Eric Sardinas & Big Motor
Sala Razzmatazz 2 Barcelona
9 de Febrero de 2026
Redacción por Jordi Tàrrega
Fotografías por Marc Tomàs i Gimó
Eric Sardinas es uno de los guitarristas más especiales y espectaculares que hay en la escena actual. Ese zurdo que toca como un diestro, que ha acompañado a todo un Steve Vai, que fue vecino de Walter Trout y que tanto y tantas veces nos ha enamorado, conseguía pasar de la Razz 3 a la 2 por la alta demanda de entradas. Estos pequeños logros para Eric le dan la razón y le refuerzan, como lo reforzó en su día la potente discográfica en la que está o ese maravilloso disco que fue Midnight Junction.
Pero me toca poner un poco de agua al vino y deciros que era mi cuarta experiencia con este monstruo de la guitarra, y muy posiblemente, la menos espectacular y lucida. Yo no sé si he perdido mi efecto sorpresa, pero muchas de las cosas que le había visto a este hombre se quedaron en el camerino y que su directo en formato trío fue más un concierto al uso, y sí… fue excesivamente corto. Y eso que la cosa había empezado puntual y con unas luces azules acompañando la densidad de “Treat Me Right”. Sardinas va bien maqueado, con su perilla y gorro vaquero, todo un rock star.

Las luces eran justitas y no nos permitieron ver los slides y la velocidad endiablada con la que recorre el mástil. El blues clásico de “How Many more Years” atrapó a la gente y la banda estuvo impecable a la hora de acompañar al divo. La versión del “I Can’t Be Satisfied” de Muddy Waters nos dejó a nuestro hombre sólo en escena. Antes se había dirigido al público y el respetable exigió silencio en la sala. Se sumó batería a modo de percusiones varias y ese bajo de Jason Lengley tan alegre. Tener a músicos tan potentes te permite apoyarte en ellos, pero quizá excesivo para un show tan corto. Mario Dawson a la batería se lució totalmente integrando el solo en “Down to Whiskey”.
Presentó a la banda bajo las luces rojas y atacó ese single total que fue en su día “Long Shot”, siempre con referencias a la bebida en las letras. El sonido era algo embarullado por mucho que el aura, el estilazo y esos slides nos transportaran al sur de Estados Unidos. Hubo ese momento en el que el trío llega a sonar como un tren sin frenos. Movilidad y clase en “Planks of Pine”, también de su último disco y blues de raíces en “Ramblin Blues”. Repito que ese sonido mostró más a un pintor de brocha gorda que al puntillismo del maestro, y es una lástima, pues la gracia de Sardinas es que es la combinación brutal de ambas facetas antagónicas.

El bajista tuvo su momentazo solitario tirando de slap funky, con Eric sonriendo entre bambalinas. La cadenciosa “Bad Boy” tomó la sala y la gente rugió sin poder apartar la mirada de ese hombre que es puro magnetismo. Optaron luego para cerrar la noche con “If You Don’t Love Me”, tema que lució su Dobro electroacústica en una tonada de corazón optimista. Inmaculado cierre para un concierto que nos dejó con ganas de mucho más.
Nunca un concierto de Sardinas se me había hecho corto, pero tampoco el sonido ni las luces terminaron de converger y llevarlo hacia algo especial. De todas formas, quedémonos con lo mejor: volvimos a tenerle en casa, verle es un placer y que a día de hoy es capaz de necesitar una sala más grande pues su nombre ya empieza a calar. Había muchos músicos en la sala, gente poco habitual en conciertos de rock y también personas que tenían su primera experiencia con él en directo. Lo que ya os digo… si le ves una vez: REPITES.

Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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