82/100
Century Media Records
23 de enero de 2026
Con The Weight of Sound, Crystal Lake no solo regresa: impacta. El séptimo álbum de los japoneses es una declaración de principios que pesa —emocional y físicamente— como su propio título sugiere. El “peso del sonido” aquí no es una metáfora hueca, es la sensación aplastante de guitarras hipercomprimidas, breakdowns quirúrgicos y guturales que caen como bloques de hormigón. Todo ello, además, con un elemento clave que redefine el presente y el futuro de la banda: John Robert C debuta a la voz y lo hace con una autoridad que despeja cualquier duda en el primer minuto.
Quien escuche este nuevo disco conincidirá conmigo en una cosa: The Weight of Sound suena masivo, moderno y perfectamente producido sin perder la violencia cruda que siempre ha caracterizado a Crystal Lake. La mezcla y masterización de Jeff Dunne (Knocked Loose, Currents) aportan claridad y pegada, permitiendo que cada golpe de Gaku a la batería, cada riff de YD y TJ y cada línea de bajo de Mitsuru se sientan nítidos incluso en los pasajes más densos.
Desde el arranque con “Everblack”, junto a David Simonich (Signs of the Swarm), el disco deja claro que los guturales serán el plato principal. John Robert C despliega un abanico vocal que va del deathcore más abisal al metalcore más agresivo, siempre con una dicción clara y una presencia intimidante. “BlüdGod”, con Taylor Barber (Seven Hours after Violet), profundiza en esa violencia primitiva, mientras “Neversleep” introduce un groove casi industrial que demuestra que Crystal Lake no se limita a repetir fórmulas.
La estructura del álbum está pensada como un martillo constante, pero con variaciones inteligentes. “King Down” y “The Undertow” apuestan por la velocidad y la urgencia, esta última reforzada por la participación de Karl Schubach (Misery Signals), que aporta un tono más melancólico y hardcore clásico. El tema titular, “The Weight of Sound”, funciona como el eje conceptual del disco: una canción más extensa, densa y atmosférica, donde el peso no está solo en la distorsión, sino también en el tempo y en la sensación de opresión que transmite.
En la segunda mitad, Crystal Lake sube la apuesta. “Crossing Nails” y “Dystopia” (con Jesse Leach de Killswitch Engage) destacan por su equilibrio entre brutalidad y épica moderna; aquí los coros y las dinámicas amplían el espectro emocional sin suavizar el golpe. “Sinner” y “Don’t Breathe” mantienen la tensión con riffs afilados y breakdowns colocados con precisión milimétrica, demostrando que la banda domina el lenguaje del metalcore contemporáneo.
El cierre con “Coma Wave” es uno de los momentos más celebrados: una pieza pesada, arrastrada y casi hipnótica que deja una sensación de desgaste físico, como si el disco hubiese cumplido su promesa hasta el último segundo.
En conjunto, The Weight of Sound es un álbum contundente, coherente y extremadamente sólido, donde los guturales son el núcleo, y las distorsiones y breakdowns actúan como la guarnición perfecta: abundante, agresiva y perfectamente sazonada. Crystal Lake no solo ha sobrevivido al cambio de vocalista si no que han salido reforzados. El peso del sonido nunca fue tan demoledor… ni tan necesario.
Mi nombre es Irene, y todo el mundo me conoce por mi apellido Kilmister adquirido por el que ha sido y será mi mayor ídolo en esta vida. Lo cierto es que yo empecé en esto de la fotografía sin pensarlo mucho. Era la típica amiga de la cámara, pero de que me quise dar cuenta me propusieron entrar a colaborar en un medio profesional en 2017 y desde ahí he pasado de ser esa amiga de la cámara a evolucionar y coinvertirme en lo que conocéis ahora.
Apasionada de la música en todos sus géneros y amante de la lectura y los conciertos, aunque mi verdadera profesión no tenga nada que ver con todo esto.
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