Wheels of Steel
3 de abril de 1980
Carrere Records
1980 suele considerarse el kilómetro cero de la New Wave Of British Heavy Metal. Lógico, si atendemos a que ese año publicaron su primer LP bandas como Angel Witch, Def Leppard, Diamond Head, Tygers of Pan Tang o, por supuesto, Iron Maiden. No es el caso de Saxon. Su homónimo álbum debut había sido publicado en la década de los setenta. Con un guerrero de espada ensangrentada en la portada. Porque Saxon ya era heavy metal cuando otros lo intentaban.
Además de los ya mencionados, también publicaron entonces álbumes seminales otros nombres legendarios. Judas Priest, los Black Sabbath de Ronnie James Dio, Accept, Ozzy Osbourne, AC/DC, Motörhead o Scorpions, por citar solo algunos. Era difícil que un disco destacara aquel año 1980. Saxon lo logró. No satisfechos con haber alcanzado el quinto puesto de los discos más vendidos en Reino Unido con su segundo álbum, Wheels of Steel, ese mismo año lograrían otro éxito al publicar su tercer LP, Strong Arm of the Law. Así de heavy era Saxon, golpeando en 1980 por partida doble.
Otro día habrá para tomarle el pulso al brazo fuerte de la ley, porque fueron las ruedas de acero las que propulsaron a los de Barnsley a coliderar la NWOBHM. Cuando se publicó este disco, yo no había nacido. Bastantes años después, Saxon me conquistó (a ritmo de «Conquistador», obviamente) cuando les vi tocar por primera vez en directo. Eso sucedió en Villarrobledo, en el festival Metalmania 2003. Por supuesto, entonces y como siempre, cayeron un par de hits de Wheels of Steel.
Y este mes de abril de 2026, con el cáncer de colon de Biff Byford afortunadamente superado y para celebrar el 45 aniversario del álbum que no pudo festejarse en 2025, Saxon tocará por fin en nuestro país de principio a fin esta clásica obra. Una forma inmejorable de celebrar la efeméride, aunque sea con un año de retraso.
El disco
Wheels of Steel fue grabado en febrero de 1980 en los estudios Ramport de Londres. Acompañando a Byford, único músico que aún hoy sigue en la banda, estaban Graham Oliver y Paul Quinn a las guitarras, Steve Dawson al bajo y Pete Gill a la batería.
La portada nos muestra un águila metálica sobre la rueda de una motocicleta que contiene el logo de Saxon. Hay quien, haciendo gala de su estupidez, ha querido ver similitudes con la Reichsadler nazi. Es obvio que la referencia es al símbolo en el que aquella se inspira, que es el aquila romana, como el propio Byford ha confirmado. Un símbolo de poder (y gloria), este águila de Saxon, que ya siempre acompañaría a la banda. En su primer álbum en directo (The Eagle Has Landed, 1982) estaba aterrizando, pero aquí despegaba llevando en volandas al grupo.
En cuanto a la música, puede apreciarse que las sombras de AC/DC y, especialmente, de Motörhead eran ya muy alargadas. A nadie podrá extrañar que Pete Gill acabara uniéndose a las hordas de Lemmy Kilmister pocos años después.
Para la posteridad han quedado los singles «Wheels of Steel» y «747 (Strangers in the Night)». La canción que da título al álbum se construye en torno a un icónico riff hardrockero. En palabras de Oliver, inspirado por el de «Cat Scratch Fever» de Ted Nugent. Y qué puedo decir de la otra, una de mis canciones favoritas del disco y, en general, de Saxon. Estamos ante uno de los grandes himnos de la historia del heavy metal. Su letra se basa en un incidente real acaecido en 1965: el aterrizaje a oscuras de un avión en el aeropuerto internacional de Nueva York. Con algunas licencias, porque no era un Boeing 747 ni era el vuelo 101 (era el 911 de Scandinavian Airlines).
Muy recordada es también «Motorcycle Man», canción de apertura del álbum. Fue lanzada como sencillo de siete pulgadas en julio de 1980, en edición específica para el mercado japonés. Ese vinilo es hoy una gran pieza de coleccionismo, pero la canción es mucho más ubicua. Con presencia prácticamente fija desde hace más de cuarenta y cinco años en los setlists de Saxon, representa muy bien el espíritu motero, rebelde y sudoroso de Wheels of Steel en su conjunto.
Menos éxito tuvo el último single, «Suzie Hold On», lo más suave que encontraremos en este disco. Recordemos que Wheels of Steel se graba en unos estudios que se construyeron para The Who. Quizás debido a ello, de forma sutil, el espíritu de los londinenses acaba permeando esta canción. Está dedicada a una amiga de Byford que murió de un tumor cerebral, a la que la vitalista letra intenta animar. Arranca con una galopante línea de bajo y termina con un solo de guitarra que siempre se me ha clavado en el alma.
Además de esos sencillos, completan el disco canciones que destilan, como ya se ha dicho, mucho hard rock. En «See the Light Shining» se nota mucho la influencia de la «escuela australiana». Pero Saxon no solo beben de otros, sino que son fuente para muchos. Si tuviera que escoger sólo un tema de Saxon que influenciara a Barón Rojo, «Stand Up and Be Counted» sería uno de los mejores candidatos. En cuanto a «Freeway Mad» y «Street Fighting Gang», son canciones fácilmente digeribles que imprimen velocidad al álbum.
También es rápido el tema de cierre, «Machine Gun», pero su naturaleza es distinta. Hay en ella una agresividad que, para los estándares de la época, resulta impresionante. Esta canción explica que un jovencísimo Lars Ulrich fuera fan de los ingleses, porque ni Metallica ni el thrash metal se explican sin ella.
Veredicto
Wheels of Steel es una obra fundamental, para Saxon y para la popularización del heavy metal a nivel global. Contiene temas que no pueden faltar en ninguno de sus setlists. Dicho esto, Saxon es mucho más que este clásico ochentero tan anclado todavía en el hard rock.
No estará de más recordar, atendiendo al perfil de algunos seguidores de Saxon, que existe el riesgo de obviar cosas mejores que Wheels of Steel si nos limitamos a regodearnos en los primeros años de vida de la banda. Saxon nos ha brindado maravillas de puro heavy metal en la década de 1990 (e.g. Unleash the Beast) y ya entrado el siglo XXI (e.g., Lionheart). Y ahí siguen los (anglo)sajones, firmando joyas tan recientes como «Madame Guillotine» (Hell, Fire and Damnation, 2024).
En definitiva: Wheels of Steel no me parece, ni de lejos, el mejor disco de Saxon. Esto no es hablar mal del disco: es hablar bien de Saxon. Lo que sucede es que, sin estas ruedas de acero, Saxon no habría podido empezar a recorrer la carretera que les llevará a nuestro país este mes de abril. Hay razones de sobra para celebrar el 45 aniversario de Wheels of Steel. Aunque estemos ya en 2026.


Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
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