Unos inmensos The Aristocrats necesitan una sala más grande en cada visita a Barcelona

The Aristocrats

20 de mayo 2026 – Sala Apolo (Barcelona)

Organiza: Madness Live!

Crónica: Oriol Torras

Fotos: Marc Tomás

Dos años y medio después de su último paso por tierras barceloninas, The Aristocrats se mudaron a una casa más grande. Esta vez llenaron bastante la Sala Apolo, aunque no alcanzaron el pleno absoluto de su anterior actuación en la ciudad.

 

A pesar de la amplitud del escenario, el set estaba montado de tal forma que apenas tenían espacio para desenvolverse, con la batería instalada en primera fila. Puntualmente empezó a sonar la versión de Perrey & Kingsley de “Swan’s Splashdown”, un tema que recuerda al humor absurdo de grandes cómicos como Monty Python, mientras los músicos se iban incorporando progresivamente al escenario. Con una puesta en escena sobria, luces fijas y posiciones estáticas, el protagonismo absoluto recayó en la música.

 

El bajista Bryan Beller hizo de maestro de ceremonias con un “Bona tarda, Barcelona”, con el que empezó a ganarse nuestros corazones. A continuación, la banda entonó las primeras notas del primer tema de su último álbum de estudio, Duck: “Hey, Where’s My Drink Package?”, con una base funky que combina guitarras más rockeras, detalles técnicos como los enigmáticos armónicos de Beller y una mezcla perfecta de ritmos de la mano de Marco Minnemann.

 

 

La ausencia de letras en las canciones la suplen con una verborrea muy divertida entre tema y tema, en la que explican la inspiración que les ha llevado a crear cada pieza. Además, la presentación de cada canción corre a cargo de quien la ha escrito. “Aristoclub” es una canción más ligera, con un estilo funky tocado a gran velocidad, que “narra” las peripecias de un pato llegando a la pista de baile de Nueva York. En “Sgt. Rockhopper” logran enfilar una historia sin palabras sobre un policía pingüino que anda detrás del protagonista del álbum. Con un sonido más heavy, Guthrie Govan lidera el tema con solos improvisados.

 

Minnemann cogió el micro y, con un “Bona tarda, gràcies per venir, estem molt contents d’estar aquí, me cago en Déu”, dejó al público rendido. El batería presentó el cuarto tema de Duck, “Sittin’ With A Duck On A Bay”, donde la guitarra imita el sonido de un pato y la música transita entre el jazz, el soul, el rock y el metal; este último, anunciado con unos cuernos por Beller. El trío dejó entonces su último disco para volver a You Know What…? con “Spanish Eddie”. La canción comienza con una suave melodía de gran influencia flamenca, para ganar velocidad con un sonido más rockero en el que se entrecruzan momentos caóticos con otros más ordenados.

 

El final de “Spanish Eddie” se enlazó con un solo de batería. Por suerte para vosotros, no soy experto en este instrumento, pero seguramente daría para dos crónicas. Fueron quince minutos que, aunque en algún pasaje se me hicieron un poco largos, resultaron una experiencia para goce y disfrute de los bateristas profesionales y amateurs de la sala. Minnemann no se dejó nada en el tintero y ofreció una auténtica exhibición. También hubo momentos más divertidos, como cuando usó un cerdito y una gallina de plástico para crear un loop sobre el que se dejó llevar con manos y pies.

 

 

Govan y Beller volvieron al escenario para tocar “The Ballad of Bonnie and Clyde”, donde el bajista quiso contar la historia del día en que le robaron sus instrumentos y la policía logró capturar al ladrón, pero no recuperar sus apreciadas herramientas de trabajo. Con un estilo de road movie y ciertos aires de western, consiguió trasladarnos a alguna de esas películas que hemos visto cientos de veces. La banda bajó el ritmo con “Flatlands”, más sensible y suave, acompañada por una guitarra de alma soul —¡perdón!—.

 

The Aristocrats volvieron a su último disco con “Here Come The Builders”, donde recrean la experiencia compartida del sufrimiento por las obras en Londres y en cualquier gran ciudad. El siguiente tema que tocaron fue “This Is Not Scrotum”, de profundas raíces moldavas, cuya versión de estudio cuenta con la violinista Rusanda Panfili y cuyo solo, en directo, quedó en manos de Guthrie Govan.

 

 

“Get It Like That” fue un torbellino de estilos, pasando de un sonido jazzístico al metal en un abrir y cerrar de ojos. La canción tuvo un momento más íntimo entre bajo y batería, mientras sacaban a pasear el cerdito de plástico. Beller sacó entonces la gallina e involucraron al público para que repitiera los sonidos de ambos muñecos, un reflejo del sello de esta banda: virtuosidad musical con un aire desenfadado y humorístico.

 

El concierto finalizó con “Desert Tornado”, en la que Minnemann contó la historia del día en que las noticias anunciaron la llegada de un tornado y a él no se le ocurrió nada mejor que huir de este en coche. Una canción de gran complejidad, con cambios bruscos de ritmo como el viento, que va aumentando la tensión musical a medida que se acerca el tornado.

 

The Aristocrats firmaron un concierto perfecto, de esos en los que se degusta cada una de las notas que producen. Dos horas y cuarto de carrusel de estilos y buen humor.

 

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