RUTH – Blacksheep

80/100 

31 de octubre de 2025

Bakers Ink

 

Muchos tenemos el acto reflejo de que cuando sale el nuevo disco de alguien que suele aparecer en programas de televisión enseguida nos ponemos a la defensiva, con la predisposición a que no nos guste incluso si no conocemos bien a esta cantante. Es lo que me pasó con «Blacksheep», el álbum lanzado en 2025 por Ruth Lorenzo y su banda RUTH, que tras varias escuchas acabó siendo una auténtica delicia para los amantes del rock clásico.

 

Es un trabajo que consigue transmitir que a la cantante murciana le da igual las etiquetas que le pongan, porque ella ha decidido hacer lo que le gusta, aunque sea algo que parece salido de otra década o siglo. El álbum me ha gustado mucho. Tiene muy buenas composiciones, y han dejado claro que no querían alargar artificialmente sus temas más de lo estrictamente necesario, porque todos oscilan entre los tres y tres minutos y medio, a veces menos. Esto hace que también sea un trabajo que te escuchas en un rato, porque pese a sus 11 pistas dura apenas media hora.

 

Pero esa independencia y hacer lo que le venga en gana también ha hecho que «Blacksheep» se quede un poco en tierra de nadie: su música es demasiado buena para el mainstream televisivo, pero la vocalista es demasiado televisiva y con la etiqueta de comercial como para que la escena rockera más conservadora se la tome en serio. Y es una lástima, porque es una carta de amor al rock clásico, con la que Ruth Lorenzo ha vuelto a sus orígenes más rebeldes.

 

El disco fue grabado en cinta analógica en los estudios Real World de Peter Gabriel, en Londres, bajo la dirección de Rafa Sardina. La mezcla y el master corren a cargo de Sylvia Massy, que si no te suena su nombre solo tienes que saber que ha trabajado con bandas como Tool, System of a Down, Johnny Cash, Prince y otros. Y como no podría ser de otra manera, el resultado es uno de esos álbumes que suena demasiado bien como para ser de una artista española, que supura rock clásico y alternativo, pero que a la vez tiene unos toques algo progresivos que lo hacen un poco más complicado de digerir.

 

En cuanto a RUTH, la banda de Ruth Lorenzo, está formada por Nando Robles, David Lozano o Ricardo Ruiz, ex miembros de la banda Second. Les acompaña Sergio Bernal, ex-baterista de M-Clan. El sonido del disco es directo, crudo, de esos que capturan el directo de la banda. No tiene adornos, es pura honestidad, igual que si lo estuvieras escuchando en el estudio. Esto es algo que, sin duda, hará que puedan llevarlo al directo sin ningún tipo de artificio.

 

El álbum comienza con «I Hate My Life», una letanía muy visceral de apenas minuto y medio, construida de forma minimalista sobre una línea vocal sencilla y quejumbrosa, con otra que hace coros en el fondo, y a la que luego se le suman muchas más. Bonita, sencilla e inspiradora, una apertura que nos mete en la atmósfera introspectiva del trabajo. Después tenemos «Sticks & Stones», que es puro hard rock. Un bajo que comienza marcando el ritmo hasta que luego entran los riffs de guitarra, y una batería contundente de fondo. Es un tema rebelde en contra de la opresión religiosa, bastante sencilla en cuanto a composición, y extremadamente corta. Hace más bien de introducción.

 

Después llega «The Game», más dinámico y con mayor instrumentación, que juega con contrastes de suavidad en las estrofas con un estribillo más desgarrado, como es desgarrado el mensaje de no venirse abajo cuando juegan con nosotros. Sorprende mucho el final, con un coro de gospel y arreglos de cuerda dándole un dramatismo adicional. La cuarta pista es «Hey!», una canción donde al hard rock se le dan pinceladas punk. Es más visceral, rebelde y directa, con guitarras sin adorno y una actitud desafiante. Luego tenemos «Cry», que contrasta radicalmente con la anterior al ser una balada blues lenta y recogida. Aquí tenemos guitarras más limpias, un órgano de fondo, y una voz limpia que transmite vulnerabilidad, y un excelente final donde la vocalista murciana luce de forma notable su voz.

 

 

Tras el descanso viene «Road Rage», un interludio de 44 segundos que suena con un sonido distorsionado en la voz que recuerda al de los viejos vinilos, pero que contrasta con una orquestación completa. Y ojo, porque ahora llega el turno de «Don’t Break My Heart», un auténtico pelotazo que es como una mezcla entre Queen y Pink Floyd. Es como una explosión de rabia controlada en forma de rock progresivo. Es elegante y teatral, una montaña rusa emocional con subidas y bajadas, en cuyo climax final Ruth Lorenzo demuestra su magnífico chorro de voz.

 

«Dirty Love» es otro cambio radical, un tema mucho más directo y potente, a la yugular. Con un excelente riff de guitarra, un bajo muy presente y ganchos pegadizos, pero a la que quizá le hacía falta un poco más de distorsión y suciedad en el sonido. «Bad Blood» vuelve a cambiar totalmente el ambiente. Comienza con un riff de guitarra y campanas de fondo, con una atmósfera pesada y oscura. Me ha recordado a una especie de mezcla entre Shania Twain y Bonnie Tyler, una composición añeja pero con sonido más pulido y moderno.

 

«The Night After Tonight» es una balada acústica que empieza de forma muy sencilla, solo con guitarra y voz. Luego, el sonido se va expandiendo con un elegante cello de fondo, al que después acompañan un piano y arreglos de cuerdas. Es recogida y suave, pero también cuenta con una delicada atmósfera etérea. Y terminamos con «Carry Me Home», una especie de power ballad que comienza con voz y órgano, a los que luego se les incorpora el resto de instrumentos. También fusiona otros elementos que nos hemos ido encontrando durante el recorrido sonoro del disco, como una guitarra blusera, arreglos de cuerda y coros. Empieza lenta pero va ganando en intensidad, y sirve muy bien en su propósito de cierre.

 


Descubre más desde Stairway to Rock

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta