Midwinter Prog Festival
7 de febrero de 2026
Glassvile Music
Fotos y Crónica: Oriol Torras
Stairway to Rock se ha desplazado hasta los Países Bajos para cubrir uno de los mayores eventos de invierno de la escena del metal progresivo, el Midwinter Prog Festival. El escenario donde se suceden los conciertos no puede ser mejor: la Grote Zaal del Tivoli Vredenburg, ubicado en pleno centro de Utrecht, a media hora de Ámsterdam.
El Festival
El teatro tiene forma octogonal, con anfiteatros en los ocho lados y el escenario ocupa un poco menos de la mitad de la pista central. Como nota negativa, hay que decir que en la pista el sonido no es muy bueno: se oye muy tapado y la batería tiene demasiado protagonismo. Basta con subir algunos peldaños de la grada para que todo cambie y el sonido se vuelva perfecto.
Al ser un solo escenario, las pausas entre conciertos pueden hacerse un poco largas, pero en los pasillos exteriores, tanto en la planta 0 como en la 1, hay bares, tenderetes de comida, DJs, zonas de merchandising y muchos sofás donde poder descansar. Además, se instaló un pequeño escenario en el que se hicieron un par de actuaciones durante los intermedios con artistas locales: Marcel Singor y Kristoffer Gildenlöw.
Una de las cosas curiosas que había en los pasillos era una hoja enorme donde la organización pedía al público qué bandas quería ver al año siguiente. El resultado es simplemente una obra de arte que resume el momento dulce que vive la escena prog.
Al principio del concierto se anunció que las entradas del festival estaban casi agotadas y, después de Green Carnation, se colgó definitivamente el cartel de Sold Out, lo que indica la buena salud del prog y el gran acierto con las bandas invitadas.
La organización del festival obtiene una altísima nota. Seguramente se echaría en falta más oferta de restauración para evitar tantas colas, pero el espacio no da para mucho más.
Ihlo abre el festival mostrando su potencial
La banda británica abrió el festival a una hora un poco temprana, a las 13:30. Con la mayoría del público ya en su sitio, Ihlo marcó los primeros compases del evento con un ritmo trepidante, exhibiendo su faceta más djent y poniendo a prueba la forma física de los cuellos de los asistentes.
El concierto empezó con la intro inicial de su segundo y, hasta la fecha, último álbum, Legacy, para enlazarla con la épica “Haar”. Hubo un pequeño desconcierto durante la canción a causa de problemas técnicos que se pudieron resolver rápidamente. Los primeros compases lentos de “Replica” sirvieron para coger carrerilla progresivamente hasta su cambio de ritmo, desatando la locura a golpe de headbanging. La banda estuvo en todo momento moviéndose de arriba abajo y dándolo todo.
Continuaron con la presentación del disco Legacy con “Source” y “Wraith”, con el cantante Andy Robison diciendo entre risas que era demasiado temprano para el rock. Es una lástima que, en una banda donde los teclados tienen un papel muy destacado, hubiese muchas partes pregrabadas para dar más libertad de movimiento al cantante y teclista. A su favor hay que decir que la voz está a la altura de los discos y la música es compacta y sin fisuras.
Ihlo nos regaló a continuación “Starseeker”, de su álbum debut Union, que tiene un final apoteósico y una frase lapidaria que pone los pelos de punta: “We die alone”. “Cenotaph” aumenta la exigencia técnica de la banda con una de las mejores canciones del disco Legacy.
Andy Robison contó que actualmente están haciendo gira con Leprous y que su show terminaba con la siguiente canción, “Union”, de su primer disco homónimo. Sin embargo, para el Midwinter Prog Festival tenían tiempo para una canción adicional: “Legacy”. Para esta última canción la banda invitó a Roman Jeuniax, que también participó en la grabación de este tema con su guitarra y su voz gutural, que daba un contrapunto a la suave voz de Andy Robison.
Ihlo cerró su participación en el festival con un notable alto; se nota que es una banda joven y que aún tiene un largo recorrido por delante, y no porque personalmente me faltasen grandes canciones de su primer disco como “Hollow” o “Coalescence” (¡que también!). Musicalmente su ejecución es casi perfecta, pero en una banda en la que los coros son un apoyo fundamental a la voz de Andy Robison, en directo estos resultaron inapreciables y lo dejaron solo.
Green Carnation impone experiencia y profundidad emocional
De la juventud de Ihlo pasamos a la experiencia de Green Carnation. La banda noruega, a pesar de mostrarse más estática que su predecesora (¡la edad también es un factor!), lo compensa con un sonido que inunda todo el espectro sonoro. El grupo sonó perfectamente de inicio a fin, con unos coros muy bien equilibrados con la voz principal de Kjetil Nordhus.
Green Carnation comenzó con “As Silence Took You”, tema que inaugura su último lanzamiento, A Dark Poem Pt. I, que analizamos en Stairway to Rock. La pieza, cargada de fuerza, hizo vibrar a los asistentes. Los noruegos continuaron con el orden del disco con “In Your Paradise”, acompañada de imágenes de desastres naturales en la pantalla que presidía el escenario.
La banda se saltó “The Slave That You Are” para tocar “Me, My Enemy”, en la que se vio el lado más melancólico e incluso depresivo de Green Carnation, con frases tan dolorosas y cercanas como “I’m not living, I’m just alive”. Le siguió el último tema del disco: los casi diez minutos de “Too Close to the Flame”, que contiene la esencia pura de Green Carnation.
En este momento, Nordhus nos avisó de que haría en directo algo que no había hecho nunca y se dispusieron a rescatar “The Slave That You Are”, un tema que roza el metalcore y en el que el cantante usó voz gutural. La ejecución de esta voz en directo fue algo floja: el volumen bajaba notablemente y, en ocasiones, se tocaba la garganta, dejando claro que no se encuentra del todo cómodo con ese timbre, lo que explicaría por qué se dejó para después.
El concierto terminó con el estreno, por primera vez, del nuevo single de su próximo disco, A Dark Poem Pt. 2, titulado “Sanguis”. Una canción en la que también se incorporan voces guturales y que augura que mantendrá el nivel de la primera parte.
Pure Reason Revolution vuelve a sus origenes con el 20º aniversairo de su primer ábum
La banda británica Pure Reason Revolution ha iniciado hace poco una gira especial para conmemorar el 20º aniversario de su primer álbum, The Dark Third, y además lo hace con la cantante de la formación original, Chlöe Alper. Y sí: revolucionaron la sala (a nivel de Europa del Norte, tampoco nos pasemos).
La puesta en escena fue magnífica: una luz roja inundando el escenario mientras “Aeropause” se sostenía sobre las voces de todos los músicos. Siguieron el orden del álbum, casi sin pausas entre canciones, y con una ejecución impecable; “Goshen’s Remain” finalizó con un bello ostinato a cuatro voces, “Apprentice of the Universe” aportó un punto retro, “The Bright Ambassadors of Morning” se tiñó de luz rosada y, finalmente, subieron revoluciones con una luz frontal que los iluminó.
El ritmo subía y bajaba constantemente, tal y como nos tiene acostumbrados PRR. “Nimos and Tambos” aumentaron la adrenalina de la banda para después hacernos descansar momentáneamente con “Voices in Winter”, que acaba otra vez arriba del todo. Sin tiempo para digerir todo lo que estábamos escuchando, viendo y sintiendo, pusieron la directa para enfilar los últimos temas de su álbum debut con “Bullits Dominae”, “Arrival” y “He Tried to Show Them Magic”, que cuenta con otro ostinato magnífico.
Chlöe salió del escenario para que la banda tocase lo que dijeron que era la última canción del concierto, la sinuosa pero implacable “Ghosts & Typhoons”. Pero todavía hubo tiempo para que la cantante volviese para deleitarnos a todos con “Deus Ex Machina” y “Fight Fire”, que culminaron un gran concierto donde la música fue el centro de todo.
Personalmente me hubiese gustado un poco más de complicidad de la banda con el público, pero también me agradan los conciertos donde la banda prefiere ceder todo el protagonismo a sus melodías. Aunque en algunos momentos se les vio un poco estáticos (menos Chlöe, que no paraba de bailar), con el paso de los minutos se fueron relajando, moviéndose más y disfrutando de su brillante actuación.
Puro Art Rock de la mano de Gazpacho
Desde Stairway to Rock teníamos muchas ganas de ver a Gazpacho en el escenario, en lo que fue la presentación oficial de su último álbum, Magic 8-ball, el cual analizamos con detalle.
El comienzo fue un tanto extraño: los músicos estaban acabando de realizar los preparativos y Jan-Henrik Ohme se dirigió al público anunciando que tenían problemas técnicos y dándonos las gracias por la comprensión.
Con apenas cinco minutos de retraso empezaron el concierto de forma un poco tímida. La segunda pista de su último álbum, “We Are Strangers”, fue la escogida para abrir el concierto, con la portada del disco en movimiento en la pantalla gigante, dando la sensación de ser un cuadro vivo. El Midwinter Prog Festival fue el escenario escogido para tocar en directo, por primera vez, el álbum Magic 8-ball.
Con cierta amargura pero también con un ápice cómico, Jan-Henrik nos contó que estuvieron a punto de cancelar el concierto no una, sino dos veces. La primera fue porque, por si no nos dimos cuenta, el bajista Kristian Torp se había quedado en Oslo. Pero, para sorpresa de todos, le hizo una videollamada y pudimos escucharle saludarnos. Kristian tuvo tiempo de grabar la pista de bajo para que la pudieran usar durante el concierto.
El segundo momento en que estuvieron a punto de cancelar el show fue cuando se dieron cuenta de que los auriculares de retorno se habían quedado en Oslo, pero por suerte una empresa local les cedió unos para que los usasen.
El concierto continuó con la misteriosa y vaporosa “Soyuz One”. Mikael Krømer dejó momentáneamente la guitarra para iniciar la melodía de “Golem” con el violín, siempre con el respetuoso silencio del público, que reverenciaba así la majestuosidad de la banda.
“Gingerbread Men” fue la definición perfecta de art rock, en el que los asistentes disfrutaron de un lienzo vivo donde las imágenes de la pantalla se iban entrelazando en perfecta armonía con la música.
La grotesca y circense “8-ball” dio un toque de color y luz, mientras que la delicada “Upside Down”, del disco Night, nos tocó el alma. En esta última canción se mezclaron imágenes de lluvia, escenas nocturnas y paisajes casi desérticos, dotando de una belleza adicional a las melodías que nos brindaban.
La imagen en pantalla de Richard “Beebo” Russell, un trabajador de tierra que robó un Bombardier Q400 y lo pilotó sin haber volado nunca hasta estrellarse en una isla desierta, estuvo presente durante toda la canción “Sky King”, que rinde homenaje a este hombre que llegó a ser tachado de terrorista.
Gazpacho nos ofreció para finalizar las tres partes de la canción “Tick Tock”, que en total suman 23 preciosos minutos y mantuvieron al público con total atención ante la obra de arte que estaba aconteciendo delante de sus ojos.
Realmente, la propuesta de Gazpacho trasciende la música para ofrecer un espectáculo audiovisual que dejó huella en lo más profundo de todos los asistentes.
Leprous juega en otra liga
Y, por fin, llegaron los chicos de Leprous. Un grupo que, aunque pasa por tu ciudad más cercana muy a menudo, sabes que nunca decepciona. Y esta vez tampoco nos equivocamos. El concierto se podría resumir en un 10/10 y, si hubiese durado media hora más, sería un 11/10.
Es una de esas noches donde todo fluye a la perfección, con un Einar Solberg en estado de gracia que lo borda todo e incluso se permite dar más; con el caos estructurado de Baard Kolstad a la batería, custodiado por un gran Simen Børven al bajo; liderado por las guitarras de Tor Oddmun Suhrke y Robin Ognedal; y con el apoyo de Harrison White, que libera las manos de Einar para poder moverse libremente por el escenario.
La banda entonó los primeros compases del concierto con uno de sus singles de su último LP, “Silently Walking Alone”, llenando de luz a continuación con la gran “Illuminate”. La banda siguió con “Below”, donde Einar nos regaló un grito extra en una de las mejores piezas de Pitfalls.
Einar explicó al público que durante la última gira en Canadá hicieron una pausa para participar en las sesiones Musora, donde les propusieron el reto de versionar en un día y con su estilo un gran hit, curiosamente de otra banda noruega: A-hà. El resultado de “Take On Me” está a la altura de la versión original. Después de la gran ovación, Einar bromeó diciendo que nos había visto cantar una canción pop, por lo que no podíamos quejarnos de que Leprous haga canciones pop.
En “Alleviate”, Leprous mostró su lado más vulnerable, explicando cómo afrontan los problemas que son difíciles de resolver. Einar se mostraba cada vez más locuaz y contó que “The Price” es una canción que han tocado miles de veces, no sólo en los conciertos sino también en las pruebas de sonido, y ya no les emocionaba tanto, pidiendo al público que les hiciera volver a sentir de nuevo ese sentimiento.
El teclado de Harrison White introdujo, con una melodía tenebrosa e incluso inquietante, “Like a Sunken Ship”. Siguiendo con la verborrea de Einar, este preguntó al público qué consideraban como música prog, ya que el festival era de este género. Uno de los espectadores respondió que principalmente eran los tempos raros. Entonces dieron a escoger entre cuatro canciones proggy del álbum Bilateral: “Acquired Taste”, “Mb. Indifferentia”, “Restless” y “Forced Entry”, escogiendo el público esta última. Einar dijo entre risas que preferíamos las canciones largas más que los tempos raros. No hay palabras para describir la espectacularidad de “Forced Entry”.
Tal y como hicieron en la anterior ocasión, nos dio a escoger entre cuatro canciones del disco Congregate: “Rewind”, “Slave”, “The Flood” y “Third Law”. En este caso, la sala gritó mayormente las dos primeras, aunque se decantó más por la inconmensurable “Slave”. El concierto enfilaba la recta final con “Distant Bells” y la imprescindible “From the Flame”, con un público totalmente entregado a los noruegos.
Tras una breve pausa, Leprous volvió al escenario para deleitarnos con “Atonement” y la outro de “The Sky Is Red”, con la que se ponía punto y final a un memorable concierto y con la que también concluía el Midwinter Prog Festival, dejando al público irse con una sonrisa de oreja a oreja.
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