordi Tàrrega)

Creo que todo el mundo, la primera vez que escucha el “Moonlight Shadow”, se queda absolutamente hechizado por esta canción absolutamente mágica y atemporal. Es el dulzor, es un hada cantando una tonada pegadiza que no llega a ser empalagosa y que une el folk y el pop con una maestría absoluta. Y es que estamos hablando de un genio como es Mike Olfield y una vocalista extraordinaria como es Maggie Reilly.

 

Tuve una banda en la que tocábamos el “Moonlight Shadow” en versión ultraveloz y punk, y siempre funcionaba y era divertido. Pero le quitábamos esa sensación de felicidad y de trance feliz que emana de esta canción atemporal en la que Oldfield ejerce de trobador y Reilly de ninfa. Posiblemente junto a “Tubular Bells” sea su canción más famosa, junto a “To France” y “Shadow on the Wall”. La verdad es que hubo genialidad en un Mike Olfield que cuando creó esta obra maestra calzaba solo 29 años.

 

La letra (Yolanda Sabater)

La verdad es que importa poco de qué habla exactamente esta balada absoluta. No sabemos si es una mezcla entre la muerte y el amor, y quizá ahí reside parte de su magia. Lo que sí está claro es que la letra describe cómo la protagonista, en este caso una mujer, pierde a su pareja durante una especie de pelea o enfrentamiento, mientras la noche parece ser testigo silencioso de todo lo ocurrido.

 

Al final confluyen muchos elementos que hacen de esta una canción tan especial: la muerte, la pérdida, la magia, la luna y ese escenario nocturno que envuelve toda la historia en un aire de nostalgia.

 

El propio Mike Oldfield, cuando le han preguntado por esta canción, siempre ha sido bastante ambiguo. Sin embargo, muchos años después reconoció que la muerte de John Lennon pudo haber influido en el momento de escribirla. Aunque algunos detalles de la letra no coinciden con lo sucedido, aquel trágico acontecimiento pudo haber sido la semilla que dio origen a la idea de la canción.

 

Y, al final, resulta impresionante comprobar cómo, a veces, de los momentos más oscuros nacen auténticas obras de arte comoesta.

 

La música (Yolanda Sabater)

Un tema aparentemente sencillo, pero que engloba una enorme complejidad si lo desgranamos un poco. Comienza con un rasgueo de guitarra y un pequeño solo formado por unas doce notas que se repite una segunda vez con ligeras variaciones. Ese motivo sirve de introducción a la voz y a una melodía aparentemente simple. De hecho, la línea vocal cambia muy poco de notas en las primeras estrofas, pero precisamente esa contención hace que toda la atención recaiga sobre la letra.

 

La instrumentación también acompaña con mucha sutileza: durante el inicio, prácticamente solo escuchamos una batería apoyada en los platillos, con un sonido muy metálico y delicado, que crea una atmósfera etérea.

 

El timbre agudo de Maggie Reilly es incomparable. Su registro de soprano es uno de los grandes protagonistas de la canción. Cuando sostiene las notas largas lo hace de forma magistral, y cuando juega con las dobles voces y las armonías en canon consigue aportar una sensación casi fantasmal que encaja a la perfección con el ambiente del tema.

 

La guitarra vuelve a cobrar protagonismo en el puente de la segunda mitad de la canción. Ahí Mike Oldfield se explaya con un solo de claras influencias *southern rock*, lleno de sensibilidad y con destellos de virtuosismo. Además, coquetea con la distorsión y con frases en tonalidades menores que generan un contraste muy interesante con el carácter luminoso de la melodía principal.

 

Otro aspecto que merece destacarse es el final. La canción no concluye de forma rotunda ni busca un cierre definitivo; al contrario, va perdiendo intensidad poco a poco hasta fundirse con el silencio, como si la historia se desvaneciera lentamente bajo esa sombra de luna que da título a la canción.

 

El videoclip (Jordi Tàrrega)

Icónico e histórico videoclip de Keith McMillan con una inolvidable Maggie Reilly con ese gorrito de paja pastoral cantando con el fuego detrás y con aparición del grupo en interiores y exteriores y buscando la felicidad de una banda cantando en tonos cálidos con el contraste de los colores fríos y ese búho que aparece para dar inicio a la historia entrelazada que cuenta la canción. Ese duelo de pistolas disparadas en duelo justo en las tónicas del riff y esos aires oníricos de cuento con carruajes de muertos y la chica dándose cuenta que ha muerto el ser amado…  Ha envejecido mal, pero es una maravilla.

 

Veredicto (Jordi Tàrrega)

“Moonlight Shadow” es un hechizo hecho canción y una de las composiciones más bonitas jamás escritas. Ese folk latente y esa historia triste y violenta cantada por una voz de hada escocesa crean un juego de contrastes que la hace única y maravillosa. Arrasó en las listas de todo el mundo y fue número 1 en España. Imaginad que, hasta en el país que las cosas llegaban 10 años más tarde supimos apreciar la magia de la luz de la luna en la sombra. Y es que sólo el título de la canción es pura magia.

 


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