Freedom Call: Crystal Empire: 25 años de la consolidación del happy metal europeo

Crystal Empire

22 de enero de 2001

Steamhammer

Cuando Crystal Empire se publicó el 22 de enero de 2001, el power metal europeo vivía una encrucijada silenciosa. El género había conquistado una identidad propia durante los años noventa, especialmente en Alemania, pero empezaba a mostrar signos de agotamiento creativo. Bandas como Helloween, Blind Guardian o Gamma Ray ya habían establecido los códigos: velocidad, épica, melodías luminosas y una imaginería fantástica que funcionaba tanto como evasión, tanto como declaración estética.

 

Pero era un poco “más de lo mismo”. En ese contexto, Freedom Call no irrumpieron como revolucionarios, sino como artesanos convencidos de la pureza del género, dispuestos a reivindicar sin complejos la vertiente más optimista y grandilocuente del metal melódico. Lo que yo siempre he denominado el “metal buenrollero”, no sé si me seguís.

 

Freedom Call se formaron en Núremberg en 1998 alrededor del vocalista y guitarrista Chris Bay, acompañado inicialmente por Daniel Zimmermann (batería), Ilker Ersin (bajo) y Sascha Gerstner (guitarra). Desde el principio, la banda tuvo clara su misión: recuperar la esencia más positiva del heavy y el power metal, huyendo deliberadamente del cinismo y la oscuridad que dominaban gran parte de la escena metalera a finales de los noventa.

 

Chris Bay lo explicaba sin rodeos en una entrevista concedida a Rock Hard (2001) poco después del lanzamiento del disco:

 

“Nunca entendí por qué el metal tenía que ser siempre oscuro o negativo. Para mí, el metal también puede ser luz, esperanza y alegría. Crystal Empire es exactamente eso”.

 

Esa declaración resume el espíritu del álbum. Freedom Call, quienes ni ocultaban ni disimulaban sus influencias —Helloween, Gamma Ray, Iron Maiden—, hacían de Crystal Empire una afirmación ideológica: el power metal melódico sigue vivo y no hay que pedir perdón por ello. Incluso, un cuarto de siglo más tarde, Crystal Empire se mantiene como uno de los discos más representativos del power metal alemán de principios de los dos mil, no por su audacia, sino por su honestidad. Es éste un álbum que no pretendía reinventar nada, pero sí recordar por qué ese sonido seguía teniendo sentido cuando el metal extremo, el nu metal y otras corrientes más agresivas copaban titulares y ventas.

 

El disco

El álbum fue grabado en los House of Music Studios y producido por Charlie Bauerfeind, un nombre clave en el sonido del power metal alemán, responsable de trabajos para bandas de la talla de Blind Guardian, HammerFall o Helloween. Su participación fue decisiva para dotar al disco de una producción limpia, poderosa y extremadamente pulida, acorde con los estándares del género en ese momento.

 

Bauerfeind comentaba en Metal Hammer Germany en 2001:

 

Freedom Call tenían muy claro lo que querían: un disco grande, épico y melódico, sin artificios modernos. Mi trabajo fue asegurar que cada coro sonara tan grande como ellos lo imaginaban”.

 

Esa claridad de ideas se refleja en un disco que, apuesta por estructuras clásicas, estribillos coreables y una instrumentación que prioriza la melodía por encima de la complejidad técnica. No hay aquí alardes progresivos ni experimentos forzados; Crystal Empire suena exactamente como Freedom Call querían que sonara.

 

Desde su portada —una ciudad cristalina suspendida en un cielo irreal—, el disco deja claro que su universo conceptual se sitúa en el terreno de la fantasía épica, aunque sin una narrativa cerrada. Más que contar una historia concreta, Crystal Empire construye un estado de ánimo, una sensación de elevación constante. Lo que os decía más arriba, “buenrollismo” de la primera a la última canción.

 

La crítica especializada fue consciente de ello desde el principio. En su reseña original, Metal Hammer (2001) escribió:

 

Crystal Empire no busca sorprender; busca convencer. Y lo logra gracias a una colección de himnos de power metal puro, sin complejos ni ironía”.

 

Esa ausencia de ironía fue, para algunos, su mayor virtud; para otros, su principal limitación. Pero incluso las críticas más tibias reconocieron la solidez del trabajo. Kerrang! señaló en su edición europea de 2001:

 

Freedom Call no reinventan el género, pero lo ejecutan con una convicción que muchas bandas más veteranas parecen haber perdido”.

 

En términos comerciales, Crystal Empire funcionó razonablemente bien para una banda joven. No fue un superventas, pero consolidó a Freedom Call como una realidad dentro del circuito europeo, especialmente en Alemania y países como España, Italia o Francia, donde el power metal mantenía una base de seguidores fiel.

 

La revista española Heavy Rock (2001) destacó en su crítica:

 

Freedom Call demuestran que el power metal puede seguir siendo épico y emocionante sin caer en la autoparodia”.

 

Sin embargo, también hubo voces críticas que acusaron al grupo de exceso de dulzura. Terrorizer (2001), más centrada en sonidos extremos, fue menos benévola:

 

Crystal Empire es tan luminoso que a veces roza lo empalagoso, aunque nadie puede negar la calidad de su ejecución”.

 

Esa dicotomía acompañaría a Freedom Call durante toda su carrera: amados por quienes buscaban evasión y melodía, cuestionados por quienes reclamaban mayor riesgo o agresividad.

 

Con el paso del tiempo, Crystal Empire se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales de la discografía de Freedom Call. No solo porque contiene algunos de sus temas más emblemáticos, sino porque define un sonido y una actitud que la banda mantendría, con matices, en trabajos posteriores como Eternity o The Circle of Life.

 

Chris Bay reflexionaba sobre el álbum años después, en una entrevista para Powerplay Magazine:

 

“Cuando miro atrás, Crystal Empire sigue representando lo que somos. Tal vez hoy haríamos algunas cosas de otra manera, pero la esencia seguiría siendo la misma”.

 

Veredicto

Si nosotros miramos el álbum desde la perspectiva actual, en 2026, Crystal Empire no suena moderno, ni pretende hacerlo, ni falta que hace. Y creo que esa es también la magia que nos embarga cuando reescuchamos discos que tienen ya 25 años. Ciertamente, su producción, sus coros y su estética pertenecen claramente a una época concreta, pero eso no ha jugado en su contra. Al contrario: el paso del tiempo ha reforzado su condición de documento representativo de una era del power metal europeo.

 

Los artífices, Freedom Call, levantaron su imperio de cristal sin cinismo, sin dobleces y sin miedo al ridículo. En una escena que, en los dos miles, era cambiante, industrial, y ciega por la búsqueda de lo innovador, y que, a menudo, se tomaba demasiado en serio las cosas, Crystal Empire aparece como una declaración de principios que, un cuarto de siglo después, sigue brillando con la misma intensidad: el poder del metal melódico puede redimirnos y esperanzarnos para seguir hacia adelante.

 


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