Helloween – The Time of the Oath: 30 años de la confirmación de la era Deris

The Time of the Oath 

29 de febrero de 1996 

Raw Power

Cuando en 1996 salió el The Time of the Oath de Helloween hubo quien se llegó a sentir decepcionado. Hoy, visto en perspectiva, casi parece imposible criticarlo, pero pensad que en esos días los alemanes habían vuelto a rearmarse con Andi Deris ex de Pink Cream 69. Eso motivó la broma de llamarles Hellowcream. La gente esperaba otro Keeper y las comparaciones de Kiske con Deris eran constantes y el nuevo siempre perdía. Obviamente se mejoraban esos momentos bajos que significaron Pink Bubbles Go Ape y Chamaleon, pero…

 

Para muchos Time of the Oath no mejoraba al anterior trallazo: The Master of the Rings. Las cosas en esos días no se valoraban con la correcta vara de medir y todo estaba viciado. También era el segundo trabajo de Uli Kusch tras el suicidio de Ingo Schwichtenberg. Un suicidio, un exmiembro de los rivales Gamma Ray… No lo tuvieron fácil. Y sí, a pesar de todo Time of the Oath es un discazo.

 

Hay experimentación bien llevada, muchos clásicos, grandes momentos y algún tema que es de lo mejor que han grabado en toda su carrera. Soy de los que tiene el disco en un pedestal por el momento vital en el que lo viví. Helloween avanzaban con nuevo sonido y cantante, probaban cosas y no les salían nada mal. Había voluntad de seguir adelante y no encasillarse sonando más duros y oscuros. Disco basado en supuestas interpretaciones bélicas de Nostradamus y algo de Goethe en el tema título.

 

El disco

Menuda forma de abrir un disco con “We Burn”… Aquí ya se demuestra nivel con esa original entrada de silbidos y teclados para caer en brazos de uno de los singles típicamente Deris que hay en el disco. Gran puente + estribillo si bien el grupo ya demuestra que suena más crudo a pesar de mantener la melodía. Clasicazo de la era Deris ya de primeras.

 

“Steel Tormentor”: Aliento de motor y carretera en una composición que mantiene un nivel muy alto y que resulta pegadiza y original, compuesta a dúo por los líderes Weikath y Deris. Siguen los puentes brillantes antes del estribillo con un gran trabajo en la línea vocal. La batería de Uli es perfecta a lo largo del disco, pero de verdad que el bajo de Markus es una de las piezas claves para el sonido Helloween. El trabajo técnico vuelve a ser constante y muy adornado. El final es muy de directo.

 

“Wake Up the Mountain”: Es el primer disco de Helloween en el que todos los músicos aportan composiciones de su puño y letra. Kusch siempre han tenido grandes ideas y lo ha demostrado en Gamma Ray y Masterplan… y aquí también. Tema original que rompe lo previsible y un poco se aleja totalmente del sonido Keepers. Poco a poco los Helloween de Deris van creando su propio sonido y este es uno de los temas más rompedores, una puerta abierta que se explotaría en los posteriores discos.

 

“Power”: Maravilloso himno atemporal a la altura de lo mejor que nunca han hecho, y eso no es algo fácil, pues tienen material que sentó cátedra. Weikath se marca un tema espectacular con solo coreable y que demuestra al mundo que Helloween sigue siendo un grupo capaz de seguir hechizando más allá de su pasado. Es una canción de las que siempre caen y en las que Deris disfruta jugando haciendo cantar al público. Magistral.

 

“Forever and One”: “Antes de la guerra” hay un momento de pausa para la balada marca de la casa, un poco en la tradición ya empezada con la excelente “In the Middle of a Heartbeat” del disco anterior. Es intensa muy bien construida y le da un gran contrapunto al disco, haciéndolo variado y ameno. Un poco este tema se acerca a una fórmula que va naciendo y que serán los futuros “I Can” o “If I Could Fly”, temas accesibles, oscuros, pero puramente Deris.

 

“Before the War”: Una de las grandes tapadas y que sí se tocó durante la gira de presentación del disco fue este “Before the War” de Andy Deris, que empezaba a destaparse cada vez más como un gran compositor. El tema es rápido, agresivo y posee otro de esos solos doblados y melódicos que tan bien definen a HelloweenWeikath y Roland Grapow le ponen la guinda a una de las canciones más inspiradas. También hay que destacar el constante y técnico trabajo de Markus Grosskopf al bajo, siempre con ese tono agudo y presente.

 

“A Million to One”: Medio tiempo resultón con buen estribillo que funciona bien sin excesivos lucimientos técnicos y teclados modernillos dando ambiente. Si me preguntáis os diré que es Kusch empezando a componer para Masterplan

 

“Anything My Mama Don’t Like”: Ración de hard rock acelerado y endurecido con letra macarrilla y un pasaje cercano al funk, con bajo original y un gran lucimiento de Uli. Coros dando la réplica y siendo un buen tema de esos que completan el disco y lucen en segunda fila. Aquí no hay relleno, o si más no… hasta aquí.

 

“Kings Will Be Kings: Aquí ya un poco baja el listón a pesar de que el tema resulta y contiene otro gran solo de guitarras melódicas y coreables. El grupo estaba en un gran momento y no había temas de relleno, si bien en el segundo tramo la cosa decae un poco.

 

“Mission Motherland”: Aquí hay representada esa cara del grupo que busca lo extenso, lo complejo, casi progresivo, y especialmente lo duro. Puros sonidos 90 en el riff con conexiones con Pantera y Fight que tampoco convencieron y que quedaron en mero experimento. De todas formas, es una puerta abierta que sería explotada en The Dark Ride. Hay estribillo y pasaje happy metal y su faceta cristiana queda enfrentada con el infierno.

 

“If I Knew”: Un tema que firme Weikath a solas es siempre interesante. Esta es obviable, pero es un medio tiempo oscuro con aires de balada que se queda en poco a pesar del bonito crescendo hacia el estribillo. Atmosférica y con otro buen solo repleto de feeling.

 

“The Time of the Oath”: La auténtica joya del disco, y el gran riff de la obra. Ampulosa, trabajada, de inicio casi industrial y con ese riff básico pero efectista y con una letra que la eleva. Puede que sea poco Helloween pero sigue siendo un temazo en el que demostraron que su evolución iba por buen camino. Aquí el mérito es de Roland Grapow, que fue un fichaje excelente para las calabazas.

 

Veredicto

Gran disco y grandes hits en un disco con una primera parte matadora y una segunda más experimental, aunque entretenida y variada. Es un paso adelante en cuanto a evolución si bien mantienen sus postulados clásicos en unos tiempos en los que Andy Deris continuaba muy en entredicho como cantante de Helloween. El tiempo le ha dado la razón. Soy de los que no me importaría una gira con solo temas de la era Deris, pero en esos tiempos… ¡Cuánto añoré a Hansen y a Kiske! Es el tercer disco más tocado en directo por Helloween, por lo que estamos ante una obra clave.

 


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