Rainbow – Rising: 50 años del disco que trajo la fantasía al heavy metal

Rising

17 de mayo de 1976

Polydor

El 17 de mayo de 1976 apareció un álbum que cambió silenciosamente la historia del hard rock y del heavy metal. Como suele pasar en los discos que reseñamos en este apartado, no fue un éxito masivo inmediato, ni dominó las radios estadounidenses, ni vendió millones de copias en su lanzamiento. Pero medio siglo después, Rising sigue siendo considerado por generaciones enteras de músicos y aficionados como uno de los discos fundamentales del metal clásico.

 

Un álbum que ayudó a definir el sonido épico, oscuro y grandilocuente que dominaría el género durante décadas. Así pues, hablar de Rising es hablar del momento exacto en que la visión neoclásica de Rainbow alcanzó su forma definitiva. El punto donde la guitarra de Ritchie Blackmore, la voz de Ronnie James Dio y la pegada monumental de Cozy Powell se alinearon para crear algo completamente distinto a todo lo que existía en 1976.

 

La génesis del disco empieza realmente con la ruptura emocional y artística entre Deep Purple y Ritchie Blackmore. A mediados de los setenta, el guitarrista estaba cada vez más frustrado con la dirección funk y soul que había tomado la banda durante la etapa de Stormbringer, con David Coverdale a la voz. Blackmore sentía que necesitaba aire fresco y recuperar un enfoque más oscuro, pesado y cercano a las influencias clásicas y medievales que llevaba años desarrollando en su cabeza. Aquella necesidad de libertad artística terminaría desembocando en el nacimiento definitivo de Rainbow.

 

El primer paso fue Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975), un disco todavía muy conectado al sonido de Elf, la banda original de Ronnie James Dio. Pero Blackmore no quedó satisfecho con el resultado final ni con el rendimiento del grupo en directo. La solución fue radical, muy en su línea. Despidió prácticamente a toda la banda y reconstruyó Rainbow desde cero. A partir de este momento, Jimmy Bain entró al bajo, Tony Carey se encargó de los teclados y Cozy Powell a la batería. La nueva alineación tenía una química mucho más agresiva y poderosa. Y eso se notaba desde el minuto cero.

 

Rising fue grabado en febrero de 1976 en los legendarios Musicland Studios de Múnich junto al productor Martin Birch, una figura absolutamente esencial en la historia del hard rock británico. Si no que se lo digan a Maiden. El proceso de composición fue rápido, intenso y marcado por la personalidad obsesiva de Blackmore. El guitarrista recordaría posteriormente que buena parte del material nació directamente durante los ensayos y las sesiones de estudio:

 

“We had written Stargazer at rehearsals, and Tarot Woman, I believe. The other songs we made up in the studio, as far as I remember.” (“Habíamos escrito ‘Stargazer’ en los ensayos, y creo que también ‘Tarot Woman’. El resto de canciones las fuimos creando en el estudio, por lo que recuerdo”) [Ritchie Blackmore, Classic Rock nº158 (junio 2011)].

 

Aquella espontaneidad resulta clave para entender la energía del álbum. Rising transmite tensión constante. Nada parece excesivamente pulido. El disco suena gigantesco, pero también peligroso. Si Blackmore fue el arquitecto musical del álbum, Ronnie James Dio terminó convirtiéndose en su alma definitiva. En Rising aparece ya completamente desarrollada la estética lírica que Dio llevaría posteriormente a Black Sabbath y a su carrera en solitario: castillos, magos, oscuridad, espadas, fatalismo y épica fantástica. Pero reducir sus letras a simple fantasía sería injusto.

 

Dio utilizaba aquellos universos imaginarios para hablar de ambición, poder, manipulación y caída humana. Tanto él como Blackmore compartían además una fuerte fascinación por la música clásica europea y las atmósferas barrocas, algo que terminó impregnando buena parte del sonido y la estética del disco.

 

Al hilo de este contexto, el disco transformó influencias clásicas, medievales y barrocas en algo muchísimo más pesado y eléctrico. De alguna forma, Rainbow estaba ayudando a construir el lenguaje definitivo del heavy metal épico. En este sentido, si existe una canción capaz de resumir todo lo que representó Rising, esa es “Stargazer”. Ocho minutos y medio de grandiosidad absoluta. La canción comienza con un patrón de batería demoledor de Cozy Powell antes de desplegar una estructura gigantesca donde conviven riffs orientales, arreglos orquestales y una de las interpretaciones vocales más impresionantes de toda la carrera de Dio.

 

La letra narra la historia de un hechicero obsesionado con construir una torre que le permita alcanzar las estrellas, utilizando esclavos para cumplir su visión imposible. Una metáfora sobre el poder y la destrucción disfrazada de fantasía oscura. Blackmore explicó años después que buscaba expandir el vocabulario habitual del hard rock utilizando escalas menos convencionales:

 

“It’s amazing how many guitarists use the same old lines. They never dare touch Arabic or Turkish scales.” (“Es increíble cuántos guitarristas utilizan siempre las mismas frases. Nunca se atreven a tocar escalas árabes o turcas”) [Ritchie Blackmore, Classic Rock nº158, junio 2011].

 

Aquella mezcla de escalas orientales, arreglos orquestales y peso metálico terminaría influyendo directamente en generaciones posteriores de bandas. Desde Iron Maiden hasta Dream Theater, pasando por buena parte del power metal europeo de los noventa, la sombra de “Stargazer” sigue siendo gigantesca.

 

Por otro lado, otro de los elementos decisivos del disco fue la presencia de Cozy Powell. Su manera de tocar la batería transformó completamente el sonido de Rainbow. Mientras el debut todavía conservaba cierto aire blues rock heredado de Elf, Rising golpeaba con una agresividad mucho más cercana a lo que posteriormente se identificaría como heavy metal clásico gracias a Powell. Escuchado hoy, resulta sorprendente comprobar hasta qué punto Rising se adelantó a muchos códigos del metal posterior, ya que en 1976 todavía no existían ni la explosión definitiva de la NWOBHM ni buena parte del power metal europeo que dominaría décadas después. Sin embargo, Rainbow ya estaba construyendo muchos de esos elementos: épica fantástica, riffs neoclásicos, estructuras monumentales, teatralidad oscura y una interpretación vocal casi operística.

 

Paradójicamente, la alineación que grabó Rising estaba completamente rota apenas unos meses después de terminar el álbum. Las tensiones internas eran constantes. Blackmore gobernaba Rainbow con una mezcla de perfeccionismo obsesivo y autoritarismo absoluto y eso provocó que las relaciones dentro del grupo se deterioraran rápidamente durante la gira. Por ello, Jimmy Bain terminaría expulsado de la banda y Tony Carey, visto lo visto, tampoco quiso quedarse demasiado tiempo más. Y aunque el álbum acabaría convirtiéndose en una obra de culto, el grupo jamás volvió a capturar exactamente la misma química. Quizá esa sea la excepcionalidad de Rising.

 

Veredicto

Cincuenta años más tarde, Rising sigue pareciendo un disco enorme. No solo por su sonido, sino por su ambición artística. Mientras buena parte del hard rock de mediados de los setenta todavía miraba hacia el blues o hacia la psicodelia, Rainbow estaba intentando construir algo mucho más cinematográfico, oscuro y épico. El álbum ayudó a redefinir lo que podía ser el heavy metal, ampliando su lenguaje emocional y musical; e introduciendo elementos clásicos y fantásticos sin perder agresividad ni pegada rockera.

 

A parte de todo esto, Rising convirtió a Ronnie James Dio en una figura esencial para el futuro del género. Escuchado hoy, el álbum conserva una capacidad asombrosa para sonar inmenso. La producción de Martin Birch sigue transmitiendo profundidad y dramatismo, mientras canciones como “Tarot Woman”, “A Light in the Black” o especialmente “Stargazer” continúan pareciendo himnos atemporales. Puede que Rainbow nunca alcanzara la dimensión comercial de Deep Purple o Black Sabbath, pero Ritchie Blackmore y Ronnie James Dio crearon uno de los discos más influyentes y visionarios de toda la historia del heavy metal.

 

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