El BB+… templo del metal en Barcelona y toda una institución metálica al nivel del Canciller de Madrid. Lugar de partida de mil fiestas y noches, baja la persiana para siempre y nos deja un poco más huérfanos de esa ciudad condal que pudo acoger a la tribu urbana de heavies durante décadas. Esa Barcelona ha quedado ya como un recuerdo y ya estamos instalados en una especie de ciudad hecha para los turistas que agoniza con los precios de vida escnadinavos cuando la gente tiene sueldos hispanos. Y mientras la rueda dentada del capitalismo rueda y aplasta la identidad y el carácter de lo que un día fuimos, no nos queda más que lamentar la extinción.
La gente que forma Stairway to Rock quiere despedir a este mítico bar como se merece, así que cada redactor y fotógrafo os contará una breve historia o batallita vivida entre esas cuatro paredes de un bar que amamos y disfrutamos. Creíamos que las cosas eranpara siempre y que siempre estarán allí, pero cuando de verdad duele la edad… es precisamente cuando desaparecen esos puntales que siempre habían estado allí.
Jordi Tàrrega
El BB+ es mucho más que un bar, era el epicentro de la movida metalera en Barcelona. Era el abrebadero perfecto para tomar cerveza y achisparse hasta que se decidía el siguiente paso a dar y dónde terminar con los huesos esa noche. Careció siempre de glamour, la música era la de siempre y la decoración probablemente sea la misma que hace 20 años, pero,.. es que sólo de pensar que ya no va a estar allí, me duele en el alma.
A fuerza de noches se ganó nuestros corazones, siempre estaba allí y podías ir solo pues siempre conocías gente que lo frecuentaba. Recuerdo que a partir de las 0:00 era cuando se empezaba a llenar, o una noche de gloria en los futbolines que nadie nos ganó, el salir fuera a fumar o cervecear frente al mural de la bruja o al de Kosto and Full. ¿Qué se hizo de esa banda? Yo creo que lo colgaron en su día y ya nadie lo descolgó. Camareros y camareras te conocían y te colaban frente a esa mar arbolada de brazos que pedían más alcohol.
La cola en el lavabo de chicos siempre era mayor que al de chicas y allí se hacían conexiones random con especímenes de todo tipo. Sonaba Running Wild mientras te meabas vivo porque siempre hay un tonto que tarda lo suyo. Y entrar en esos lavabos era como entrar en el mundo del revés de Stranger Things. Yo juraría que de la taza surgió un brazo verde, una planta extraterrestre que estuvo décadas allí. Nunca hubo papel ni se lo esperó. Pero siempre me pregunté si alguien pudo cagar en ese lavabo… ¡Menudo héroe!
A principios de los 2000 el power metal despuntaba y al contrario que Mephisto, en el BB+ dieron cancha al estilo. Cuando sonaba Rhapsody o Manowar la gente subía sobre las mesas y mis amigos manowarescos del cuerno (Sergi y Albert) tenían su momento de gloria. También me toca recordar ese momento triste en que tres chicas de Barcelona fallecieron en un accidente de tráfico y todos nos reunimos allí. También hubo momentos de amores de barra en los que despides a tus amigos y esa noche no sales.
También encuentros con músicos como Txus de Mägo de Oz o Fortu de Obús que salían de fiesta y con quien podías hablar largo y tendido. El BB+ fue el antes de la fiesta, el después de los conciertos y gran parte de mi juventud. Conocí a grandes amigas y amigos y hasta cierto punto me supera el que ya no esté allí, pero era crónica de una muerte anunciada. No es el BB+, es Barcelona entera que camina hacia ser la Port Aventura de Europa a precios que expulsan a los barcelonautas por la avaricia de los ricos. El efecto dominó seguirá, pero que nadie nos quite todo lo vivido. GRACIAS POR TANTO.

Pere Guiteras
¿Qué contaros del BB+? Pues que han sido muchos años visitando este clásico de la escena alternativa, desde que un servidor empezó en el metal a los diecisiete. Para alguien en ese entonces muy introvertido, mi pasión musical fue clave para conocer a gente, con inquietudes similares.
En sus últimos años ya no era un párroco habitual, excepto si habíamos asistido a algún bolo, en las cercanas salas Razzmatazz (generalmente la 3), o en la Sala Bóveda, que esperamos recupere su actividad de conciertos en breves. En algunas ocasiones, la combinación de Bb+ y Bóveda había sido nuestra carta ganadora, cuando queríamos estar all night long.
Recuerdo en especial la fiesta de después de mi primer concierto de Riot, con temazos de Judas Priest o Helloween sonando en el bar, mientras estábamos tomando jarras, sentados en alguno de sus bancos.
Desde estas líneas, para terminar creo que es importante reflexionar, sobre el estado de la cultura en Barcelona. En lugar de apoyar las iniciativas propias del underground, como la Associació Metalcova de la que formo parte, los diferentes alcaldes siempre han puesto todas las trabas posibles.
El cierre de Bb+ es otra piedra más de una vergonzosa lista: tiendas míticas de tallers como Arise, Castelló o una de las Revolver, salas de conciertos como Rocksound (un saludo a Antonio) o Monasterio, además de bares como Nightmare, Valhalla y ahora nuestro protagonista. Esperemos que no nos quiten el Hell Awaits o el Ballbreaker, que como Bóveda se han encontrado con denuncias falsas o abusos burocráticos. En lugar de apoyar al enésimo festival de reggaeton, indie o similares (por poner ejemplos, con todo el respeto), no estaría nada mal que dejáramos de fastidiar a la escena del rock y metal. El modelo de la ciudad, parece centrarse en los fondos buitre y turistas, en lugar de sus ciudadanos.

Yolanda Sabater
Una Yolanda con apenas 18 años llegaba a Barcelona y era mi primer salto a la gran ciudad. Ya os podéis imaginar que para alguien vivió siempre en un pueblecito de apenas 20.000 habitantes por aquel entonces fue uno de los giros de mi vida. Es cierto que el primer año no hice mucha vida social por Marina más que visitar La Ovella Negra con sus jarras enormes y sus ruletas de chupitos. Alguna vez nos dejamos caer por el Gòtic y en el Hell Awaits pero realmente empecé a salir en segundo, cuando me mudé a Barcelona, al carrer Sant Antoni Maria Claret. No me gustó mucho la experiencia de vivir en una gran ciudad, pero oye, lo intenté, y de ese año me llevo grandes recuerdos.
En segundo empecé a salir mucho con Alicia, que era compañera mía de piso, unos años mayor que yo, y con su grupo de amigos y entonces ya conocí de lleno Marina, corría 2015 y para mí fueron los mejores tiempos de Marina. Supongo que para los que sois más mayores que yo, no lo compartiréis, pero para mí sí lo fueron.
En tercero me mudé a vivir a Cerdanyola y nuestros caminos inevitablemente se separaron. Si que quedamos alguna vez más esporádica pero di con otro grupo de amigos a raíz de un concierto de Turisas que fueron los que se convirtieron en mi grupo de amigos habitual. Y aquí entra el BB+. Y aquí por supuesto tengo que mencionar a Álex y a Borja, el tema Esparraguera.
Ellos me adoptaron desde el primer día en su hermandad del metal y por ellos dos coincidí con mucha gente guay como Didac, Eloi, Héctor, Omar, Cristian, Yaiza… Y muchos otros que me estaré dejando el tintero pero de los que el paso del tiempo me ha hecho tener una huella un tanto borrosa.
¿Qué decir del BB+? Para mí el BB+ fue punto de encuentro y refugio en mis años tempranos (o tardíos) según lo queráis ver de adolescencia. En un punto donde ya no tenía hora para volver a casa porque vivía sola, pero también donde no había nadie que me dijera, ojo, no bebas más porque vas a volcar. Aún así puedo decir que afortunadamente no llegué a ese punto muchas veces, que en mí, ya es decir. Era siempre el bar de confianza donde empezaba la noche, que siempre terminaba en Bóveda.
Y al final, aunque ese día llegaras antes y tu grupo no estuviera, o los perdieras momentáneamente, siempre había alguna cara conocida. Siempre me quedé con ganas de poner alguna pegatina, ahora tenemos Stairway to Rock y no he vuelto para dejar nuestra impronta, pero esa pared con la bruja de Mägo de Oz, que nunca ha cambiado pese a que no queden ya fans de Mägo, estará grabada siempre en mi memoria.
Gracias BB+ por todo, nos vemos en los bares.

Víctor Melcior

Alfonso Díaz Cazorla
Un local acogedor para cualquier amante del rock potente, ya fuera nacional o internacional, en el que sabías que siempre ibas a encontrarte a alguien. Un punto de encuentro ideal para escuchar música, charlar, ver video-clips, conocer gente y, también, hacer la previa o los post cuando uno iba a alguno de los conciertos que se hacían en los diferentes locales de la zona.
Lamentablemente, la historia vuelve a repetirse. Otro de los locales que fue escenario de “muchas de nuestras aventuras” baja la persiana definitivamente dejándonos un “poquito más huérfanos” a los seguidores del rock y el metal en la capital catalana.

Marc Tomàs i Gimó
Hubo un tiempo en que ser Heavy en Barcelona no era un acto de resistencia. A finales de los 90 y principios de los 2000, la ciudad todavía nos pertenecía un poco.
Mis paradas habituales eran «El Paso», en la calle Escudellers del barrio Gótico, hoy convertido en un restaurante de comida china; el «Wawanco», en la calle Oliva de la Sagrera, que por no exisitir no existe ni la calle; el «Hell Awaits», que todavía resiste, en el Raval; y, por supuesto, el «BB+», en Poblenou, entre muchos otros. Cada uno tenía su personalidad, pero todos formaban parte de la misma familia. Era un mapa que poco a poco ha ido desapareciendo, devorado por una ciudad que hoy es una capital más de este mundo global donde todo sigue el mismo patrón.
Del BB+ me queda una imagen de portada: un grupo de heavys–guerreros, vestidos con pieles a lo Manowar, levantando los cuernos llenos de cerveza. Y una película recurrente: heavy metal sonando por encima del murmullo constante de la gente. La calidad del sonido era lo de menos, lo importante era que la pelota del futbolín no se quedara pegada en el campo y sobrevivir a una meada en el WC. Con eso ya tenías los puntos necesarios para seguir la noche en Mephisto, donde casi siempre continuaba todo.
El BB+ era casa, era familia. Su cierre no supone solo perder un local, marca el borrado definitivo de un mapa y de una escena que hoy prácticamente ha desaparecido.
Nos queda el consuelo de haberlo vivido y disfrutado…

Dani Torras
La verdad es que en el BB+ tampoco tuve una gran experiencia. Íbamos básicamente a ver y escuchar siempre la misma música, echar unas partidas al futbolín y esquivar al máximo unos baños que ni Gollum se atrevería a pisar.
En esos antros yo siempre pedía la cerveza de botella, porque al principio me pasaba como al señor Lobo… hasta que decidí que prefería pagar un euro más por una de tercio antes que arriesgarme.
Eso sí, el BB+ era el bar puente que siempre venía bien para sentarse con los colegas, hablar de metal, contar batallitas mientras caían unas cervezas y luego empalmar rumbo a la disco metal Mephisto o Metalzone.
Oriol Torras
Siempre pienso en el BB+ como ese lugar donde, cuando éramos jóvenes, todo el mundo era súper pureta. Y un día, después de muchísimo tiempo sin pasarme por allí, volví… y solo había críos. Entonces me di cuenta de que el súper pureta ya era yo.
Creo sinceramente que vivimos la época dorada del BB+. Aquellos años en los que pintaron todos esos dibujos, cambiaron parte de la decoración y el bar adquirió esa personalidad tan suya. Y lo curioso es que, después de aquello, prácticamente ya no lo tocaron más.
Si no recuerdo mal, los grafitis los hicieron alrededor de 2002, y desde entonces el BB+ quedó congelado en el tiempo, como una pequeña cápsula de una escena, de una generación y de una manera de vivir el metal que hoy ya forma parte de nuestra memoria colectiva.
Marc Fernández
Mi adolescencia vino marcada por un buen número de garitos heavys repartidos por la ciudad condal, lugares mágicos a los que vas a hacer algo más que a tomar una cerveza. Como un proyecto a metalero imberbe y con media melena, uno acude a esos lares a descubrir música, a conocer otro plano del mundo de la noche y a molestar a la gente que solo quiere fumarse un piti hablándoles de lo mucho que lo petará tu grupo.
En Barcelona tenemos la suerte de tener unos cuántos. El Hell Awaits me hizo un hombre, mientras que el Ballbreaker me sorprendió ya más mayor y sofisticado, pero si ha existido un punto de encuentro legendario, el bar de bares, un garito en el que apiñar a grandes grupos de desgraciados desharrapados, ese ha sido siempre el BB+; el corazón palpitante de Marina.
Y tras 30 años de fiesta, sudor y mucho metal, toca despedirse.
¿Qué no ha pasado en el BB+? No habría previas legendarias al Bóveda. Si no hubiera pasado mis veinte bebiendo con desconocidos de sus cubos de calimocho, hoy por hoy no tendría la mitad de las inmunidades de las que puedo alardear. Ahí he conocido a varios de los desgraciados a los que llamo amigos. Ahí le di mi primer beso en público a la mujer con la que me voy a casar.
Sí, en verano hacía más calor que en el núcleo del mismísimo sol. Sí, el suelo era más pegajoso que el de una colonia Alien. Sí, el baño no se lavaba desde el fin de la segunda guerra carlista. Puede que fuera un poco antro. Pero era nuestro hogar, sus samaritanos nuestra familia y sus dueños unos anfitriones que conocían a todo el mundo y que siempre se tomaban la molestia de charlar contigo, ya fuera para inspeccionar tu corazón roto o para comentar la camiseta que llevaras.
Las obras salvajes de una ciudad condal que lleva años dando solo disgustos se ha cobrado otra presa. Nos hacemos mayores y nuestros templos se derrumban cuándo nuestra fe más los necesita. Ahora años de risas, alcohol barato y música atronadora no será más que el eco de un recuerdo que terminó demasiado pronto. Quizás el futuro termine por erguir otro garito heavy en algún lugar, pero Marina tal y como la conocemos, ha terminado para siempre.
Rubén, cantante de La Inquisición
Creo que fui una o dos veces hace mil… hasta jugamos al quinito, un juego de esos de beber kalimotxo similar al duro. El sitio molaba, era el tipico abrebadero juvenil con serrín en el suelo. Precios medianamente populares y ¡ROCKKKKK!
Guillem Sort
Uno de tantos buenos ratos pasados… recuerdo con especial cariño una noche en la que en la sala principal de Razzmatazz había tocado Europe y en la sala segunda habían hecho sold out mis amados Dropkick Murphys. Era fin de semana y como no podía ser de otra manera, el post-concierto iba a tener lugar en el BB+.
Ahí nos encontramos con la colla de amigos, algunos fueron a Europe y otros a ver a los Murphys pero todos acabamos coreando los temazos que sonaban todas las noches en el BB+. Al final, algunos se animaron con el air-guitar encima de la mesa al ritmo de los Maiden.
¡Qué tiempos aquellos! De cuando la calle Pere IV pasaba las noches a reventar de gente, de cuando el Dixi tenía un avión dentro del bar, de cuando el Hijos de Caín o de cuando la Sala Rocksound te montaba el concierto después del concierto.
El BB+ tendrá buena compañía en el heaven de los bares! No olvidaremos los buenos momentos pasados, esta noche tocará brindar por el BB+.
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