Lecturas universales: Veinticuatro horas en la vida de una mujer (Stefan Zweig)

Otra de las cosas que más ilusión me hacía de empezar esta web, es poder traer lecturas que hemos denominado “universales”. Y es que realmente así lo son, libros que se escribieron hace más de 100, 50 años y siguen a la orden del día. Podéis ser más o menos bibliófilos, pero lo cierto es que hay ciertos libros que te cambian la vida. En mi caso no fue este libro que os traigo hoy, pero sí fue mi primera inmersión con el universo de Stefan Zweig y fue “Novela de Ajedrez”. Quizá su obra más notable y la última que se publicó estando en vida… Si no contamos las que se publicaron a título póstumo.

 

Realmente la historia de su vida es apasionante y esta pasión que ahora nombro fue con la que él llevó su existencia hasta el último día. Por desgracia le tocó vivir la época del auge del fascismo a finales de los 30 y principios de los 40 y me imagino que el odio debió ser tal que él y su mujer se suicidaron viendo el cariz que estaban tomando los acontecimientos en 1942.

 

“Novela de Ajedrez” se merece que hable de ella algún día con mimo, pero hoy os traigo otra de sus obras extensamente reconocida y que es una breve historia a la que ciertamente podéis darle una oportunidad una tarde de domingo, . Aviso que es cautivadora y está repleta de emociones profundas. Os atrapará de principio a fin.

 

Veinticuatro horas en la vida de una mujer cuenta con su habitual habilidad de relatar cada detalle al milímetro las experiencias de su protagonista durante un día del pasado con recuerdos que le evocan cierta vergüenza, y que a medida que avanzamos en la narración se van transformando en liberación, comprensión y compasión. Historia memorable, repletos de belleza, a veces sorprendentes, intensos y con momentos duros, que logran conmoverte y despertar emociones. Realmente hubo ocasiones en los que conecté tanto con la historia, que incluso me sentí entristecida o enfadada. El arte también está en convertir en esta historia, ciertamente inverosímil, en algo en lo que adentrarse de forma consciente.

 

Esta breve narración me vuelve a reencontrar con el estilo único de Zweig, que mezcla la simpleza con la riqueza en el vocabulario a la vez que mantiene una pulcritud y una atención al detalle al que sólo llegan algunos pocos como él.


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