At The Gates – The Ghost of a Future Dead

85/100

24 de abril de 2026

Century Media Records

 

Ojalá se hubiera librado Tomas Lindberg del día de las alabanzas, pero aquí estamos, ante el octavo y (posiblemente) último disco de At The Gates. Las redes han sido ya arrasadas por una marabunta de emotivas reseñas tildándolo de insuperable obra maestra. Una vez dispersada la polvareda inicial, me he armado de valor para dedicarle estas líneas al que, inevitablemente, será uno de los discos de metal del año. En tan poco tiempo se ha dicho ya mucho de The Ghost of a Future Dead, y yo mismo no estoy libre de aflicción, así que intentaré ser breve.

 

Con permiso de Carcass y su Heartwork (1993), el kilómetro cero del llamado «sonido de Gotemburgo» se sitúa en 1995. Ese año, tres bandas oriundas de esa ciudad sueca grabaron tres álbumes que cambiarían la historia del death metal. Como es sabido, esos discos fueron Slaughter of the Soul (At The Gates), The Gallery (Dark Tranquillity) y The Jester Race (In Flames, publicado al año siguiente).

 

Como grupo de melodic death metal, siempre preferí a In Flames (hasta que mutó en In Fl-Emo). Sin embargo, si me hicieran elegir a punta de pistola un único disco de entre esas tres joyas, puede que escogiera Slaughter of the Soul. The Ghost of a Future Dead cuenta con la misma alineación que grabó aquel clásico, tras el regreso del hermano pródigo, Anders Björler. El guitarrista había abandonado el grupo en 2017 y su retorno, de por sí, ya había generado expectación.

 

El problema, como también debería conocer todo el mundo a estas alturas, es que nos encontramos ante la obra póstuma del cantante de At The Gates (entre otras muchas bandas). Tomas «Tompa» «Goatspell» Lindberg falleció el año pasado por causa de un carcinoma adenoide quístico.

 

 

Para añadir más dramatismo al asunto, el título del álbum lo escogió el propio Lindberg cuando asumió que podría sucumbir a su cáncer. El disco ha generado incluso una leyenda urbana: que el futuro muerto habría grabado todas las voces en una sola toma el día antes de entrar a quirófano. Así figuraba en alguna promo, pero los hermanos Björler lo han desmentido en una reciente entrevista a Radiometal. Intentaré abstraerme de este inmenso contexto para valorar exclusivamente lo musical.

 

La lacerada voz de Lindberg luce fabulosa y nos deja varios temas para el recuerdo. Quienes prefieran «lo melódico» podrán deleitarse con «Tomb of Heaven» y quienes anhelen «lo death» se verán saciados con «A Ritual of Waste». En un término medio, encontramos virtuosas piezas de puro melodeath como «The Fever Mask», canción de apertura, o la que originariamente iba a dar título al álbum, «The Dissonant Void». También son dignos de loa el solo de «Of Interstellar Death» o el monumento al breakdown que contiene «The Unfathomable». Si alguien ignora por qué hay quien dice que las bandas de metalcore melódico hacen «At The Gates-core», debería escuchar esta última.

 

El nombre del grupo proviene de una canción de Fields of the Nephilim («At the Gates of Silent Memory», Elizium, 1990). Por ello, me parecen reseñables en este cierre de círculo los toques góticos de «In Dark Distortion». En cuanto a «Det Oerhörda», es la primera (¿y última?) canción de At The Gates cantada íntegramente en sueco. Pero me emociona más la instrumental, también titulada en sueco, «Förgängligheten», que podría traducirse como «transitoriedad». Un sentido réquiem que la banda dedica a su cantante. El resto del disco no me parece tan memorable, pero fluye correctamente.

 

¿Es The Ghost of a Future Dead el mejor álbum de At The Gates desde Slaughter of the Soul? Siendo sincero, el único rival serio que tenía en ese periodo era At War with Reality (2014), pero yo diría que sí. Escuchémoslo al atardecer, para recordar que el espíritu del difunto sigue presente. El rojo en el cielo siempre será suyo. Vila i frid.

 

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