Savatage en Múnich: Regreso épico tras una década de silencio en Europa

Savatage + Induction

19 de junio de 2025 – Zenith – Munich

Fotos: Merimetal y Facebook de Savatage

Crónica: Merimetal 

Hacía muchos años que Savatage no pasaban por Europa. Diez, al menos, si la memoria no me falla. Por eso, cuando se anunció la gira estival, quedó claro que habría dos tipos de conciertos: los de festival y los de sala, con la banda como cabeza de cartel. Lo tuve claro desde el primer momento: tenía que verlos como protagonistas absolutos. Por cuestiones logísticas, elegí Múnich, capital de Baviera, y hoy, en día festivo, se celebró el esperado encuentro. No sabemos si el festivo ayudó o perjudicó la asistencia, pero lo cierto es que el primer recinto previsto se quedó pequeño enseguida. Las entradas volaron, y con suficiente margen, lo trasladaron a uno más grande, con capacidad para unas 5.000 personas.

 

Induction: power metal de la estirpe de Kai Hansen

El concierto lo abrieron los Induction. No los conocía y, curioso, hice una pequeña búsqueda antes de empezar. Para mi sorpresa, el grupo lo lidera Tim Hansen, el hijo del archiconocido Kai Hansen (Gamma Ray). Con su banda, un grupo muy solvente, fueron desgranando temas de sus tres discos, en los que el power metal parece estar viviendo una especie de renacimiento. No sé si es porque lo ha mamado desde la cuna o si simplemente ha heredado algunos descartes de su padre, pero el caso es que el sonido remite directamente al power de los noventa. Lo cierto es que se lo pasaron bien y animaron al público, que esperaba con ansias lo que realmente importaba: Savatage.

 

Savatage: vuelve la magia

Y Savatage salieron puntuales, a las 20:59, con una formación de siete miembros, batería, dos teclistas (uno a cada lado del escenario) y, al frente, Johnny Lee Middleton, Chris Caffery, Zak Stevens y un guitarrista cuyo nombre se me escapa ahora. Arrancaron con fuerza, sin concesiones, y un espectáculo visual que no decayó en casi ningún momento. Una pantalla gigante al fondo proyectaba visuales que reforzaban la atmósfera del show, salvo en contadas ocasiones.

 

Abrieron con “Welcome to the Show”, para seguir con un sorprendente “Taunting Cobras”, que no esperaba para nada. El repertorio se centró sobre todo en los álbumes The Wake of Magellan y Dead Winter Dead, haciendo un repaso muy noventero, pero sin olvidar los clásicos imprescindibles. Curiosamente, han ido variando el setlist en cada concierto de la gira, lo que demuestra una versatilidad poco habitual.

 

 

El show empezó potente, aunque el público alemán, inicialmente frío, fue entrando poco a poco en calor a medida que la banda desplegaba su habitual profesionalidad. El buen rollo entre los músicos era palpable, algo que no siempre se ve en bandas con tantos años a cuestas.

 

Hubo solos de batería y guitarra, y una parte central del concierto algo más pausada, que incluyó uno de los momentos más destacados: “Chance”, con su característico canon vocal. Esta vez me pareció algo más lento de lo habitual, no sé si fue percepción mía o realmente fue así.

 

 

El gran clímax llegó cuando apareció Jon Oliva en la pantalla gigante, sentado al piano, para arrancar “Believe”. Cantó la primera parte él solo, seguido de Zak Stevens en el escenario, y terminaron juntos, en una conexión emocional intensa. Aunque visto, fue un momento especial. Sin pausa, empalmaron con “Gutter Ballet”, para luego rematar con “Edge of Thorns”. En los bises, no faltaron los himnos: “Sirens” y “Hall of the Mountain King”.

 

Es justo remarcar que la voz de Zak Stevens, aunque se fue agravando a medida que avanzaba el concierto, supo reservar lo mejor para el final. Defendió los agudos con dignidad, especialmente en los clásicos más exigentes. Una hora y cincuenta minutos de concierto que supieron a poco… Ya espero con ansias su paso por el Barcelona Rock Fest, aunque sea con un set mucho más corto.

 


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