Las colaboraciones con referentes del metal internacional, las dificultades a la hora de lanzar un nuevo disco, la experiencia compartiendo escenario con Venom o los rumores que la situaron en la órbita de Arch Enemy son solo algunos de los temas que abordamos en la primera parte de la entrevista con Diva Satánica. La vocalista reflexiona sobre el reconocimiento fuera de nuestras fronteras, las dificultades de las bandas nacionales para abrirse camino y las metas que aún persigue una formación que no deja de crecer. Una charla que combina anécdotas, reivindicación y mucha pasión por la música.
Parte 1 ya disponible aquí.
Quería preguntarte porque, volviendo a lo que comentabas antes de que os ha tocado esperar hasta junio para sacar el disco, eso implica que a los festivales de este año ya no llegabais. Pero entiendo que eso era algo que ya sabíais desde el año pasado.
Entonces, supongo que en la balanza ha pesado más fichar por Roar, dar ese paso y esperar al año que viene. ¿Qué ventajas crees que tiene estar con Roar? Entiendo que también supone dar el salto internacional.
—Sí, desde luego. Siempre hemos lanzado discos con discográficas nacionales, con sellos un poco independientes, pero que tenían su base aquí. Y está muy bien, claro, pero es verdad que siempre hemos echado de menos la parte promocional, esa ayuda extra que te da un sello potente, que hace difusión en todos los medios de comunicación y te ayuda con el tema de las plataformas y a posicionarte. Esa ayuda nunca la hemos tenido, jamás.
Era algo que echábamos mucho de menos, porque sentíamos que tocábamos todos los palos, pero aun así no conseguíamos repercusión, como por ejemplo con “Threshold of Hell”. Metal Hammer, la original, no la de España ni la de… nos eligió como mejor canción, mejor estreno de la semana, y eso es potentísimo.
Hay medios como Decibel Magazine, que es una de las más potentes entre Estados Unidos y Canadá, que también nos han hecho reportajes. O sea, creo que con este disco estamos consiguiendo llegar a sitios a los que solos no podíamos entrar, ni en listas ni en ciertos medios. Eso es algo que nunca, de forma espontánea o solo a través de la promoción, llegaba.
Claro, entonces vas viendo que efectivamente lo que decía antes es cierto: una banda sola, a menos que se dedique específicamente a la parte de PR y demás, no puede hacer todo eso porque desconoce cómo funciona.
¿Hay agendas de festivales ya para 2027 cerradas? Es decir, ¿estáis teniendo ya ofertas o eso no se mueve hasta que pase el verano?
—Generalmente, suelen empezar en septiembre u octubre. Pero bueno, incluso para este año hubo algún intento de última hora, aunque al final el festival decidió por otras opciones más rápidas. Aun así, nos dejaron emplazados para el año que viene, así que seguramente habrá cosas chulas.
Bueno, comentas eso de que necesitabais un empujón… Porque es verdad que habéis hecho muchas cosas y quizá lo que os faltaba era un poco de ayuda extra. Pero también es cierto que habéis estado en Japón, habéis estado teloneando a Jinjer y, para cualquier banda, eso ya parece algo increíble.
¿Esta gira fue un punto de inflexión? ¿Os hizo pensar: «Ostras, podemos abrirnos un poco más» o os ayudó a ver las cosas de otra manera?
—Esa gira fue muy curiosa porque era la segunda vez que íbamos a China. Hemos hecho dos giras por Asia y, en cambio, nunca hemos girado de forma extensa por Europa. Eso ya te da una idea de lo diferentes que son los mercados y de cómo se trabaja de manera distinta en unos sitios y en otros.
De hecho, era muy curioso porque a Jinjer en China casi no los conocía nadie. Recuerdo que la primera noche Tatiana vino con su vapeador y nos dijo: «¿Y vosotros cómo habéis acabado aquí?». Porque hacía como diez años que no tocaba para tan poca gente». Y allí había unas mil personas o algo así. Y nosotros pensábamos: «¿Perdona?».
Eso me abrió mucho los ojos. Sobre todo cuando te desanimas porque piensas que no es suficiente, que no haces bastante o que no avanzas. Te das cuenta de que incluso gente que lleva muchísimos años en esto y a la que le va fenomenal también tiene dificultades para moverse en determinados lugares. Porque quizá en ese mercado no han conectado tanto o porque han desarrollado su carrera por otros caminos.
Sí que hemos hecho muchas cosas muy chulas, pero sin el apoyo de un sello potente o de una agencia de management que te empuje hacia fuera es complicado.

Y ojo, porque nosotros hemos estado toda la vida con Duque Producciones, con Jesús Cámara y con Carmelo, y gracias a ellos hemos podido hacer todo lo que hemos hecho. Eso es algo que no podemos negar. Lo digo también para que luego no se diga que en España no se trabaja bien o que no somos profesionales. No tenemos nada que envidiar. Y yo, que he estado en muchos sitios, puedo decir que no tenemos nada que envidiar a mucha gente de otras escenas.
Yo conozco a los dos, a Duque y a Jesús Cámara, pero es que Jesús me parece un trabajador incansable. Le mandamos un beso si en algún momento ve esto porque, de verdad, me parece una persona excepcional. Un auténtico ángel.
Y es lo que tú dices: tenemos muy buenos profesionales, no solo a nivel de promoción o producción, sino también bandas y músicos extraordinarios. ¿Por qué existe esa manía de pensar que si una banda es de aquí ya no gusta tanto? Porque yo lo he escuchado, lo he vivido y lo he visto muchas veces: «Ah, no, es que son españoles». Pero si fueran suecos, entonces sí.
—Bueno, también tiene que ver con lo que comentábamos antes sobre la competitividad. Hay mucha gente que escucha música, que quizá habría querido estar en una banda y que, por lo que sea, no lo está. Y a algunos les molesta muchísimo que haya gente de aquí que salga adelante.
Muchas veces pensamos: «Joder, a esta banda le va genial, seguro que no tiene problemas». Y sí que los tienen.
El otro día hablaba con la gente de Crisix a raíz del nuevo single que han sacado. A mí me encanta el tema y ellos me decían: «Estamos aquí con las palomitas leyendo los comentarios. El nuevo disco va a dar que hablar». Y eso es precisamente lo interesante. Que puedan hacer algo distinto. Porque, si no, ¿para qué seguir haciendo siempre lo mismo?
Exacto. Es lo que decíamos al principio. Si haces lo mismo: «Madre mía, este disco es igual que el anterior». Pero si haces algo diferente: «Es que ahora esta gente se ha puesto a hacer no sé qué». Parece que nunca estamos conformes con nada. Me da la sensación de que no somos capaces de disfrutar realmente de las cosas.
Todo el mundo dice que vivimos en una época en la que todo va muy rápido. Hay mucha nostalgia por el pasado, pero no somos capaces de disfrutar de lo que tenemos aquí y ahora. Ahora mismo predominan ciertos estilos, se está haciendo mucho metal moderno y se están incorporando arreglos de todo tipo.
Yo me acuerdo de ver a Electric Callboy en Leyendas del Rock hace un par de años. Aquello era para llevarse las manos a la cabeza. Mucha gente pensaba: «¿Pero qué está haciendo esta banda?». Y, sin embargo, llenan pabellones y venden discos por todas partes.
— Claro. Pero es que luego también hay mucha hipocresía. De entrada te colocas en el «esto no me gusta, esto no lo quiero». Pero cuando descubres que realmente te gusta, acabas entrando en la rueda.
Y siempre pasa lo mismo: con las bandas extranjeras se tolera todo, mientras que a las de aquí no se les permite ni una salida de guion.
Sí. No sé si también sentimos que tenemos más derecho a opinar cuando se trata de alguien de aquí.
— Porque son de aquí o yo qué sé… Como que existe ese exceso de confianza. Y luego somos latinos; esto pasa en todos los países latinos. Tú preguntas en México y es igual que aquí. En Brasil pasa lo mismo. Cuando una banda es nacional es como: “Sí, bueno, son de aquí”.
Es como si perdieran interés porque piensan que lo de fuera es mejor, y en realidad no es así. En todos los sitios hay grandes bandas y grandes artistas. Juzgar a alguien por el lugar de donde viene no tiene sentido.
Además, está la dificultad añadida de que en estos países se venden menos discos, y eso es una realidad. Entonces las discográficas tampoco apuestan tanto por las bandas locales porque, en teoría, les van a resultar menos rentables. Romper ese techo de cristal es muy complicado.
Quizá no vendo tantos discos en España, pero si me sacas fuera sí puedo funcionar. Es un cliché difícil de romper.
Yo quería hacer una última pregunta. Hemos hablado de todo lo duro, de lo complicado y de las dificultades. Pero a mí me gustaría saber qué os mantiene ahí después de tantos años consolidando el nombre de Bloodhunter, asentándoos como banda y consiguiendo que la gente os conozca.
Llega un momento en el que te preguntas: ¿cómo seguís? ¿Cuál es vuestra motivación para continuar insistiendo y trabajando?
—Al principio te diría que siempre es la ilusión de pensar: “Venga, seguro que viene algo mejor” o “todavía no hemos tocado aquí, vamos a intentarlo”. Siempre tienes una meta a la que quieres llegar.
Con el primer disco disparas un poco a todos lados porque no sabes muy bien qué va a pasar. Con el segundo, la idea era conseguir tocar en los principales festivales de aquí, y lo conseguimos. Después fue: “A ver si logramos que nos fiche un sello internacional”, y ya ha pasado. Luego: “A ver si conseguimos tocar fuera”, y hemos empezado a hacerlo: Asia, Portugal, Bélgica, festivales internacionales como Graspop, que también fue algo que nos ayudó muchísimo.
Cuando van pasando cosas y ves que realmente es posible, encuentras razones para seguir haciendo cosas. Y sobre todo porque todavía quedan muchas por hacer. Si te rindes, desde luego ya no llegas a ningún sitio.
Eso también les pasa a muchas bandas. Creen que con sacar un álbum ya van a estar en todos los festivales, en todas las giras y en todos los escenarios. Pero no funciona así.
A mí me costó mucho entenderlo. Al principio tenía mucha prisa por llegar a ciertos sitios. Sabía que no iba a tocar en Wacken con el primer disco, especialmente siendo una banda de aquí, pero aun así tenía esa ansiedad.
Con el tiempo aprendes que la paciencia y la constancia son dos factores fundamentales. Si sigues trabajando y te marcas metas realistas, poco a poco vas llegando. Y esa es un poco la clave.

Y ya como última pregunta, antes de pasar a las clásicas de Irene. ¿Has notado que te han tratado de forma diferente por haber estado en una banda u otra?
—Sí, claro. Sin ninguna duda. (risas) Ahí podría contar muchísimas cosas.
Pues cuéntanos alguna.
—Pero para bien y para mal.
Sí que recuerdo que cuando se anunció todo lo de Nervosa hubo personas que me hacían completamente el vacío y que, de repente, se convirtieron en mis mejores amigas. Me escribían mensajes del tipo: “Tía, me alegro muchísimo por ti”.
Y al revés también. Recuerdo un concierto en algún sitio del norte, al aire libre, tocando con ellas. Fue gente que me conocía de Bloodhunter y, aunque estas cosas nunca te las dicen a la cara, me llegó que se habían pasado todo el concierto criticando.
“¿Pero esto qué es? Esto no vale para nada. ¿Qué se creen? Porque hayan girado por no sé dónde… esto es una mierda”. Hay opiniones para todos los gustos. Por eso creo que la cuestión no está tanto en el proyecto en el que estés, sino en la imagen que proyectas de ti misma en cada uno de ellos.
Yo no hago cosas tan diferentes en un sitio o en otro. Puedo adaptarme más o menos al género porque no es lo mismo cantar en una banda de thrash metal que hacerlo con Mägo de Oz o con mi propia banda. Lógicamente, el estilo cambia. Pero creo que he conseguido que, aunque alguien no me conozca, cuando después busque quién soy, todo le encaje. Que vea coherencia.
Y creo que eso es importante: ser coherente con lo que uno quiere transmitir.
Pues bueno, nosotros tenemos algunas preguntas clásicas que hacemos siempre a nuestros invitados y queríamos hacértelas también a ti.
La primera es: ¿recuerdas haber llorado alguna vez en un concierto, ya sea tuyo o de otra banda?
—¿De emoción te refieres? Es que yo lloro todo el rato.
En mis propios conciertos no tanto, porque estoy pendiente de tantas cosas que no suelo desconectar. Aunque alguna vez sí me ha pasado.
Recuerdo una fecha en particular, poco tiempo después de que falleciera mi madre. El concierto ya estaba programado y yo iba con la mentalidad de: “Hay que hacerlo y ya está. No voy a fastidiarlo todo porque yo esté fatal”. Pero claro, vino toda mi familia. Te puedes imaginar. Y cuando llegó el momento de hablar un poco y dar las gracias, me costó muchísimo terminar. Ahí fue bastante duro.
Pero, en general, lloro en casi todos los conciertos que me gustan. Siempre hay alguna canción que me toca por dentro y pienso: “Qué bonito. Cómo me gustaría poder hacer algo así”. Conectas con algo muy profundo.
De verdad, en casi todos. Si no lloro, malo.
Lo que pasa es que aquel día fue muy complicado. Creo que habían pasado apenas un par de meses desde que ocurrió todo. Fue algo muy repentino y yo iba un poco disociada por la vida. Pero claro, cuando conectas mínimamente con lo que está pasando, es cuando te viene todo de golpe.
Y bueno, algo parecido nos pasó en Graspop. Cuando fuimos a tocar allí había fallecido la madre de Fabs, nuestro bajista. Fue muy duro porque, además, antes de salir al escenario se pegó una foto de ella en el interior del bajo. Hicimos una especie de homenaje antes de tocar y fue complicado.
Porque se mezclan emociones muy fuertes: por un lado estás pensando “por fin estamos aquí”, en un escenario con el que llevas soñando años, pero por dentro estás roto.
¿Recuerdas cuál fue el primer disco que te compraste con tu propio dinero?
—Sí, aunque en realidad era una cinta de casete. Pues yo creo que la primera cinta que me compré fue una de las Spice Girls. O esa, o un disco de Laura Pausini. La verdad es que no recuerdo cuál era exactamente, pero había una canción que me encantaba.
Yo me obsesiono mucho con las cosas. Así que, con las mil pesetas que me daban mis abuelos los fines de semana, me iba a comprar o una Barbie o una cinta de casete.
Bueno, y ya la última pregunta que tenemos. Si tuvierais todo el presupuesto del mundo, uno completamente inimaginable, ¿en qué lo invertiríais para Bloodhunter?
—Un tráiler.
¿Un tráiler?
—Sí, de estos como los de las grandes orquestas de pueblo. Lo abres y salen cincuenta torres de sonido, luces, producción, pirotecnia, efectos especiales… Todo eso lo querría tener.
Y, si fuera posible, también me gustaría contar con alguna extensión adicional del escenario. He visto algunas veces escenarios con plataformas extra donde el espectáculo continúa y puedes moverte alrededor del público. Poder ir pivotando y rodeando a la gente mientras sigues actuando me parece increíble.
Eso me encantaría.
Además, es complicado porque en esta escena no se estila tanto. Incluso las bandas más grandes llevan muchísimos tráileres, pero al final montan todo dentro de escenarios más convencionales.
Sería una pasada tener la casita de Bloodhunter. Me encantaría ver una especie de cuartel general de Bloodhunter con todo eso dentro. Sería fantástico.
Pues yo creo que ya estamos. No sé si se me habrá quedado alguna pregunta en el tintero. Siempre se me quedan cosas, pero creo que hemos tocado prácticamente todos los temas.
Y también agradecemos que haya material nuevo. A veces da la sensación de que ahora en esta época se ralentiza un poco y siempre apetece descubrir música nueva.
Y en verano, que viajamos tanto de festival en festival, pasando tantas horas en el coche, necesitamos música nueva. Porque no voy a poder escuchar a Bad Bunny todo el rato.
Ha sido un placer.
—El placer ha sido mío. Gracias a vosotras por darme este huequito.
Estaremos muy atentos a todo lo nuevo que llegue de Bloodhunter. Muchas gracias, Diva.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
