Obús demuestra en Castellón su espectacular estado de forma con una auténtica tormenta de rock

Obús es una de las bandas más legendarias de la historia del rock en español, y uno de sus concierto en una ciudad pequeña como Castellón es todo un acontecimiento. Esto ya lo pudimos notar desde varias horas antes de empezar, cuando ya se colgó el cartel de sold out. Y cuando la sala abrió sus puertas también se notaba uno de esos ambientes que avisan que algo especial está a punto de pasar. Un buen ejemplo lo pudimos ver ya con los teloneros, puesto que para cuando empezaron a tocar la Salatal estaba ya a reventar.

 

Los encargados de abrir la noche fueron Herbasana, una banda local de versiones de clásicos del rock español. Sabían lo que la gente había venido a buscar, y se aseguraron de darlo desde el principio, encendiendo a los asistentes temazo tras temazo. Nos dejaron como simpática anécdota el hecho de que para calentar un concierto de Obús sonasen clásicos de Barón Rojo, como «Los Rockeros Van al Infierno» y «Casi Me Mato». Las viejas rivalidades no tienen sentido en 2026.

 

 

Herbasana cumplió su misión con un notable alto, y desde la mitad de su actuación ya todo el mundo estaba cantando y coreando los estribillos de los temas que interpretaban. Dejaron la sala caliente y preparada para que los protagonistas de la noche rematasen la faena, y vaya si lo hicieron.

 

He de confesar que nunca he sido un gran seguidor de los madrileños, y que fui al concierto al concierto con ciertas dudas. Al final, uno es consciente de que viene a ver a unos músicos que rondan los 70 años, e intenta medir las expectativas. Sin embargo, todas las dudas que pudiera tener se esfumaron desde el momento en el que Obús comenzó con su actuación.

 

Fue una auténtica tormenta rockera, con un sonido impecable. Fernando Montesinos sonaba muy contundente al bajo, y Carlos Mirat era una auténtica bestia en la batería. Mientras, Paco Laguna demostró desde el comienzo que el talento con la guitarra no se pierde con el tiempo, siendo capaz de hacer que la gente empezase a saltar y agitar su cabeza desde el primer riff. Y Fortu, madre mía Fortu. A sus 72 años el frontman demostró tener una energía que ya le gustaría a muchos de los treintañeros que he visto en directo alguna vez.

 

 

Que ya en la primera mitad del setlist nos encontrásemos con bombazos como «El que más» o «Pesadilla nuclear» era un claro aviso de que venían a darlo todo. Y pese a tener ya a todo el público en el bolsillo, Fortu terminó de ganarse a todos diciendo que siempre va a Alcossebre de vacaciones (un pueblo muy cercano de la provincia), y que su familia está ahí. Y claro, entonces Obús dejó de ser un grupo madrileño para pasar a jugar en casa. Eso se notó en las gargantas de los asistentes, que siguieron dándolo todo con clásicos como «Te visitará la muerte» o «Que te jodan».

 

Si Fortu estuviera jugando a rol en la Salatal, podríamos decir que todas sus tiradas de carisma estaban siendo críticas. Cada gesticulación, cada saludo a la primera fila, cada guiño de ojos o beso lanzado tenían su efecto y metían a la gente aún más en el bolo. Sabía que era el gran protagonista y abrazó ese rol con seguridad y determinación. Estuvo bailando, saltando y gesticulando de principio a final, como un auténtico Mick Jagger español. Mientras, su banda seguía lanzando temazos sin parar. Eran una ametralladora, entrelazando temas con pocos y cortos descansos ocasionales entre ellos.

 

Después de «Prepárate» llegó el momento de las presentaciones, y de nuevo volvieron a demostrar carisma. Sonó el «Ace of Spades» cuando presentaron a Montesinos, y luego vino uno de los momentazos de la noche. Fortu hizo salir al escenario a su madre, la Mari, de 92 años. El público se volcó con este momento, y ella se mostró encantadísima saludando a todo el mundo. Fue un detalle maravilloso. Luego vino la presentación de Mirat, y él cogió sus baquetas e hizo un solo en una escalera plegable mientras Fortu ocupaba su lugar en la batería.

 

 

Después el cantante saludó a su esposa, que estaba en el merchan, y a su amigo Paco Laguna con quien llevaba 50 años compartiendo escenarios. Para terminar, fue el propio Laguna el que presentó a Fortu entre una tormenta de aplausos, y le dieron el broche final a su actuación con «Vamos muy bien». En ese último tema, en una nueva tirada crítica de carisma, el vocalista le dio la mano a una chica de primera fila para ayudarla a subir al escenario para cantar con él, y luego fue él quien bajó del escenario para cantar los últimos estribillos entre los asistentes.

 

Y de esta manera Obús conquistó Castellón de la Plana con un auténtico bolazo, y una sala llena a reventar absolutamente entregada a la banda. Todos cantaron y vibraron, y los músicos demostraron que se encuentran en un estado de forma espectacular. Y yo que fui con mis dudas salí encantado, sonriente, deseando volver a verles pronto y agradeciéndole de corazón al amigo que me había animado a ir con él a verlos.

 


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