Johnny the Fox
16 de octubre de 1976
Vertigo
Johnny the Fox nunca será un disco de los favoritos de los fans del grupo. Y eso que era su séptima obra de estudio, el grupo tenía la fórmula y había tocado el cielo tras su anterior y excepcional Jailbreak. La discográfica apretó para surfear la ola del buen momento, pero Phil Lynott había estado enfermo de hepatitis, se recuperó, y se dio a fumar hierba mientras que Brian Robertson le dio especialmente al alcohol. También no habían parado de girar y las cosas no estaban bien, especialmente entre estos dos caballeros.
Se fueron a grabar a Alemania, pero fue todo un auténtico desastre. Querían huir del fisco inglés, pero del súper estudio de Múnich volvieron sólo con las baterías grabadas y a sabiendas de que el material no estaba a la altura de su predecesor. Tan mal marchaba todo hasta el punto de que el productor John Alcock les sugirió de grabar alguna versión… ¡Imaginad la reacción del poeta Lynott después de grabar todo un Jailbreak! Eso tensó aún más la cuerda.
El disco
Se empieza con “Johnny” un gran tema puramente Lizzy y con esa cadencia reconocible a la primera parte de la voz de un inspirado Phil y de esos breaks de salida de Downey entre estribillo y verso. Hay unos teclados y añadidos en los arreglos que suavizan la canción y luego hay dos solos separados para lucir a Gorham y a Robbo. “Rocky” funciona sin grandes novedades y sin ofrecer algo memorable. Tema cumplidor con las habituales historias de chicos buscadores de aventuras en las calles, que, en el fondo, es lo que simboliza al zorro Johnny que da título al disco.
El “Don’t Believe a Word” es una absoluta maravilla y un clásico automático desde el día que sonó. Fue de los primeros temas que grabaron, los más inspirados y Phil hace un ejercicio de sinceridad y confiesa ser un mentiroso con las mujeres que encandila. En esta canción les dice que no se crean una palabra de lo que diga. Y si los versos son inmortales las guitarras de Robbo y de Gorham brillan en todo lo alto. Y rematando todo terminan la canción con las twin guitars de salida: magistral.
“Massacre” es la otra absolutamente genial. Ese inicio con las guitarras dobladas y esa cadencia inmortal, además del eco con el que canta Lynott la elevan con clase en otro gran clásico para el grupo. Si tienes dudas del por qué Brian Downey es un batería único, respetado y genial, fíjate con los patrones de batería, porque son otra delicia. Los Suaves llegaron a versionarla en otra gran elección. Siempre acertaban con las covers. El tema surgió de la visita de un clérigo protestante estando nuestro protagonista en la cama de su hospital y siendo profundamente católico.
Rompiendo un poco la tónica y jugando con riffs atmosféricos y poco Lizzy está el “Johnny the Fox Meets Jimmy the Weed”. Una pieza en la que Phil narra más que canta y de la que Danko Jones tomó mucha inspiración para su expresividad vocal. Es una canción con mucha clase, sofisticada y cautivadora. Musicalmente muy rica y con influencias jamaicanas, además de ser adornada por percusiones extrañas que funcionan perfectamente.
“Fools Gold” nace en el reposo en la cama de hospital en la que Phil reflexiona sobre la vida nocturna y sus excesos. Hay la entrada narrada y luego es una canción ligera, con los platos de brillo apagado de Downey y esas guitarras que juegan a ser dobladas. Hay espíritu optimista con fondo de tristeza. “Borderline” es la balada, situada en la las calles de una ciudad cualquiera en la media noche. Profundo bajo de Phil y tema evocador, potenciado por las guitarras solistas que quedan afiladas y apoyan el estribillo.
“Old Flame” es un medio tiempo con aires funk de fondo, bastante atrevida y muy de este disco. Líneas de bajo complejas y la temática del buscavidas que enamora las chicas. “Sweet Marie” es algo empalagosa y muy conectada con los primeros trabajos del grupo. Lo que aquí hay influencias negras en los arreglos en un tema correcto. Se despiden con “Boogie Woogie Dance”, trepidante y con unas guitarras 100% Lizzy, pero que no termina de despegar. Y es que ese título ya da pistas de que es algo a medio hacer.
Veredicto
Se suele considerar al disco como conceptual por las muchas aventuras que aparecen en las letras y las referencias al zorro Johnny. Recordemos que la preciosa portada del disco es obra de su habitual Jim Fitzpatrick, uno de los mejores portadistas de la historia. El zorro es Phil y su archienemigo (Jimmy the Weed) era un pandillero fue real y que terminó viviendo en la Costa del Sol. Pero el problema del disco es que apunta cosas que no terminan de convencer o fructificar.
Parece un disco conceptual que lo es a medias, se introduce el funk cuando se había encontrado el sonido en la anterior obra, la enfermedad, las prisas de la discográfica… Al fin y al cabo, es una banda en un gran momento y nos regalan dos clasicazos absolutos como son “Massacre” y “Don’t Believe a Word” además de una portada bellísima. Desgraciadamente los problemas con Robertson empezaban a ser serios y abandonaría la nave. Nunca tuvieron un disco malo, pero la gente esperaba otra obra maestra.


Licenciado en INEF y Humanidades, redactor en Popular 1, miembro fundador de TheMetalCircus y exredactor en webs y revistas como Metal Hammer, Batería Total, Guitarra Total y Science of Noise. Escribió el libro «Shock Rock: Sexo, violencia y teatro». Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.
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