75/100
20 de marzo de 2026
Napalm Records
Las huestes de Gary Holt regresan cinco años después de su último trabajo con este Goliath, su duodécimo álbum de estudio (excluida una regrabación cuyo nombre no pronunciaré aquí). ¿Tendrá los pies de barro este gigante o podrán los californianos pararse sobre sus hombros? Veámoslo.
Algunas cosas no cambian, comenzando por la portada, nuevamente a cargo de Pär Olofsson, quien ha sometido al gigante Goliat —personaje de origen bíblico, como el nombre de la banda— a un filtro de body horror ochentero. Para mi paz de espíritu, esta imagen anticipa thrash metal y violencia. Pero hay otras cosas que sí han variado en Exodus. Nuevo mezclador (Mark Lewis, siendo el bajo el que más se ha beneficiado: Jack Gibson suena tremendo) y “nuevo” cantante. La segunda venida de Rob Dukes me recuerda bastante a la primera. Aunque el hombre de la cara cortada merece todos mis respetos, es difícil reemplazar a una de esas voces que, precisamente por entrar en la categoría de “las amas o las odias”, tiene muchísima personalidad. Sucede además que, como aconteciera con Shovel Headed Kill Machine, el bueno de Dukes tiene el papelón de tomar el relevo de Steve “Zetro” Souza tras dos discos espectaculares con este al frente (Persona Non Grata y Tempo of the Damned; quizás los mejores álbumes de Exodus desde que finalizaron los años ochenta).
Dicho esto, el thrash va de riffs y de riffs Exodus va sobrado. Cumplen con la cuota que de ellos se espera, extrayendo un buen número del Manual de Introducción al Thrash cuya primera edición ellos mismos (co)escribieron hace más de cuarenta años. El primer adelanto y canción de apertura, «3111» (número de muertes por la violencia de los carteles en Juárez en el año 2010) fue una declaración de intenciones en este sentido, y está bien escoltada por temas como «Promise You This» (mi favorita del álbum, bailonga y pegadiza, destinada a hacer las delicias de quienes la vivan en directo en un circle pit), «Two Minutes Hate» (reminiscente de su ya clásica «Blacklist»), «Beyond the Event Horizon» o «The Dirtiest of the Dozen» (cuyo duelo de solos de guitarras y de bajo supone un gran cierre para el disco). El problema es que ninguna de estas canciones termina siendo excesivamente memorable, especialmente si las comparamos con las que más brillan en su amplia discografía. Puede que, por ello, este álbum no cumpla con las expectativas de quienes sí vieron satisfecha su dosis de metadona con la oferta de puro thrash marca Exodus en la que sí se centraba su álbum anterior.
Lo que sucede es que Goliath es consciente de ser una bestia de distinto pelaje a Persona Non Grata. Las alarmas de quienes quieren más de lo mismo deben encenderse con sólo atender a la letra de una de las canciones de corte más clásico ya mencionadas, «Beyond the Event Horizon». No hallaremos allí crítica social, adicciones u odas al mosh pit: como si de Wormed se tratara, nos habla Exodus de ser engullidos por el horizonte de sucesos de TON 618, un agujero negro supermasivo cerca de la frontera de la constelación de Coma Berenices. Para bien o para mal, y ya musicalmente hablando, las restantes cinco canciones del álbum se alejan del patrón ochentero y suponen, en algún caso, verdaderas experimentaciones.
El álbum contiene dos escarceos noventeros: «Hostis Humani Generis», en la que se declaran enemigos de la humanidad desprendiendo cierto aroma a Sepultura y, especialmente, «Violence Works», con un shredding muy panteril. También vuelven a ponerse un traje de Vektor, como ya hicieran en un par de temas de su anterior álbum, para demostrar que se puede componer una buena canción de thrash que vaya progresando hasta rondar los ocho minutos de duración («Summon of the God Unknown»). Las más inusuales son, no obstante, las dos canciones que vienen con colaboración.
Peter Tägtgren (Hypocrisy, Pain) aporta su voz en “The Changing Me”, donde nos encontramos a unos Exodus muy melódicos, en una línea similar a lo que últimamente vienen ofreciendo Kreator. Un tema en el que Dukes ofrece todo lo que tiene, que no es poco, y donde Holt y Lee Altus hacen lo propio, que es más todavía. Se une a la fiesta, también al micrófono, el batería Tom Hunting (quien, recordemos, fue el primer cantante de la banda en sus muy primigenios días). Escuchar en toda su extensión al único miembro fundador que sigue en Exodus tras superar su cáncer debe ser motivo de alegría para todos.
Y llegamos así a la otra canción con músico invitado. El gigante en la habitación. Tema título, segundo adelanto del disco y la canción menos representativa de Exodus en general y de Goliath en particular: «Goliath». ¿Audacia o temeridad? Habrá opiniones para todos los gustos. Personalmente, tenía muchas ganas de escuchar qué nos ofrecían con Katie Jacoby (violinista de gira de The Who, entre otras bandas). Ingenuo de mí, conociendo la interesante versión que hace unos años publicó Jacoby del «Feel the Fire» de Overkill, me esperaba en «Goliath» un thrash prototípico con violines. Pero ni yo ni nadie vimos venir a Exodoom. La canción es pesada, en toda la extensión de la palabra. Como experimento me parece interesante. Cuestión distinta es que, partiendo en dos el disco y con tantos focos sobre ella, «Goliath» pueda condicionar la valoración de Goliath, que es un álbum de thrash mucho más ágil de lo que su canción homónima sugiere.
En definitiva, estamos ante un disco disfrutable, que se sitúa cómodamente en la zona media de la discografía de estos titanes de la Bay Area. La última canción de Goliath, cuyo título es un guiño a la película de Robert Aldrich (The Dirty Dozen, 1967), contiene una letra autobiográfica y dice presentarnos al más sucio de la docena. En principio, se refiere a este nuevo álbum. Y no lo es. Exodus tiene discos más sucios, y probablemente por ello, mejores, que Goliath.
Ahora bien, aprovechando para resucitar el sempiterno debate sobre la ausencia de Exodus en el Big Four del thrash, si de cuatro ampliamos a doce los nombres legendarios, es innegociable que Exodus tiene plaza reservada. También dudo que fuera el más sucio de esos doce, pero a diferencia de alguno de ellos (es fácil mirar a aquel en el que milita su cofundador y exguitarrista Kirk Hammett), con Goliath demuestran que no merecen ser enviados al patíbulo todavía.


Doctor en Derecho, licenciado en Ciencias Políticas, novelista especializado en fantasía y bajista en excedencia. Apasionado del metal en todas sus formas, debuto como redactor musical en Stairway to Rock.
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